El negocio redondo de los chips que Wall Street ya no quiere financiar

¿Qué pasa si los que fabrican los chips son los mismos que financian a quienes los compran? En Wall Street ya hay quien se cansó de ese círculo y lo dice sin vueltas.

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El negocio redondo de los chips que Wall Street ya no quiere financiar
El negocio redondo de los chips que Wall Street ya no quiere financiar

El furor por la inteligencia artificial sigue empujando inversiones millonarias en infraestructura, pero en Wall Street comienza a instalarse una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo se sostiene el negocio de los semiconductores? La duda no pasa por la tecnología, sino por la ingeniería financiera que la sostiene.

El entusiasmo por la IA no se discute. Lo que empieza a crujir es el mecanismo: las grandes tecnológicas desembolsan cifras siderales en centros de datos y chips, pero nadie sabe con certeza si esos gastos se traducirán en ingresos suficientes. Y hay un detalle que enciende las alarmas: los propios fabricantes de chips están financiando a las empresas que compran sus productos.

Nvidia, AMD y Broadcom: la atención de los inversores

Las tres compañías concentran las miradas. Las tres están bien posicionadas para cabalgar la ola de la IA, pero sus valuaciones y perspectivas de crecimiento son muy distintas, y eso obliga a mirarlas una por una.

Agustín Boggiano, asesor financiero en Bull Market Brokers, tiene su favorita. “Mi preferida dentro del sector de semiconductores sigue siendo Nvidia, seguida por Broadcom. Ambas me resultan atractivas por su valuación y potencial de crecimiento. En AMD soy más cauteloso, ya que considero que gran parte de las expectativas futuras están incorporadas en su precio”, dijo.

La advertencia sobre AMD refleja un problema clásico del mercado: cuando una acción ya descuenta un escenario muy optimista, incluso una empresa con buenos números puede quedarse sin margen para subir.

Pese a eso, el sector todavía tiene aire. “La IA está en una etapa temprana de adopción y sus aplicaciones seguirán expandiéndose a sectores como salud, investigación científica, finanzas e industria”, afirmó Boggiano. Si esa expansión se concreta, la necesidad de procesamiento seguirá creciendo y con ella la inversión en chips.

El banco de Nvidia, el banco de AMD y el banco de Broadcom

El riesgo más serio no está en la demanda, sino en cómo se financia. Ted Mortonson, estratega tecnológico de Baird, puso el dedo en la llaga: los inversores están perdiendo la paciencia con un esquema en el que los fabricantes de chips les prestan plata o compran participaciones a sus propios clientes.

En declaraciones a Yahoo Finance, lo resumió con una frase que ya circula en los mercados: “Wall Street se está cansando del banco de Nvidia, del banco de AMD y del banco de Broadcom”.

Bruno Perinelli, jefe de Trading en Inversor Global, matiza la magnitud del fenómeno, pero coincide en que hay que seguirlo de cerca. “Por ahora, este tipo de financiamiento representa una baja proporción”, señaló, en referencia a los acuerdos por los cuales los proveedores otorgan líneas de crédito o compran partes de empresas clientes que después les compran chips.

Para Perinelli, la mayor parte de la inversión viene de las hiperescaladoras, las grandes tecnológicas como Microsoft y Meta, que tienen recursos propios y pueden endeudarse emitiendo bonos sin depender de nadie.

“Hay que monitorear qué proporción de las ventas de la compañía, el proveedor de chips, corresponden a este financiamiento circular, si evoluciona, si involuciona…”, alertó. La pregunta de fondo es si las compras responden a demanda real o si dependen cada vez más de mecanismos financieros que amplifican el riesgo cuando cambian las condiciones del mercado.

El otro punto que nadie pierde de vista es la rentabilidad. “Hay que ver si las expectativas que están incluidas en los enormes montos de inversión, los CAPEX que están invirtiendo las grandes compañías, se justifican en función a los resultados que van obteniendo y a la adopción de las distintas formas de inteligencia artificial”, explicó Perinelli.

Por ahora, la IA sigue siendo el motor de la fiesta. La duda es quién paga la cuenta cuando la música pare.

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