El Niño llega fuerte a San Juan: el año en que el río marcó un récord que no se repitió
El Niño avanza con fuerza y en San Juan ya se preparan para un verano que puede cambiarle la rutina a miles de familias: el agua que podría bajar de la cordillera tiene en vilo a los diques, y hay un mes clave que el climatólogo no duda en señalar.
El avance de El Niño 2026-2027 puso en alerta a las autoridades sanjuaninas. El fenómeno climático, que transita una etapa de fuerte intensidad y tendría su pico hacia diciembre, anticipa un verano con más agua en la cordillera y posibles tormentas más intensas. El climatólogo Germán Poblete repasó en Buen Día Día, por Canal 13, los antecedentes históricos de los derrames del río San Juan y explicó qué puede esperarse para la próxima temporada.
El derrame como termómetro de la nieve
Para dimensionar la situación, Poblete se apoyó en un concepto clave: el derrame del río, que sintetiza cuánta nieve se acumuló en la cordillera y cuánta agua logra escurrir hacia el valle. "El derrame es el resumen de lo que nevó", definió el especialista.
Los registros históricos muestran grandes diferencias entre temporadas. El mayor derrame documentado ocurrió en 1941, con más de 5.000 hectómetros cúbicos. Le siguen otros años extraordinarios: en 1953 fueron unos 3.800 hectómetros cúbicos, mientras que en 1987 se alcanzaron los 4.664 hectómetros cúbicos.
Uno de los antecedentes más relevantes para el escenario actual es 1997, cuando se produjo uno de los últimos episodios fuertes de El Niño. Ese año, el derrame del río San Juan llegó a casi 4.000 hectómetros cúbicos. Poblete también recordó 2016, durante otro Niño de gran intensidad, cuando el derrame alcanzó unos 2.900 hectómetros cúbicos, aunque aclaró que intervinieron otras condiciones que explican el comportamiento del agua.
El último registro destacado fue 2024, un año de Niño débil. Aun así, el río San Juan tuvo un derrame de aproximadamente 1.250 hectómetros cúbicos, el valor más alto registrado en el período posterior a la pandemia.
La comparación histórica permite poner en contexto lo que se viene, pero el experto fue cauto: no significa que el actual El Niño vaya a repetir necesariamente alguno de esos volúmenes.
Qué puede pasar con la nieve acumulada
El punto central, según Poblete, estará en la cantidad de nieve acumulada en alta montaña y en cómo se distribuya durante el deshielo. "El volumen de nieve que podemos ver implica que va a estar alto, va a estar por encima de la media, seguro", sostuvo.
Sin embargo, no toda esa nieve terminará directamente en el río. Una parte puede perderse por sublimación, es decir, pasar del estado sólido al vapor. Otra porción se infiltrará y contribuirá a recargar los acuíferos. "Parte de la nieve va a ir a parar a la atmósfera con la sublimación de la nieve que pasa a vapor, se va a infiltrar y eso va a influir en lo que es el agua subterránea. Y obviamente el derrame que va a escurrir y en gran parte va a ser contenida por los diques", analizó.
Ese último punto será clave para San Juan: cuánta agua llegará efectivamente a los ríos y cuánto de ese volumen podrá ser regulado por los embalses.
El plan preventivo del Gobierno y el escenario de Albardón
El panorama obliga a mirar más allá de los diques. Poblete señaló que el Gobierno provincial trabaja en medidas preventivas ante la posibilidad de que el volumen de agua supere la capacidad de contención disponible. "El Gobierno está preparando muchas medidas para contener el agua por si los diques no alcanzan", dijo, y planteó que "en una de esas pasa agua por el puente de Albardón y puede que hasta llegue a las Lagunas de Guanacache".
Se trata de un escenario planteado en términos de posibilidad, que dependerá de cómo se comporte finalmente el deshielo, el derrame y la capacidad de regulación de los diques.
Lluvias de verano: normales, pero con más intensidad
La nieve no será el único factor a seguir. El otro componente son las precipitaciones del verano sanjuanino. En condiciones normales, explicó Poblete, las lluvias estivales son dispersas y aisladas. Pero la mayor cantidad de vapor de agua en la atmósfera podría modificar la intensidad de esas tormentas. "Nosotros vamos a las precipitaciones normales del verano sanjuanino", afirmó, aunque añadió que "puede que sean más intensas".
El cambio podría empezar a sentirse entre noviembre y diciembre, aunque enero aparece como un mes particularmente importante para analizar el comportamiento de las precipitaciones. Esto no implica que San Juan vaya a tener lluvias permanentes o generalizadas, sino que las tormentas típicas del verano podrían presentar episodios puntualmente más intensos.
El ranking del viento Zonda: septiembre, el mes más ventoso
Mientras el agua acapara la atención de cara al verano, Poblete aportó un dato llamativo sobre otro fenómeno característico de San Juan: el viento Zonda. Según los registros que repasó, septiembre concentra el 30% de los episodios, convirtiéndose en el mes de mayor frecuencia. Lo siguen agosto con un 23%, octubre con un 19% y junio con un 18%. La distribución muestra una marcada concentración en los meses que rodean la primavera. "Podríamos decir que el Zonda es primaveral", definió.
Pero hay un dato aún más particular: desde 1998 hasta la actualidad no se registró ningún episodio de Zonda durante febrero, según los registros mencionados por Poblete. Es decir que, mientras enero puede ser importante para las precipitaciones del próximo verano, febrero aparece históricamente como un período prácticamente ajeno a este fenómeno en San Juan.
Un verano bajo la lupa
El escenario que se abre para San Juan combina varios factores: una cordillera con una reserva de nieve que, según Poblete, estará por encima de la media; un posible incremento de la intensidad de las precipitaciones estivales; y un fenómeno El Niño que atraviesa una etapa de fuerte intensidad.
"Está pronosticado que El Niño termina en otoño del año que viene, pero está muy intenso y esa mayor intensidad le estará haciendo honor a su nombre en diciembre, por el Niño Jesús, nombre que le pusieron los pescadores peruanos", adelantó el especialista, quien además recordó el origen del nombre del fenómeno.
Con poco tiempo por delante para la presencia de El Niño, el desafío sanjuanino estará en seguir la evolución del escurrimiento y las lluvias, dos factores que por separado ya pusieron en alerta a San Juan y a toda la región.