El mar argentino ya tiene un 35% más de costa donde acechan bacterias que comen carne
La costa argentina donde pueden aparecer bacterias peligrosas se agrandó un 35%, y la comparación no es con el año pasado: los científicos miraron cuatro décadas atrás para confirmar que el fenómeno no es natural. Qué bacterias son y por qué el Río de la Plata está en la mira.
El calentamiento global dejó de ser una advertencia lejana: según el 10º Informe de Indicadores sobre la Salud y el Cambio Climático, la franja de costa argentina con condiciones para que proliferen bacterias peligrosas para el ser humano creció un 35%. El dato surge de la comparación con el período 1982-1991 y forma parte del apartado argentino del trabajo que coordina Lancet Countdown, una red científica internacional que depende de la revista The Lancet.
El estudio fue liderado por la University College de Londres y contó con la participación de más de 300 investigadores distribuidos en distintas regiones del planeta. Todos monitorean cómo el cambio climático impacta en la salud de las personas.
Qué bacterias preocupan y dónde aparecen
El informe pone la lupa sobre el género Vibrio, un grupo de microorganismos que pueden provocar cuadros gastrointestinales y también afectar la piel. Dentro de ese grupo hay dos variedades que generan especial atención: la Vibrio vulnificus, popularmente conocida como “bacteria come carne”, y la Vibrio cholerae, una cepa de cólera no toxicogénica —diferente a la que causa epidemias— que se contrae al beber agua contaminada o al ingerir alimentos que estuvieron en contacto con ella.
Estas bacterias se reproducen en aguas de baja salinidad y relativamente cálidas, un ambiente típico de los estuarios, esos puntos donde los ríos desembocan en el mar. El cambio climático intensifica la descarga de los ríos y eleva la temperatura del agua, lo que agranda esas zonas y las vuelve más propicias para la transmisión.
La directora ejecutiva de Lancet Countdown, Marina Romanello, confirmó a TN que hasta ahora no se registraron casos de “bacteria come carne” en la costa argentina. Sin embargo, advirtió que con El Niño vigente y la posibilidad de un nuevo récord de temperatura del mar —incluso en el litoral atlántico— hay que reforzar la vigilancia y preparar el tratamiento ante una eventual aparición de casos.
Por qué se compara con los años 80
El 35% de aumento se mide contra el período 1982-1991. Romanello explicó el criterio: “Cuando hablamos de cambio climático, siempre tenemos que ver un promedio de muchos años como para saber si es un aumento consistente o si es la variabilidad natural año a año”.
“Usamos esa base de los 80 porque es lo suficientemente lejana como para saber si hay un cambio significativo y porque hay buenos datos satelitales y de temperaturas. Así, podemos determinar que esos cambios son ocasionados no por variabilidad natural sino por el cambio climático, que es a largo plazo”, precisó.
La especialista señaló que en el encuentro entre el Río de la Plata y el mar ya se dan condiciones favorables para la transmisión. “Por eso se debe empezar a monitorear la costa, porque si bien todavía son aguas bastante frías, a medida que la temperatura aumente se pueden llegar a dar más casos”, agregó.
El agua más caliente también trae mosquitos y vinchucas
El incremento de la temperatura del agua no solo favorece a las bacterias: también crea ambientes aptos para vectores como mosquitos y vinchucas, portadores de diversas enfermedades. Los récords de temperatura oceánica que se vienen encadenando desde 2023 se atribuyen a la actividad humana.
“Estamos viendo que el cambio climático es uno de los factores principales del aumento agudo de las temperaturas del agua registrado a nivel global. Además, han cambiado los patrones de precipitaciones y de humedad, generando condiciones aptas para la transmisión o reproducción de esos vectores. Se empiezan a esparcir más, sobre todo en latitudes más bajas, donde hace algunas décadas las condiciones eran demasiado frías para que esos vectores sobrevivieran y, ahora, se ven cada vez más hacia el sur”, expresó Romanello.
Inundaciones, humo y calor: una crisis sanitaria
El informe sostiene que estos problemas de salud deben abordarse de forma integral, porque el clima no cambia solo: cambia el ambiente del que depende el bienestar humano. Romanello lo resumió así: “Cuando hablamos de cambio climático no hablamos sólo del clima, sino que lo hacemos sobre un cambio en el ambiente del que depende nuestra salud”.
Como ejemplo citó las inundaciones por las crecidas de los ríos Paraná y Uruguay, que dejan daños físicos y psicológicos. “Se vuelve un problema de salud pública”, afirmó. Y sumó otros frentes: “Estamos cada vez más expuestos a vectores que transmiten enfermedades, como mosquitos y garrapatas. También a eventos extremos, como incendios forestales y el humo que generan, o las olas de calor. No está cambiando solamente el clima sino que también cambian los riesgos para la salud de las personas, por eso esta es una crisis de salud pública”.
El décimo informe de la comisión también concluyó que los riesgos sanitarios asociados al cambio climático crecieron más rápido entre 2015 y 2025 que en la década previa. Ese corte no es casual: es la primera década con el Acuerdo de París en vigor, firmado por casi 200 países que se comprometieron a frenar el aumento de la temperatura global promedio, entre otras metas.