El Niño se fortalece y el Gran La Plata entra en zona de tormentas: el dato que mira el SMN

Octubre arrancó con El Niño fortaleciéndose y los pronósticos marcando más humedad para el Gran La Plata. Pero lo que realmente miran los meteorólogos no es cuánto va a llover, sino cómo.

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El Niño se fortalece y el Gran La Plata entra en zona de tormentas: el dato que mira el SMN
El Niño se fortalece y el Gran La Plata entra en zona de tormentas: el dato que mira el SMN

Los organismos meteorológicos anticipan una primavera con más humedad que lo normal y episodios de lluvias intensas en La Plata, Berisso y Ensenada. El Servicio Meteorológico Nacional estima una probabilidad del 100% de continuidad de El Niño, con intensidad entre fuerte y muy fuerte.

Con octubre ya en marcha, en el Gran La Plata se instaló la preocupación por lo que viene: un escenario de precipitaciones por encima de los valores habituales para esta altura del año. La Plata, Berisso y Ensenada ingresan a una primavera en la que los pronósticos anticipan más humedad disponible y mayores chances de tormentas fuertes.

El fenómeno climático que se desarrolla sobre el océano Pacífico ecuatorial seguirá fortaleciéndose en los próximos meses. Los principales organismos meteorológicos internacionales prevén que alcance su máxima intensidad hacia fines de 2026.

Qué dicen los organismos internacionales

El SMN calcula para el trimestre septiembre-octubre-noviembre una probabilidad del 100% de que El Niño continúe, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también proyecta una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno persista hasta comienzos de 2027.

La NOAA, la agencia meteorológica de Estados Unidos, apunta en la misma dirección: una elevada probabilidad de que este episodio alcance una intensidad muy fuerte durante el segundo semestre de 2026. Para el trimestre octubre-diciembre, contempla incluso la posibilidad de que el indicador que mide la intensidad del fenómeno supere los 2,5 grados Celsius.

Por qué preocupa en el Gran La Plata

El problema no es que llueva durante toda la primavera. La atención está puesta en la combinación entre una mayor humedad disponible y la aparición de episodios de precipitaciones intensas. En una región con numerosos arroyos y sectores expuestos a anegamientos, el agua caída en pocas horas puede tener un impacto mayor que el acumulado de todo el mes.

Por eso, cada tormenta deberá analizarse teniendo en cuenta cuánto llovió en los días anteriores. El estado previo del suelo será clave: una sucesión de tormentas puede saturarlo y reducir su capacidad de absorber nuevas precipitaciones. Si después llega otro episodio intenso, una mayor cantidad de agua puede transformarse rápidamente en escorrentía superficial.

Noviembre y diciembre, los meses bajo la lupa

Noviembre aparece como un período de mayor atención. Para entonces, El Niño estará acercándose a su máxima intensidad y coincidirá con una etapa de la primavera en la que las tormentas pueden volverse más frecuentes e intensas. Los modelos muestran una señal húmeda más marcada sobre la Cuenca del Plata y sectores del centro y noreste argentino.

Diciembre concentra otra de las principales señales. Algunos análisis meteorológicos estiman para el Gran La Plata anomalías de precipitación del orden de 40 a 50 milímetros por encima del promedio mensual. Eso no significa que vayan a caer necesariamente esos milímetros adicionales: se trata de una anomalía proyectada y no de un pronóstico puntual.

Además, una misma cantidad de lluvia puede generar consecuencias muy distintas según el tiempo en que se produzca. No es lo mismo una lluvia de 50 milímetros repartida durante varios días que ese mismo volumen concentrado en pocas horas.

El antecedente de 2013 y el peso del Río de la Plata

La inundación del 2 de abril de 2013 aparece inevitablemente al analizar un escenario de lluvias intensas en el Gran La Plata. Sin embargo, la presencia de El Niño no permite anticipar por sí sola un episodio de esas características. El fenómeno modifica determinadas probabilidades climáticas, pero una inundación urbana depende de múltiples variables: la intensidad y duración de las precipitaciones, el nivel de humedad del suelo, la situación de los arroyos, la capacidad de escurrimiento y, en Berisso y Ensenada, las condiciones del Río de la Plata.

En esos dos distritos se suma el comportamiento del río. Una precipitación intensa que coincida con niveles elevados o con una sudestada puede dificultar el escurrimiento y aumentar la exposición de determinados sectores. Por eso, la situación deberá observarse como una combinación de factores y no solo a partir de los milímetros pronosticados.

Un fenómeno natural en un contexto más cálido

El Niño no es consecuencia del cambio climático. Se trata de un fenómeno natural del sistema océano-atmósfera que forma parte del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) y que se produce por las interacciones entre las temperaturas del Pacífico ecuatorial, los vientos alisios y la circulación atmosférica.

Los episodios aparecen de manera irregular, generalmente cada dos a siete años, sin un ciclo exacto ni una duración o intensidad siempre iguales. Algunos se prolongan varios meses; otros pueden extenderse más de un año.

El calentamiento global tampoco permite afirmar que cada El Niño será necesariamente más intenso. Los organismos científicos internacionales señalan que todavía no hay evidencia suficiente para establecer que el cambio climático haya aumentado de manera clara la frecuencia o intensidad de estos fenómenos. La relación está en las condiciones de fondo: una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua y un océano más cálido puede aportar más energía al sistema, modificando el contexto en el que se producen los extremos meteorológicos.

Una primavera para seguir día a día

Un estudio sobre la variabilidad climática del Gran La Plata entre 1984 y 2024, realizado con datos de la estación meteorológica del Aeródromo La Plata, detectó un aumento estadísticamente significativo de la temperatura, estimado en aproximadamente 0,016 grados Celsius por año. En cambio, no encontró una tendencia lineal significativa en las precipitaciones anuales, que mostraron una fuerte variabilidad entre distintos años.

El mismo trabajo identificó al ENOS como uno de los principales moduladores de las condiciones hídricas regionales. Eso explica por qué la cantidad de lluvia puede cambiar tanto entre temporadas y por qué un año con influencia de El Niño no reproduce exactamente el comportamiento de otro episodio.

El escenario que comienza en octubre no implica que el Gran La Plata vaya a atravesar tres meses de lluvias permanentes. La señal que aparece en los pronósticos es la de una mayor humedad y más posibilidades de episodios intensos, especialmente a medida que avance la primavera y se acerque el verano. La atención estará puesta en octubre y en la evolución de noviembre y diciembre: cada tormenta tendrá que ser analizada por su intensidad, su duración y las condiciones que encuentre en la región.

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