El negocio que crece a contramano del empleo: alquilar un auto para Uber y pagar casi $2 millones al mes
Si estás pensando en manejar para Uber sin tener auto, esto te afecta directo al bolsillo. El alquiler mensual ronda los $1,5 millones y hay que facturar más de $3 millones para que el número cierre. ¿Cuántas horas de volante hacen falta?
En un contexto de empleo formal destruido, salarios que pierden contra la inflación y un auto propio cada vez más lejano, alquilar un vehículo para manejar en Uber se convirtió en una salida que crece a toda velocidad. El negocio permite arrancar sin comprar un 0 km, pero esconde un costo fijo que puede comerse casi la mitad de lo que se factura.
La empresa De Rentas, que compra unidades nuevas y las entrega en alquiler a choferes de la plataforma, describe un escenario de demanda sostenida y lista de espera. Su representante, Horacio Jack, explicó en El Destape Radio que el perfil de quienes recurren a este esquema es variado, pero con un denominador común: “Hay personas a las que no les alcanza para llegar a fin de mes”.
Un fenómeno que no para de sumar conductores
Según los datos que maneja la firma, actualmente habría unos 10.000 autos alquilados circulando para Uber bajo ese convenio. Si se tiene en cuenta que se estiman 150 mil conductores vinculados a la aplicación, el alquiler representa casi el 10% del total.
El esquema promete acceso a un vehículo sin enfrentar los costos de compra, seguro, patente, mantenimiento y repuestos. El conductor, en cambio, se hace cargo principalmente del combustible. La propuesta no es exclusiva de una empresa: la propia Uber tiene su mercado de alquiler y en Buenos Aires se consiguen opciones por valores que rondan los $280.000 a $300.000 semanales, según el vehículo y el proveedor.
El costo del alquiler y cuánto hay que facturar
En el caso de De Rentas, el valor informado es de $380.000 por semana con uso libre del vehículo, lo que lleva el costo mensual a aproximadamente $1.520.000. El combustible en GNC queda a cargo del conductor, mientras que el seguro, la patente, el mantenimiento y otros gastos vinculados al auto los absorbe la empresa.
La cifra cobra otra dimensión si se la compara con mantener un automóvil propio. Según la consultora Focus Market, tener un auto cuesta alrededor de $846.229 mensuales, incluyendo combustible, seguro, patente, lavadero, elementos de seguridad y service. Si se suma una cochera, el gasto trepa a $1.041.229.
La diferencia es que el propietario conserva un activo que puede usar para otras actividades y mantener como patrimonio, mientras que quien alquila tiene que afrontar un pago fijo para poder trabajar.
Jack calcula que un conductor que trabaja entre cinco y seis días por semana puede facturar alrededor de $3 millones brutos, de los cuales quedarían entre $1,5 y $1,8 millones en mano después del combustible. Pero al sumar el alquiler mensual, la ecuación se vuelve mucho más exigente: se necesita una facturación bruta cercana a $3,3 millones para cubrir el alquiler de $1,52 millones y obtener un ingreso de $1,8 millones.
Una salida laboral en tiempos de desempleo
El crecimiento de este negocio también refleja una transformación del mercado laboral. Entre quienes alquilan vehículos aparecen personas que se quedaron sin trabajo, trabajadores que buscan complementar sus ingresos y sectores de clase media que intentan generar una fuente adicional de dinero.
El alquiler funciona así como una puerta de entrada a la actividad para quienes no pueden afrontar la compra de un auto. La empresa asegura que su demanda supera la cantidad de vehículos disponibles y que sigue incorporando unidades.
Una actividad que exige muchas horas al volante
La rentabilidad depende, además, de la cantidad de horas trabajadas. Las estimaciones ubican la actividad intensiva en grandes centros urbanos entre 8 y 10 horas diarias, mientras que jornadas de entre 40 y 50 horas semanales pueden generar facturaciones brutas considerablemente mayores que las de quienes manejan menos tiempo.
El negocio permite sortear la barrera de tener un automóvil propio, pero desplaza buena parte del riesgo hacia el trabajador: para que la actividad sea rentable, primero debe conseguir suficientes viajes para pagar el alquiler, el combustible y el resto de sus gastos cotidianos. Y ante semejante aumento de la oferta, el pago por viaje es cada vez más reducido.