El mapa oculto de los vuelos narcos en el NOA: así opera la red que desafía a la Justicia

¿Cómo logran burlar los controles? El modus operandi de las bandas que usan avionetas para traer cocaína a Tucumán y el resto del NOA.

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El mapa oculto de los vuelos narcos en el NOA: así opera la red que desafía a la Justicia
El mapa oculto de los vuelos narcos en el NOA: así opera la red que desafía a la Justicia

El norte argentino se convirtió en un corredor aéreo del narcotráfico. Más de 190 vuelos irregulares fueron detectados en solo seis meses, pero apenas cinco pudieron ser vinculados con cocaína. ¿Qué se esconde detrás de esa diferencia? Una estructura logística que combina avionetas, pistas clandestinas y equipos terrestres listos para actuar en minutos.

Salta lidera el ingreso desde Bolivia, pero Tucumán y Santiago del Estero son piezas clave en el rompecabezas. Las investigaciones judiciales de 2026 revelaron un sistema con roles definidos: pilotos, baqueanos, receptores, choferes y encargados de acopio. La fragmentación no es casualidad: protege a los líderes de la organización.

¿Cómo consiguen las aeronaves?

Según los expedientes, las bandas reclutan pilotos jóvenes en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Las aeronaves pueden ser robadas o tener matrículas duplicadas. La droga se recoge en el sur de Perú o el norte de Bolivia antes de cruzar hacia Argentina.

La Cessna 210 Centurion aparece como una de las favoritas. Supera los 300 km/h, tiene una autonomía de 1.600 kilómetros y puede operar en pistas cortas o caminos rurales. Eso explica por qué el tráfico aéreo es tan difícil de frenar.

Dos modalidades para ingresar la droga

Las investigaciones identificaron dos métodos principales. El primero: aterrizar, descargar rápido y, si hace falta, cargar combustible para volver. El segundo: el llamado “bombardeo”, que consiste en arrojar los paquetes desde el aire en un punto preestablecido.

En ambos casos, la estructura terrestre es fundamental. Los baqueanos, conocedores de caminos y campos, eligen el lugar exacto y coordinan el movimiento posterior. Una vez que la cocaína toca tierra, comienza una carrera contra el tiempo para retirarla antes de que lleguen las fuerzas de seguridad.

Casos que muestran el modus operandi

En Rosario de la Frontera, Salta, dos pilotos bolivianos aterrizaron una Cessna en una pista clandestina de una finca. No presentaron plan de vuelo y usaron una ruta no autorizada. En tierra, otro grupo esperaba para almacenar la carga y luego enviarla a Córdoba o Buenos Aires.

En Santiago del Estero, una avioneta Cessna 150 apareció abandonada en un bañado entre Argentina y Selva. No había rastros de cocaína y la matrícula era apócrifa. La hipótesis: los ocupantes fueron rescatados y el cargamento retirado antes de la llegada de los investigadores.

Tucumán también está en el mapa. El 4 de junio, Gendarmería detuvo a un hombre con 470 kilos de cocaína en una Toyota Hilux. Se cree que la droga llegó por aire al departamento Famaillá y luego fue trasladada a un campo en Atahona, desde donde continuaría hacia Santa Fe o Buenos Aires.

El desafío de controlar el cielo del NOA

La ANAC registra decenas de pistas declaradas en el NOA, además de aeropuertos y helipuertos. Pero a eso se suman los lugares no habilitados: caminos rurales, campos acondicionados y terrenos alejados. Controlar semejante extensión es casi imposible.

El fiscal federal de Salta, Ricardo Toranzos, advirtió que las organizaciones se adaptan rápido. “Cuando descubrimos una modalidad, ellos la cambian”, dijo. Hoy se ven operaciones de 300 o 400 kilos que aterrizan en campos o rutas del interior.

La ruta continúa por tierra

Superar la frontera no es el final. Desde Salta, los corredores terrestres llevan la droga hacia Santiago del Estero y Tucumán, y de ahí al centro del país. También hay conexiones hacia Chaco, Corrientes, Brasil y Paraguay. La ruta 34 es uno de los ejes principales.

Por eso, las investigaciones ya no apuntan solo a interceptar avionetas. El objetivo es desarticular toda la red: financiadores, proveedores de aeronaves, pilotos, dueños de pistas, receptores, transportistas y quienes lavan el dinero. La fragmentación dificulta llegar a los líderes, que se esconden detrás de intermediarios y empresas fachada.

Los casos recientes en Salta, Tucumán y Santiago del Estero confirman un patrón: el vuelo es solo el comienzo. Cuando la avioneta desaparece, la cocaína sigue viajando por tierra durante cientos de kilómetros. Y detrás, una organización lista para recibirla, esconderla, venderla y convertir el dinero sucio en ganancias legales.

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