El modelo cooperativo que reparte el poder: "Cada socio tiene un voto, del gerente al que trabaja en el almacén"
Ander Etxeberria llegó a Rosario a contar cómo funciona Mondragón, el modelo cooperativo que reparte el poder entre sus socios y que, según él, tiene una receta que le pega directo al bolsillo y al corazón de los trabajadores. Lo que dijo sobre los salarios y la tecnología cambia la discusión.
Ander Etxeberria, sociólogo y responsable de Difusión de la Cooperativa de Mondragón, llegó a Rosario con una idea fija: el cooperativismo no es una reliquia, sino una herramienta vigente. Lo dijo al participar del Congreso Nacional de Productores AFA 4.0, donde contó ante productores agropecuarios y socios de Agricultores Federados Argentinos (AFA) cómo funciona uno de los casos más emblemáticos del mundo.
Mondragón reúne cooperativas de trabajo asociado radicadas sobre todo en el País Vasco y Navarra, con filiales en el exterior. En total, unas 70.000 personas están vinculadas a sus cooperativas y compañías. La experiencia nació en 1956, impulsada por el sacerdote católico José María Arizmendiarrieta, y se expandió hasta abarcar cuatro grandes áreas: industria, finanzas, distribución y conocimiento. En esta última se incluyen la universidad, las escuelas y los centros tecnológicos; en distribución, supermercados, servicios de catering y cooperativas agrícolas.
Durante una entrevista con La Capital, Etxeberria marcó que la innovación no es un agregado opcional. “El cooperativismo de Mondragón y cualquier empresa, cooperativa o no, se basa en la innovación, es el presente y es el futuro”, sostuvo. Y recordó que esa vocación ya estaba en los orígenes: Arizmendiarrieta les repetía a los primeros grupos que, ante las respuestas sobre qué fabricarían —electrodomésticos, maquinaria o automoción—, insistía: “Que no os gane nadie, que no os gane nadie, que no os gane nadie, tenemos que apuntar a lo más alto”.
Un voto por cabeza, del gerente al operario
Para Etxeberria, el acierto del modelo fue poner las necesidades de las personas en el centro. “Somos los mismos hace 100 años, hace 50 años, hoy y dentro de 20 años. Tenemos las mismas necesidades básicas”, planteó. Aunque reconoció que las tecnologías cambiaron —“hoy tendremos móvil y en aquellos tiempos no había móvil (smartphone)”—, consideró que persisten las demandas de ingreso, estabilidad y participación.
Una de las claves es la participación en las decisiones: en la asamblea general, cada socio tiene un voto. “El director general o la directora general tiene un voto, el socio de base que trabaja en el almacén tiene un voto”, explicó.
La distribución de la riqueza sigue la misma lógica. En Mondragón, la diferencia entre el salario más alto y el más bajo no puede superar una relación de seis a uno. Además, parte de los beneficios del cierre del ejercicio se destina a la sociedad a través de organizaciones culturales, deportivas y ONG, entre otras. “Tenemos un salario más que digno, estabilidad laboral. Y creamos empleo. La misión es crear empleo para mejorar la sociedad”, resumió.
El referente vasco habló de por qué el cooperativismo sigue teniendo vigencia: “Hay componentes que están en el lado del bolsillo y componentes que están en el lado del corazón. La conjunción de esos incentivos funcionaba hace 100 años, hace 50 años, hoy y dentro de 20 años funcionará”, afirmó, y definió: “Esa es la receta”.
Tecnología sin despidos: la apuesta de Mondragón
Sobre el avance de la inteligencia artificial y la automatización, Etxeberria señaló que la discusión ya existía con la robotización. En Mondragón no piensan quedarse afuera: la estrategia es incorporar tecnología para ganar eficiencia y sostener la competitividad. “Si no lo hacemos nosotros, lo va a hacer la competencia y vamos a desaparecer”, advirtió.
La diferencia, según planteó, está en qué ocurre con las personas cuando una tecnología reemplaza una tarea. En el modelo cooperativo vasco, la incorporación tecnológica no implica necesariamente perder puestos de trabajo. “Esa persona que pierde ese puesto de trabajo irá a otro puesto en otra cooperativa, le daremos formación para que no pierda el puesto de trabajo o, si está cerca de la edad de jubilación, la ayudaremos a jubilarse”, detalló.
El objetivo es claro: aprovechar la tecnología para ganar eficiencia sin que el costo caiga automáticamente sobre los trabajadores. “No implicará pérdida de puestos de trabajo y sí aplicará una mayor eficiencia en la empresa cooperativa”, sostuvo.
Aunque la experiencia de Mondragón viene del ámbito industrial, Etxeberria se mostró sorprendido por lo que encontró en el sector agropecuario durante el congreso. “Me he quedado impresionado aquí con la carga tecnológica y de innovación que hay”, señaló.
Más allá de que AFA está vinculada a la producción agropecuaria y al entramado de productores de la región, el referente vasco ve un punto de encuentro evidente: la necesidad de innovar y, al mismo tiempo, sostener una lógica empresarial donde las personas tengan un papel central. “El cooperativismo es más necesario que nunca en este mundo”, remató.