El mar que cubrió Roca hace millones de años y el milagro que dejó al descubierto

No fue un solo océano: fueron dos mares los que bañaron estas tierras. Y hay un detalle de la profundidad que alcanzaron que sorprende a los geólogos.

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El mar que cubrió Roca hace millones de años y el milagro que dejó al descubierto
El mar que cubrió Roca hace millones de años y el milagro que dejó al descubierto

Roca cumple 147 años de vida institucional, pero su paisaje guarda una historia que se remonta a millones de años. Lo que hoy es un valle fértil fue alguna vez una planicie, y antes de que la Cordillera de los Andes se elevara como una muralla, el mar ingresó dos veces y dejó una huella imborrable. El paleontólogo Leonardo Salgado destacó en diálogo con RÍO NEGRO que "Roca tiene una paleodiversidad distinta a la de Allen o a la de Cipolletti", un dato que refleja el interés científico que despierta esta región.

El paisaje actual, con sus bardas y restos fósiles, es el resultado de una conjunción única de circunstancias. No alcanza con decir que el mar lo cubrió todo o que el clima pasó de húmedo y subtropical a seco: hubo transformaciones fundamentales que explican cómo el entorno fue escenario de sucesivos procesos, sin intervención humana de por medio.

Mar sin cordillera

En sus orígenes, el paisaje era una planicie, y la Cordillera de los Andes apenas era una cadena de volcanes bajos. Las bardas se modelaron después, con la acumulación de sedimentos y la erosión del río Negro, que entonces era continuación del actual Neuquén, sin el Limay como afluente.

La Cordillera incipiente permitió dos grandes ingresos de agua de mar: primero desde el Pacífico (Cretácico Inferior) y luego desde el Atlántico (fines del Cretácico Superior). Cuando las placas tectónicas elevaron el cordón montañoso, las corrientes, los vientos y los ríos se ordenaron, dando origen al valle.

En el medio, se formó un mar interno conocido como "Mar Rocanense", que se extendió en forma de lengua tocando sectores de las actuales provincias de Río Negro, Neuquén, La Pampa y Mendoza. El docente Juan Carlos Salgado, en su trabajo "Cuando General Roca fue mar", afirmó que "la mayor profundidad se situó en Roca y algo más al noreste, estimada en 150 y 500 metros, en términos generales, un brazo de mar de aguas tranquilas, templadas, limpias y sin la afluencia de corrientes marinas frías".

Los fósiles marinos encontrados fueron clave para entender este proceso. La preservación es un "milagro" que solo ocurre cuando se dan los factores necesarios para que la descomposición no borre la historia. Los científicos saben que muchas especies desaparecieron sin dejar registro y jamás las conoceremos.

De plantas, animales y río

La fauna y la flora local cambiaron a lo largo del tiempo, con varias extinciones. No solo por meteoritos como el de Yucatán, sino también por cambios en las condiciones de vida, epidemias o el envejecimiento evolutivo, explicó Juan Carlos Salgado. Así, las palmeras dieron paso a la jarilla y el alpataco, y los grandes dinosaurios fueron reemplazados por los animales actuales.

El surgimiento de la cuenca del Valle se ubica en el Plioceno, como continuación del río Neuquén. Recién en el Cuaternario recibió al río Limay como afluente, cuyos orígenes se deben a las glaciaciones. "Las terrazas que vos podés ver [en el Valle] en un corte imaginario, perpendicular al río, nos muestran un cauce ancestral mucho mayor, de barda Norte a barda Sur y más alto", agregó el investigador.

Herencia de aluviones

Miles de años después, los inicios de la ciudad como Fuerte en lo que hoy es Stefenelli se encontraron con la fuerza de la naturaleza. Las crecidas del río Negro, sin represas, fueron parte central de los riesgos que vivió la comunidad, que los sufrió incluso en su segundo asentamiento, donde los aluviones fueron una herencia de millones de años.

El paleontólogo Walther Schiller, en 1920, ya había notado que el "nuevo pueblo" se había edificado en "un enorme cono de deyección, en el lecho seco y desolado de un río, como de 100 metros de ancho". "Por supuesto, dejaba de ser río seco cuando llovía", agregó Juan Carlos Salgado, ya que esa llanura era el drenaje natural de las aguas del norte.

A pesar de los riesgos, la fertilidad de la tierra es notable. "El subsuelo del Valle está formado en su parte más profunda por los sedimentos arcillosos cretácicos", contó Salgado, sobre los que descansan arena, pedregullo y una capa de suelo humífero. Esa permeabilidad la torna altamente productiva y elegida por los agricultores. 80 millones de años pasaron en el medio, pero valió la pena.

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