El nuevo plan de Trump que podría enviar cubanos deportados a Uruguay
¿Sabías que Uruguay podría ser el próximo destino de cubanos deportados por Trump? Las negociaciones secretas que cambiarían el mapa migratorio.
El gobierno de Donald Trump negocia con Uruguay para que el país sudamericano reciba a cubanos deportados desde Estados Unidos. Miles de personas ya fueron enviadas a México y África, pero ahora buscan un destino más cercano.
Fuentes de ambos países confirmaron que el Departamento de Estado, liderado por Marco Rubio, mantiene conversaciones con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay desde hace meses. Uruguay necesita trabajadores migrantes y busca ganarse el favor de la administración Trump, según un alto funcionario uruguayo.
La estrategia antimigrante de Trump ya deportó a 6000 cubanos a México y otros a países africanos como Esuatini y Sudán del Sur. Ahora, Uruguay aparece como una opción más estable, aunque las condiciones en la isla se agravan por el bloqueo económico que impide la llegada de petróleo.
¿Por qué Uruguay aceptaría?
Con 3,4 millones de habitantes, Uruguay tiene una política migratoria abierta y una población envejecida que necesita mano de obra. El ministro del Interior, Carlos Negro, recordó que el país nació como destino de inmigrantes. El año pasado, casi 24.000 cubanos solicitaron asilo allí, según la ONU.
El gobierno uruguayo busca regularizar a los migrantes para que accedan a trabajo y servicios sociales. Algunos funcionarios estadounidenses creen que esto evitaría que los deportados intenten regresar a EE.UU.
Un acuerdo escrito podría no mencionar explícitamente a los cubanos, pero en la práctica serían el foco. También se discute la reunificación familiar, ya que muchos cubanos en EE.UU. tienen parientes en Uruguay.
El riesgo de las deportaciones masivas
La Ley de Ajuste Cubano de 1966 permitía a los cubanos obtener residencia rápida, pero Trump ha bloqueado esas vías. Unos 600.000 cubanos están en riesgo de deportación, según María José Espinosa, del Center for Engagement and Advocacy in the Americas.
Ada Ferrer, historiadora de Princeton, señaló: “Hubo un tiempo en el que no perseguían a los cubanos, pero ya nadie cumple esa ley”. Yael Schacher, de Refugees International, calificó todos los planes como “malas opciones”, aunque Uruguay sería “la opción menos mala”.
Sin embargo, la vida en Uruguay no es fácil: es caro y muchos cubanos trabajan como repartidores, conductores de Uber o guardias de seguridad, viviendo en pensiones.
El Departamento de Estado no hizo comentarios, pero reiteró su compromiso con “poner fin a la inmigración ilegal”. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay también declinó hablar.