El millonario que negoció la oreja de su nieto: la historia detrás del rescate más miserable

¿Sabías que el hombre más rico del mundo regateó el rescate de su propio nieto? La historia de J. Paul Getty y la oreja que conmocionó al mundo.

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El millonario que negoció la oreja de su nieto: la historia detrás del rescate más miserable

J. Paul Getty fue el hombre más rico del mundo, pero su tacañería lo llevó a regatear el rescate de su propio nieto secuestrado. Durante seis meses, el magnate petrolero se negó a pagar, y cuando finalmente lo hizo, fue por una cifra que le permitía deducir impuestos. La historia, que conmocionó al mundo en 1973, sigue siendo un ejemplo de avaricia sin límites.

Getty, que murió hace 50 años, forjó un imperio petrolero y llegó a ser el hombre más rico del planeta. Pero su principal característica no era su fortuna, sino su obsesión por no gastar. Desde poner teléfonos con monedas en su mansión hasta quejarse por el tratamiento médico de su propio hijo, su vida estuvo marcada por el ahorro extremo.

¿Cómo construyó su fortuna?

Su padre, abogado de seguros, aceptó unas tierras como pago y encontró petróleo. Getty hijo estudió en Oxford y siguió sus pasos. Diversificó inversiones en Medio Oriente y, tras cuatro años de búsqueda infructuosa, encontró petróleo en la frontera entre Arabia Saudita y Kuwait, en uno de los negocios más lucrativos del siglo XX.

Su rostro alargado y mirada desconfiada reflejaban su carácter implacable. Nunca encaró un negocio deficitario y sometía a rivales y socios. Cuando le preguntaron qué era ser millonario, respondió: “Si podés contar cuánta plata tenés, entonces no sos millonario”.

El secuestro que marcó su leyenda

En 1973, su nieto John Paul Getty III, de 16 años, fue secuestrado por la mafia calabresa. Los captores pidieron 17 millones de dólares (unos 125 millones actuales). Getty ni siquiera respondió. Pensó que era un secuestro simulado para sacarle dinero. Su hijo le rogó que pagara, pero él se negó.

Weeks later, un sobre llegó a un diario italiano: contenía un mechón de pelo y una oreja ensangrentada. Los secuestradores redujeron su demanda a 3,2 millones. Getty contraofertó 2,2 millones, cifra que coincidía con lo que podía deducir de impuestos. El padre del chico puso el dinero, y Getty le prestó los 800 mil dólares restantes con un interés del 4%.

John Paul III fue liberado en diciembre de 1973, tras seis meses de cautiverio. Cuando llamó para agradecer a su abuelo, Getty no atendió: estaba en una reunión de negocios.

El joven quedó traumado. Años después, una sobredosis lo dejó con daños cerebrales, casi ciego e inmovilizado. Murió a los 54 años.

Las excusas de un avaro

Getty justificó su demora diciendo que tenía otros 13 nietos y que pagar el rescate los convertiría en blancos de secuestradores. También alegó motivos morales: no quería financiar a delincuentes. Pero muchos creen que fue su desapego familiar y su proverbial amarretismo.

Su obsesión por el ahorro llegaba a extremos ridículos. Obligaba a sus empleados a usar lápices hasta el final, reutilizaba sobres y escribía en el dorso de hojas usadas. Nunca compraba nada sin regatear, desde un libro hasta un palacio. En su mansión Sutton Place, instaló teléfonos con monedas y candados para evitar llamadas.

Getty murió a los 84 años, trabajando hasta el final, con varias amantes viviendo en su mansión y usando un producto experimental para mejorar su vida sexual. Pero nunca dejó de ser el millonario más miserable de la historia.

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