El nene de 12 años que sobrevivió al Yazá todavía se despierta con los gritos

La moto se rompió y tuvieron que viajar en micro. Lo que pasó después lo persigue hasta hoy: el relato del nene de 12 años que sobrevivió al Yazá y todavía no puede dormir tranquilo.

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El nene de 12 años que sobrevivió al Yazá todavía se despierta con los gritos
El nene de 12 años que sobrevivió al Yazá todavía se despierta con los gritos

El próximo lunes 26 de octubre se cumple el primer aniversario de la tragedia del arroyo Yazá, en Campo Viera, uno de los siniestros viales que más dolor dejó en Misiones en los últimos años. Aquella madrugada, un colectivo de dos pisos cayó desde el puente sobre el arroyo, en el kilómetro 892 de la ruta nacional 14, después de que un Ford Focus lo embistiera de frente. El conductor del auto estaba alcoholizado. El saldo fue de nueve personas fallecidas y 29 heridas, en su mayoría estudiantes universitarios.

A un año de distancia, el aniversario no solo vuelve sobre la magnitud de lo ocurrido. También pone en primer plano el largo camino de recuperación que emprendieron los sobrevivientes y sus familias, con secuelas físicas y emocionales que siguen presentes.

Los recuerdos que vuelven de noche

Alejandro Aquino tenía 12 años cuando ocurrió el siniestro. Todavía pelea con los recuerdos de esa madrugada, que aparecen a veces como sueños y otras como “ganas de llorar”.

Con su padre tenían planeado ir a Piray y volver el mismo día. Ese domingo la moto de su progenitor se rompió y tuvieron que viajar en micro. “Subimos al cole y agarré el celu. Cuando íbamos llegando al puente me estaba durmiendo, y en eso sentí el choque o la frenada del colectivo y choqué contra el asiento del frente”, contó el chico.

“Mi papá me cubrió con su cuerpo y me abrazó, volcamos. Me desmayé y me desperté al rato, con los gritos de unos chicos de atrás. Era todo oscuro, una desesperación”, relató.

De mover un dedo a volver a la facultad

Gustavo Báez es otro de los sobrevivientes. Su recuperación, según contó, avanzó de forma favorable. Apenas salió del Hospital Madariaga le indicaron rehabilitación con kinesiólogos. “De no mover nada la mano, ahora con kinesiología comencé moviendo dedo por dedo, lo cual me dio fuerzas para seguir. Me dieron rutina de ejercicios para recuperarme”, explicó.

En lo emocional completó un acompañamiento psicológico inicial que le permitió asimilar el impacto del siniestro y apoyarse en su entorno. “Estoy retomando la vida universitaria con las personas que estuvieron en ese momento, mayormente mi familia y compañeros de la facultad, que me ayudaron mucho para volver. Quedaron algunas secuelas, pero nada que me impida la movilidad. La idea es seguir adelante con la carrera”, sostuvo.

Báez concentra su presente en la recuperación física, mantiene un vínculo constante con Yazmín —la joven que lo asistió en el arroyo— y proyecta continuar sus estudios en la educación pública superior.

“No lo iba a soltar”

Yazmín, de 23 años, había relatado poco después del hecho cómo vivió esos minutos. “Chocamos con el auto, después nos fuimos a la banquina, directamente nos estrellamos y caímos 15 metros”, recordó.

“Nos caímos y a los dos segundos se llenó de agua, el agua me empujó hacia afuera, fui expulsada del colectivo”, contó la joven.

Lo que siguió fue lo que más la marcó: una persona flotando delante de ella y la urgencia de ayudarla sin medir consecuencias. “Pasó un cuerpo y lo primero que se me vino a la cabeza es que no puede estar muerto. Cuando lo vi me tiré y nos llevó costa abajo, no lo iba a soltar y no lo iba a dejar ir. Él no podía moverse del cuello para abajo. Lo agarré fuerte y cuando empezó a sentir su cuerpo de nuevo de a poco pudimos ir saliendo”.

Cómo se abordan las secuelas

La licenciada en Psicología y docente universitaria Emilse Lunge explicó cómo se trabaja desde ese espacio para comprender, evaluar y tratar las secuelas emocionales, cognitivas y físicas que deja una experiencia altamente estresante como un siniestro vial.

“El primer abordaje es evaluar el estado en el que llega esta persona, identificar cuáles son las necesidades más urgentes que tiene, ayudarla a recuperar la orientación, pero principalmente conectar con sus redes de apoyo. Tener siempre presentes las redes de apoyo, pero también entender los tiempos de esta persona”, resaltó la profesional.

Foto: Cristian Valdez.

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