El mar de Chubut también captura carbono: los "árboles líquidos" que estudian los científicos
En Chubut investigan cuánto carbono capturan las marismas y las algas, pero el camino hacia un mercado de bonos todavía está lejos. ¿Qué encontró el equipo que trabaja con microalgas?
Marismas, macroalgas y microalgas forman parte de las investigaciones que buscan medir cuánto carbono pueden capturar los ecosistemas marinos de Chubut. En paralelo, científicos locales trabajan con microalgas que pueden absorber CO₂ y aprovechar efluentes industriales.
Cuando se habla de captura de carbono, lo primero que viene a la mente es un bosque: árboles que toman dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera mediante la fotosíntesis y almacenan parte de ese carbono en su biomasa. Pero los bosques no son los únicos que cumplen esa función. El mar también participa del ciclo del carbono.
Las algas, las marismas y otros ecosistemas costeros capturan carbono a través de procesos biológicos, y una parte puede quedar almacenada en la biomasa y en los sedimentos. A ese carbono capturado y almacenado por ecosistemas marinos y costeros se lo conoce como carbono azul.
En Chubut, científicos del CONICET estudian estos ambientes para determinar cuánto carbono pueden capturar y qué condiciones permitirían convertir ese conocimiento en proyectos de conservación y, eventualmente, en instrumentos de financiamiento ambiental.
Servicios ecosistémicos: el valor de lo que la naturaleza aporta
Durante la jornada Carbono Chubut, el biólogo Juan Emilio Sala, investigador independiente del IBIOMAR-CONICET, puso el foco en los llamados servicios ecosistémicos: los beneficios que los ambientes naturales aportan a las sociedades y a las actividades económicas.
“Los servicios ecosistémicos son un objeto definido por el hombre que constituye una herramienta poderosísima. El desarrollo productivo se monta sobre una miríada de beneficios o contribuciones de la naturaleza a las sociedades humanas”, señaló.
La idea resulta particularmente relevante cuando se habla de carbono azul. Un ecosistema costero puede tener valor para la pesca, el turismo, la protección de la costa o la biodiversidad y, al mismo tiempo, cumplir una función en la captura y almacenamiento de carbono. Chubut ya avanzó en la identificación de esos servicios en su costa.
“La provincia de Chubut hizo un esfuerzo muy grande por ser una de las primeras provincias en cuantificar los servicios ecosistémicos de su franja costera y lograr una aproximación a una valoración económica, pero también pluralista”, explicó Sala.
El paso siguiente es más complejo: determinar cuánto de ese valor puede traducirse en mecanismos concretos de conservación y financiamiento, avanzando hacia la certificación de bonos con valor económico. Para eso no alcanza con saber que una marisma —humedales costeros que se inundan periódicamente con el agua del mar— o una pradera de algas capturan carbono. Hay que medir la biomasa, estimar la cantidad de carbono incorporada, conocer cuánto permanece almacenado y establecer métodos que permitan verificar esos resultados. Por eso, el carbono azul todavía es principalmente una línea de investigación y desarrollo en Chubut, no un mercado consolidado.
Los “árboles líquidos”: microalgas que absorben CO₂ y tratan efluentes
Existe, además, una vía tecnológica que lleva el concepto de captura de carbono a un terreno más cercano a la industria. La bióloga Antonela Martelli, investigadora del CESIMAR —Centro para el Estudio de Sistemas Marinos— CONICET y cofundadora de Patagonia Ocean Tech, trabaja con microalgas, organismos microscópicos capaces de realizar fotosíntesis.
Martelli propone imaginarlas como “árboles líquidos”. “Les invitamos a cambiar de ubicación geográfica porque les voy a hablar del agua. Imagínense un 'árbol líquido': las microalgas son plantas diminutas que crecen gracias a la fotosíntesis, tomando el dióxido de carbono de la fase gaseosa y convirtiéndolo en carbono biomásico”, explicó.
La diferencia es que aquí el proceso puede desarrollarse en sistemas controlados. Las microalgas necesitan agua y nutrientes para crecer. Una de las posibilidades que estudia el equipo es utilizar determinados efluentes industriales como fuente de esos nutrientes y, al mismo tiempo, incorporar CO₂ proveniente de emisiones.
La propuesta busca conectar así dos problemas ambientales: una emisión que debe reducirse y un efluente que necesita tratamiento.
“Las microalgas requieren nutrientes y una excelente fuente de agua nutritiva es el agua residual de diferentes industrias. Chubut tiene todas las condiciones dadas para que la bioeconomía azul y la economía del carbono en particular prosperen”, sostuvo Martelli.
La investigación, además, no se limita a capturar carbono. La biomasa obtenida puede tener aplicaciones en productos como omega 3, proteínas, nutracéuticos o biofertilizantes.
Una posibilidad que todavía necesita mediciones
La Patagonia también presenta condiciones particulares. Las bajas temperaturas y la variabilidad estacional pueden modificar la velocidad con la que las microalgas realizan fotosíntesis. Por eso, para que la captura pueda ser considerada dentro de un proyecto de carbono, hace falta medirla con precisión. No alcanza con estimar cuánto CO₂ podría absorber un cultivo en condiciones ideales: hay que determinar cuánto capturó efectivamente y qué ocurrió con ese carbono después.
Algo similar ocurre con las macroalgas y los ecosistemas costeros naturales. Equipos del CESIMAR, entre ellos el de la bióloga Paula Raffo, trabajan en relevamientos que permiten conocer la presencia y biomasa de macroalgas en el litoral chubutense. Esa información es parte de la base científica necesaria para evaluar el potencial del carbono azul.
El Estado también empieza a involucrarse
La discusión también empieza a involucrar al Estado. El subsecretario de Ambiente de Chubut, Juan José Rivera, vinculó esta agenda con el manejo de la costa y las posibilidades de descarbonización de los ecosistemas marinos.
“Tenemos todo lo que tiene que ver con nuestro mar y nuestra costa, con la próxima aprobación del plan de manejo marino-costero y todas las posibilidades de descarbonización que tienen nuestras marismas”, señaló.
Y agregó: “Buscamos tener una estrategia global como provincia en cuanto a descarbonización, las mejores estrategias de financiación para lograr esto y avanzar en lo que es la monetización de todos los servicios ecosistémicos”.
Ese es, en definitiva, el punto en el que la investigación científica empieza a encontrarse con la economía del carbono. Chubut todavía debe avanzar en mediciones, metodologías, reglas y mecanismos de verificación. Pero mientras se discute cómo convertir el carbono capturado por los bosques en proyectos ambientales, otra posibilidad empieza a tomar forma: medir cuánto carbono pueden capturar el mar, las marismas y las algas, y determinar si esa función natural puede ayudar a financiar su propia conservación y generar nuevas actividades productivas.