El número que espera el Gobierno puede desatar la interna más caliente en La Libertad Avanza
Un dato económico que se conocerá en pocos días puede confirmar la peor etiqueta para el Gobierno. Adentro del oficialismo ya hay quienes piden aflojar, y una figura empieza a marcar cada vez más la diferencia.
El 20 de este mes se conocerá el EMAE, el índice que mide la actividad económica. En el Ejecutivo dicen que no lo aguardan con ansiedad, pero lo cierto es que ese dato puede confirmar algo que incomoda: que la Argentina entre técnicamente en recesión tras dos trimestres consecutivos en rojo.
Para el oficialismo no sería una catástrofe si el fenómeno no se extiende en el tiempo. Sin embargo, le entrega a la oposición una etiqueta formal que hasta ahora no tenía: colgarle a Javier Milei el cartel de "recesivo". El argumento sería simple: tu plan es recesivo.
El punto no es la oposición, que previsiblemente cuestiona el rumbo económico. El problema es otro: las divergencias empiezan a asomar puertas adentro del Gobierno. No por los sectores que funcionan, sino por los que no. Al promediar todo —aun traccionando al campo, la minería y el petróleo— el resultado da dos trimestres negativos. Si se confirma, la etiqueta de "economía argentina en recesión" queda pegada. Solo un milagro de crecimiento del 8% en la última medición lo evitaría. Imposible.
El pan de piedra: la metáfora con la que Milei responde
Frente a ese escenario, una parte del oficialismo, con muchos aliados políticos y Patricia Bullrich como mascarón de proa, se pregunta si se pueden hacer variaciones, si se puede aflojar un poquito la rigurosidad del equilibrio fiscal. Como decía Bilardo, el peor resultado es perder.
Esos sectores —no la oposición previsible, sino los de adentro o los aliados— sostienen que hay que introducir cambios porque el riesgo es estrellarse contra una pared llamada balotaje.
A ellos les habló Milei en sus últimas apariciones. En Neuquén, al inaugurar una iglesia evangélica, recurrió a una metáfora bíblica: Jesús en el desierto, cuarenta días sin comer, y la tentación de Satanás, que le ofrecía convertir las piedras en pan a cambio de adoración.
"Cuando Satanás tentó a Jesús, hambriento en el desierto, le sugirió que convirtiera las piedras en pan. De aceptar, Jesús habría saciado su hambre, pero al mismo tiempo habría usado su poder por fuera de la voluntad de Dios. El demonio posteriormente le ofreció todos los reinos de la tierra a cambio de que se arrodillara ante él, a lo que Jesús nuevamente se negó. De esta manera, vemos cómo el maligno ofrece siempre gratificación instantánea, poder y lujos, pero esto siempre tiene un precio, que es la pérdida del alma", dijo el Presidente.
Traducido: donde dice "maligno", léase "populismo". El pan de piedra es la emisión monetaria, según aclaró el propio Milei. Con esa y otras metáforas de la mitología griega, el mandatario le habla al frente interno y les dice que no se va a mover del plan. Libertad o vuelta al populismo y a la decadencia.
¿Plan platita o no?
En Santa Fe, Karina Milei habló por primera vez y pronunció una palabra poco habitual en los hermanos Milei: pymes. Juntó a empresas grandes con proveedores locales para que se conozcan. ¿Es que empieza a comprender que hay un problema en la actividad industrial o es una golondrina que no hace verano?
Cuando se refuerzan los subsidios a las compañías de colectivos para que no suban los boletos, ¿se está avivando de que hay que recuperar algo del salario? Cuando se dice que podrían acelerarse algunas obras concesionadas para incentivar la construcción, ¿alcanzará con módicas cantidades de incentivos y algunos créditos que quieren agilizar?
Todo ese paquete, ¿vale o se considera plan platita? Milei diría que no y los economistas técnicamente también. Pero hay una parte del Gobierno que, a regañadientes, intenta convencerlo de que hay que hacer algo para reactivar lo que no funciona. Entre esas personas, cada vez más, aparece Bullrich.
La economía condiciona los armados políticos
La economía también mueve las fichas de la política. Se está empiojando la idea de suspender o eliminar las PASO. Los gobernadores con terminales en Diputados y en el Senado miran de reojo si al Gobierno le va bien en la economía. Sus propias ciudadanías les piden cuentas y les reprochan que apoyan un plan que los perjudica. Están orejeando.
Además, el Ejecutivo quiere instalar que tal vez puede ir solo, sin dejarles las listas libres a los gobernadores, poblando de violeta los casilleros en las provincias. Todavía no se resigna a decir: "Ok, gobernadores, hagan el armado ustedes".
