El mar se comió su calle y ahora el Municipio le ordena demoler la casa

Una calle entera desapareció bajo el agua y una esquina de la casa quedó colgando sobre el acantilado. La respuesta del Municipio de Rawson no fue una obra de contención: fue una orden de demolición para el dueño.

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El mar se comió su calle y ahora el Municipio le ordena demoler la casa
El mar se comió su calle y ahora el Municipio le ordena demoler la casa

En Playa Magagna, la erosión costera ya borró parte de una calle y dejó una esquina de una vivienda suspendida en el aire. Pero la respuesta oficial no fue una obra de contención: fue una intimación firmada por el Poder Ejecutivo Municipal que ordena al propietario estabilizar la construcción o demolerla por su cuenta.

El damnificado es Rodrigo Porcel de Peralta, dueño de la casa ubicada sobre la calle Ballena Franca del Sur, entre Pingüino de Magallanes y Mar Argentino. Según el acta de infracción, se constató una violación al capítulo de conservación de obras y edificios de la Ordenanza 9262. La intimación le exige realizar "las refacciones y obras necesarias para estabilizar y resguardar las construcciones en peligro de derrumbe". Si eso no fuera viable, deberá demoler las edificaciones en riesgo. Y si no lo hace, advierte el documento, "las obras serán ejecutadas por la Municipalidad de Rawson a costas suyas".

Junto con el acta, el vecino fue notificado de que deberá presentarse ante el Tribunal Administrativo de Faltas Municipal para ejercer su derecho de defensa.

"Pretenden que lo haga yo cuando ellos nunca vinieron"

En diálogo con ADNSUR, Porcel de Peralta rechazó de plano la intimación. Sostiene que el deterioro de su vivienda no es producto de su negligencia, sino de la falta de defensas costeras que los vecinos del sector reclaman públicamente desde hace años.

"Por abandono del Municipio, pretenden que lo haga yo cuando ellos nunca vinieron", expresó con evidente indignación.

Frente a su domicilio todavía permanecen intactos los materiales de construcción que nunca fueron colocados en la costa. Para el propietario, son la prueba de las obras prometidas y jamás ejecutadas. Recuerda además que anteriores estructuras de contención fueron destruidas por el mar sin que luego se completaran nuevas tareas.

"Durante la actual gestión municipal nunca colocaron una sola palada de material para solucionar el problema", afirmó el damnificado. "Los funcionarios recorrieron el lugar pero no hubo avances concretos. No los entiendo", añadió.

Una casa que pende de un hilo

Las sudestadas y marejadas provocaron la desaparición de gran parte de la calle ubicada frente a la costa y dejaron una de las esquinas de la casa suspendida por efecto de la erosión. La familia afectada recuerda que en reiteradas oportunidades expuso públicamente la situación de la vivienda, cuya estructura quedó comprometida por el constante avance del mar.

Rodrigo considera que esa situación pudo haberse evitado con la ejecución de las defensas costeras reclamadas desde hace años. Pero las obras nunca llegaron. Y ahora, en lugar de recibir asistencia para proteger lo que queda de su propiedad, recibe una intimación que lo obliga a hacer con sus propios medios lo que el Estado nunca hizo.

El origen del conflicto fue una notificación oficial firmada por un funcionario municipal donde se advertía sobre "construcciones clandestinas en estado de derrumbe por la acción de las mareas". El documento hacía referencia a artículos de la Ordenanza N° 9262 vinculados a edificaciones en peligro de ruina, estructuras comprometidas y riesgos para la seguridad.

La casa sigue en pie, pero el mar amenaza con provocar más daños en la próxima sudestada. Las defensas costeras definitivas todavía no tienen fecha de inicio ni presupuesto asignado. Si bien hay obras en desarrollo en Playa Unión, las tareas aún no llegaron a Playa Magagna, donde las necesidades son más urgentes.

Los vecinos de distintos sectores coinciden en un punto: las defensas costeras son la única solución de fondo. Las promesas se acumulan, los funcionarios recorren el lugar, se toman fotografías, se anuncian proyectos. Pero las obras no llegan. Y el mar no espera.

Las familias afectadas viven con el corazón en la boca ante las lluvias intensas y los vientos fuertes. Unos esperan que la suspensión de la demolición en Playa Magagna se concrete en obras reales. Otros, que la Justicia les otorgue la razón o que el Municipio rectifique sus decisiones. Pero todos saben que el tiempo juega en contra y que la próxima marejada podría ser la definitiva.

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