El negocio que crece en Rosario: cartas que valen más de u$s1000 y un local que no para de recibir pedidos
El entretenimiento parecía mudarse del todo a las pantallas, pero en Rosario un local de cartas coleccionables mueve hasta $1,5 millones en un solo pedido y ya suma 100 encargos mensuales. ¿Qué hay detrás de este mercado que mezcla juego e inversión?
Un local de cartas coleccionables en Rosario mueve hasta $1,5 millones en un solo pedido y ya concentra unos 100 encargos mensuales. Se trata de CascoTCG, el comercio que Juan Bautista Burgos, de 26 años, abrió a fines de abril en calle 9 de Julio al 1000. Allí se compran, se venden y se juegan cartas de colección, las llamadas Trading Card Games (TCG).
Burgos arrancó años antes importando a pedido esas cartas que no se consiguen fácilmente en Argentina. El sistema creció rápido y hoy es una parte central del negocio. Los pedidos llegan desde distintos puntos y los montos pueden ser altos: hasta $1,5 millones en una sola operación.
Qué son las TCG y por qué mueven tanto dinero
Las cartas coleccionables no son nuevas. El primer antecedente suele ubicarse en las tarjetas de jugadores de béisbol que lanzó The Allegheny Card Co. a principios del siglo XX en Estados Unidos. Pero el furor global llegó en la década de 1990 con Magic: The Gathering. Hoy conviven varias franquicias: Yu-Gi-Oh!, Pokémon, Digimon, Magic, One Piece y Riftbound, entre otras.
El juego consiste en enfrentar cartas con características y parámetros individuales. Los jugadores arman mazos personalizados de unas 40 unidades y siempre están buscando ediciones raras o con mejores estadísticas para competir. Cada fabricante organiza su propio circuito de torneos a nivel internacional, con instancias locales, provinciales, nacionales, continentales y mundiales. En CascoTCG se disputan campeonatos que suman puntos para los rankings oficiales, lo que permite aspirar a torneos globales con premios importantes: el último campeón mundial de Pokémon se llevó u$s 30.000.
El valor de cada carta: un mercado en sí mismo
La lógica de la competencia influye en el precio. Una carta decisiva para un mazo fuerte puede disparar su cotización. Hay piezas que superan los u$s1000 y, según Burgos, cada una funciona casi como un mercado independiente. Influyen la rareza, la cantidad disponible, la popularidad del personaje y la presencia de autógrafos o ediciones especiales.
Pero el valor no siempre sube. Los jugadores siguen calendarios de lanzamientos, expansiones, listas de prohibiciones y rotaciones. De acuerdo con Burgos, una carta de u$s100 puede perder hasta un 90% de su valor si deja de estar habilitada para competencias por cambios en el reglamento oficial de los fabricantes. También influye el calendario: cuando pasan los torneos nacionales o continentales, baja la demanda de ciertos mazos y muchos jugadores empiezan a venderlos. “Cada carta es un mercado”, resume Burgos. Para anticipar esos movimientos, sostiene, hay que conocer el juego en profundidad.
De Estados Unidos y Canadá al mostrador rosarino
El abastecimiento llega a través de distribuidores del exterior. Burgos compra especialmente en Estados Unidos y Canadá, aunque también opera con Italia, Alemania y España. Una parte importante del negocio son los productos sellados: cajas y sobres con cartas aleatorias. Una caja de 24 sobres puede costar entre $200.000 y $300.000. “Eso fue lo que más me sorprendió. Se vende bastante”, cuenta. Comprar sobres sellados puede deparar cartas de altísimo valor, lo que permite recuperar la inversión inicial e incluso ganar dinero.
El punto de encuentro
La tienda también busca consolidarse como espacio de reunión. Burgos organiza torneos durante la semana y jornadas para quienes solo quieren acercarse a jugar. El público competitivo se concentra entre los 17 y los 35 años, aunque participan personas de más de 40 y chicos que recién empiezan. Los viernes hay una instancia de aprendizaje con instructor y llegan padres con sus hijos para aprender juntos. Para arrancar, un mazo completo ronda entre $100.000 y $150.000.
Para el emprendedor, la diferencia con el juego digital está fuera de las cartas. “Vos venís y jugás el juego en físico, pero además estás socializando con la otra persona. Charlás, capaz que te haces amigos”, explica. Los viajes a torneos, las comunidades y las juntadas sostienen una actividad que, pese a convivir con versiones online, sigue dependiendo de la presencialidad. “Es como sentarse a jugar al truco”, compara.
A futuro, Burgos apunta a ampliar las franquicias con actividad regular en el local y sumar nuevas competencias. Busca incorporar con mayor frecuencia Pokémon, One Piece, Magic y Star Wars. El objetivo es que cada comunidad encuentre un lugar donde comprar, aprender y competir. En un negocio donde los precios cambian varias veces, la apuesta sigue siendo simple: que la gente vuelva a sentarse frente a frente alrededor de una mesa.
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