Como eso no sucede, la suspensión o eliminación de las PASO, sumada a una economía que no termina de caminar, enturbia los acuerdos. Macri ya dijo hace pocos días que están recontra frías y que no se avanzó nada en ningún acuerdo político.
Bullrich, la relación que se intoxica
La senadora viene escalando sus diferencias con el Ejecutivo. La Organización Mundial de la Salud indica que hasta una divergencia por semana es saludable; dos o tres ya es intoxicación. Y el que se estaría intoxicando es Milei. Y Karina Milei.
Para marcarle la cancha, ya se debate una idea: que avance en el Senado la neuquina Nadia Márquez, que la reemplazaría en la jefatura del bloque de La Libertad Avanza. Correrla de ese lugar de liderazgo y tanta visibilidad. La semana pasada Martín Menem ya había marcado la cancha: "Hay un solo candidato acá, no hay dos candidatos".
¿Qué pasa con esta relación? ¿Están condenados a estar juntos? Depende de cómo se sientan y de cómo vaya la economía. Bullrich no se cansa de mandar mensajes dejando entrever que en marzo o abril va a decidir algo. Qué, no se sabe. Pero es una relación que se está deteriorando.
Cristina y el título que nació muerto
Cristina Kirchner cruzó el río: dio una entrevista al Washington Post y dijo: "Si se dieran las condiciones judiciales, yo estoy; me puedo presentar en 2027". Ese fue el título del diario. El resto de la entrevista no. Y ese título, en particular, nació muerto.
¿Por qué? Porque la nota se hizo antes de que la agencia EFE dialogara con la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Y la Comisión dijo que no tiene pensado dar ya una opinión sobre esto, que incluso puede tardar años. Le pincharon el globo a la potencial candidatura. Además, no era vinculante para la Justicia argentina.
Cristina dijo otras cosas sorprendentes. La más importante: que durante el Gobierno de Alberto —que no es el de ella, según su lectura— se rompió la cultura del trabajo. Habló de un trabajador que hace 8 o 10 horas, tiene un jefe que lo cambia de lugar, vuelve muerto a la casa y tiene un vecino que cobra un plan social. Eso enemista y genera un problema horizontal: bronca de vecino a vecino.
Es decir, Cristina descubre ahora que se destruyó la cultura del trabajo con subsidios, planes y falta de empleo genuino. También Néstor I, Cristina I, Cristina II, Alberto Fernández: dieciséis años.
Y después otra frase singular: que es muy difícil gobernar la Argentina donde hay un 50% de la población que quiere desaparecer al otro 50%. Va más allá: dice que estudia chino y que le interesa la filosofía del yin y el yang porque están articulados, no quieren destruirse mutuamente. "Está el yin, que es el Partido Comunista. El yang te lo debo", ironiza. Y la 125, ¿qué fue? Una pala para ahondar la grieta.
Cristina suelta frases que tienen poco que ver con lo que ejecutó cuando estaba. Lo importante es que quiso marcarle la cancha al resto del peronismo con una frase: estoy, soy elegible.
La frase chiquita de Kicillof
Axel Kicillof se animó por primera vez a pronunciar una frase chiquita que en su boca luce gigante. Hablando del mecanismo para elegir candidato, empezó a desafiarlo: "Yo creo que efectivamente en el peronismo hay diferentes líneas, lo cual es lógico. Estamos discutiendo muchas cosas. Pensamos en lo general, que tenemos que ir para un lugar. ¿Cómo hacerlo? Hay diferencias. Bueno, a mí me parece que lo mejor es que lo decida la gente".
Decir públicamente que no es el dedo de Cristina, sino que lo elige la gente, es una novedad política enorme. Y hay que mirar quién lo dice: para Cristina, Kicillof es su hijo político, salido de su vientre, amamantado después de los centros de estudiantes, hecho ministro y gobernador. Lo mismo dice La Cámpora. Ergo, es un traidor que ahora no quiere el dedo de Cristina.
Esto les duele especialmente a Cristina y a Máximo, que sí charlan de geopolítica con Massa, que se saca fotos con ella, que le lleva palmeritas y medialunas. Ambos estuvieron con el consultor de Lula. Pero ella sabe que Massa no es confiable ni tampoco de ella. Como tampoco era de ella Alberto; pero sí, en cambio, Axel. Y ahora no quiere mi dedo.
Moraleja: la unidad del peronismo todavía no está garantizada. Pero la novedad es otra: lo que pasa con Patricia Bullrich y cómo se descompone la relación con Milei muestra que tampoco está garantizada la unidad del cuadrante de centroderecha y derecha. Incertidumbre.