El nazi que vivió en un hotel de Buenos Aires y terminó como socio de Pablo Escobar
Una de sus víctimas lo reconoció en la tapa de un diario limeño. Envió el recorte a un matrimonio que cazaba nazis y empezó una persecución de dieciséis años que terminó con el "Carnicero de Lyon" frente a la justicia francesa.
Klaus Barbie fue uno de los criminales de guerra más buscados del siglo XX. Jefe de la Gestapo de Lyon durante la ocupación alemana, se ganó el apodo de "El Carnicero de Lyon" por la ferocidad con la que torturó y asesinó a miles de personas. Pero su historia no terminó con la caída del Tercer Reich: escapó a Sudamérica, vivió en la Argentina y se convirtió en una pieza clave del narcotráfico boliviano, con un socio de lujo: Pablo Escobar Gaviria.
Nacido en Alemania, Barbie no era uno de los jerarcas que diseñaron el exterminio, pero su sadismo lo destacó. Tras un paso por Ámsterdam, donde sembró el horror, en 1942 fue nombrado jefe de la Gestapo en Lyon. Desde allí desplegó un terror sistemático: persiguió a la Resistencia, deportó a miles de judíos y ordenó el asesinato de Jean Moulin, el líder de la Resistencia Francesa. Se le atribuyen más de 4000 asesinatos y 7000 deportaciones.
Entre sus crímenes más recordados está el de los 44 niños del asilo de Izieu. Los habían escondido allí para salvarlos de los nazis, pero un batallón de la Gestapo, con Barbie a la cabeza, irrumpió en el lugar, mató a los siete adultos que los cuidaban y envió a los chicos a los campos de concentración. Ninguno sobrevivió.
El horror en la casa de los Lagrange
Simone Lagrange tenía 13 años cuando una patrulla alemana entró a su casa de Lyon. Sus hermanos pertenecían a la Resistencia. Los golpearon a ella ya sus padres. Barbie, que gustaba de estar presente en los operativos, se quedó a cargo del interrogatorio. Tomó a Simone del pelo y la acercó a su madre: "Mirá, mirá lo que le estás haciendo a tu hija", le dijo. Los tres fueron deportados. Al padre lo mataron delante de su hija; la madre murió de tifus. Solo Simone regresó, y se juró no descansar hasta ver a Barbie condenado.
Cuando la suerte nazi en Francia ya estaba echada, Barbie organizó el "Último Tren", una deportación final con los vagones atestados de judíos horas antes de que los aliados liberaran Lyon.
La fuga y la Ruta de las Ratas
Tras la rendición alemana, Barbie fue detenido, pero escapó del tren que lo llevaba a un campo de prisioneros. Utilizó la Ratline, la "Ruta de las Ratas": un salvoconducto firmado por un obispo, la Cruz Roja, Génova y un barco hacia Buenos Aires. Según contó él mismo, vivió diez días en un hotel de la calle Maipú y luego partió a Bolivia.
En Bolivia se hizo llamar Klaus Altmann. Trabajó en un aserradero hasta contactar al dictador de turno, que lo nombró director de una compañía de comercio marítimo. Colaboró en operaciones de inteligencia y contrabando de armas para los gobiernos de facto. Muchos sostienen que fue uno de los que diseñó la persecución del Che Guevara. En 1968 se mudó a Perú y le agregó una N a su apellido: Altmann.
En Lima llevaba una vida pública. Una de sus víctimas lo reconoció en la tapa de un diario y envió el recorte a Beate y Serge Klarsfeld, un matrimonio que se dedicaba a cazar nazis. Ellos compararon la imagen con fotos de Barbie de 1943 y confirmaron las coincidencias. Empezaba una persecución que duraría dieciséis años.
La caída
Los Klarsfeld movilizaron a la opinión pública en Lyon y Munich, hicieron presentaciones judiciales y viajaron a Perú. Alertado, Barbie huyó a Bolivia, donde se sentía protegido. Pero la presión periodística lo dejó sin refugio. Terminó preso por una denuncia por estafa, aunque los pedidos de extradición seguían siendo denegados.
El periodista francés Ladislas de Hoyos logró entrevistarlo en la cárcel. Barbie negaba ser quien era y decía no saber francés. De Hoyos le mostró fotos de sus víctimas y de sus oficinas en Lyon. Ante la imagen de Jean Moulin, Barbie la inspeccionó con desdén y dijo que nunca había visto a ese hombre. Pero las fotos quedaron con sus huellas digitales: ya no pudo negar su identidad.
Un año después, el periodista argentino Alfredo Serra, de la revista Gente, también lo entrevistó. Barbie confesó su pasado nazi sin arrepentimiento: "En la guerra todos matan. No hay buenos ni malos. Soy un nazi convencido. Admiro la disciplina nazi. Estoy orgulloso de haber sido comandante del mejor cuerpo del Tercer Reich. Y si volviera a nacer mil veces, mil veces volvería a ser lo que fui".
A pesar de todo, quedó en libertad y siguió vinculado a la dictadura boliviana. Se transformó en una pieza clave del narcotráfico y fue el nexo con los capos colombianos, principalmente con Pablo Escobar Gaviria.
En 1983, con el retorno de la democracia, el presidente Hernán Siles Suazo ordenó que fuera puesto a disposición de la justicia. Finalmente fue deportado a Francia. El juicio comenzó en 1987. Simone Lagrange testificó con una contundencia desgarradora. Barbie fue defendido por Jacques Vergés, que intentó desviar la atención atacando a la Resistencia Francesa. No le alcanzó: lo declararon culpable de más de trescientos asesinatos y de miles de deportaciones. Evitó la horca porque la pena de muerte estaba abolida, pero recibió cadena perpetua.
Klaus Barbie murió en prisión el 25 de septiembre de 1991, a los 77 años, a causa de una leucemia. Habían pasado 35 años desde su condena.