El "monstruo" que preocupa a un experto brasileño no es Bolsonaro: la advertencia que sacude a la región

Un experto brasileño advierte que el avance de la extrema derecha en la región no responde a una promesa de cambio, sino a algo más incómodo: una sociedad que la desea. Lo que dice sobre Milei, Bukele y el miedo como programa.

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El "monstruo" que preocupa a un experto brasileño no es Bolsonaro: la advertencia que sacude a la región
El "monstruo" que preocupa a un experto brasileño no es Bolsonaro: la advertencia que sacude a la región

El profesor Fabio Barbosa Dos Santos, autor de "Brasil autofágico", advierte que la extrema derecha no gestiona la crisis sino que gobierna a través de ella, y que su avance en Brasil y la región responde a una sociedad que desea una salida autoritaria.

El académico del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de São Paulo sostiene que el progresismo funciona como una medicina que busca contener los efectos más destructivos del neoliberalismo, mientras que la extrema derecha asume esa dinámica como la vida misma y promete defender a una parte de la sociedad de la crisis. "La extrema derecha no propone contener, no es una medicina, no es una gestión de la crisis: lo que promete es defender a parte de la sociedad de la crisis", dijo Barbosa a El Destape.

En su libro "Brasil autofágico, aceleración y contención entre Lula y Bolsonaro", publicado en 2022 junto a Daniel Feldmann, el investigador plantea que la extrema derecha sintoniza mejor con una sociedad caníbal. De cara a las elecciones presidenciales de octubre en Brasil, Barbosa advierte que el apoyo a "los bolsonarismos de este mundo" no nace de una expectativa de cambio, sino de la identificación de sectores populares con los vencedores de esa dinámica autofágica.

El miedo como programa

Para Barbosa, el voto a la extrema derecha opera como una garantía de quedar del lado de los que se salvan en la guerra social. Cuando la sociedad se desencanta de la democracia y de las promesas incumplidas, solo quiere preservar lo que tiene o cree que todavía puede perder. "El monstruo no lo considero Bolsonaro, ni el padre ni el hijo, sino que el monstruo es una sociedad que los desea, que quiere una modalidad autoritaria de política. Que desea esta violencia para protegerse del otro que aparece como amenaza", afirmó.

El experto compara el fenómeno con Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador: cuando la opción es "ellos o nosotros", la extrema derecha apela a que el votante se identifique con la guerra del poder contra los perdedores del sistema. En ese marco, describe un programa esencialmente securitario. "Lo que hace Bolsonaro hijo está muy en línea con lo que Bukele propuso en El Salvador. El slogan de Flavio Bolsonaro en ese momento es 'Brasil sin miedo'. Pero ahora ya no es el miedo del cambio, sino que es el miedo del otro, el miedo en el sentido securitario, el miedo de los criminales", explicó.

Es lo que denomina la bolsonarización o bukelización de la política sudamericana. En "Brasil Autofágico", Barbosa y Feldmann resaltan como activo crucial de la extrema derecha la politización del resentimiento social. "Es una autenticidad perversa pero real. La guerra de todos contra todos no es color de rosa y aquellos que admiten su crueldad aparecen como verdaderos en contraste con las promesas siempre incumplidas. Esa derecha no remedia la frustración ni gestiona la crisis: gobierna a través de ellas", sostienen.

Lula, la tregua y el regreso

Según Barbosa, en su primer gobierno Lula inspiraba la esperanza del cambio, pero en su tercer mandato encarna una tregua, un mandato defensivo en el marco del eclipse de los progresismos en América del Sur. El presidente de Brasil acaba de anunciar el primer aumento en cuatro años del monto que perciben los beneficiarios del programa Bolsa Familia, de 600 a 691 reales. Es un incremento del 15% que comenzará a regir 17 días antes de la primera vuelta del 4 de octubre y coincide con un alto nivel de morosidad que en Brasil afecta a 81 millones de personas.

Para el investigador, la alianza que construyó Lula desde el PT busca evitar el cambio de naturaleza que se produjo bajo el interinato de Jair Bolsonaro y preservar lo que queda de derechos sociales. Pero ese intento de conservación resulta estéril porque no puede con la dinámica del capitalismo salvaje que subyace y se impone. "La eficacia de la medicina progresista está pasando y la derecha apuesta a ganar con el miedo al otro", sentenció.

El libro plantea además que la dinámica de aceleración de la crisis que promueve Bolsonaro tampoco resultó eficaz para las elites brasileñas cuando gobernó el padre del ahora candidato. Por eso, sostienen Barbosa y Feldmann, Lula no salió de la cárcel por la presión del movimiento popular, sino que fueron los mismos sectores de poder que lo habían enviado a prisión por intermedio de Sergio Moro los que fueron a buscarlo para contener la crisis postpandemia. Fue "un movimiento en el piso superior del poder" el que lo hizo posible.

En diálogo con Radio Con Vos, Barbosa comparó la situación de Lula con la de Cristina Fernández de Kirchner. Para el profesor, la diferencia importante es que los gobiernos kirchneristas surgieron del estallido de 2001 y fueron más combativos: juzgaron a los militares y dieron peleas con el agronegocio, los medios y los fondos buitres que, según dijo, "Lula jamás compró". La paradoja es que Lula pudo jugar ese rol de conciliador y regresar a la presidencia en 2022 con el apoyo de actores del poder para ensayar la tregua actual. Sin embargo, dice, todavía no se sabe si podrá prolongarla con un nuevo mandato.

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