El mapa oculto de las librerías de Rosario: un ecosistema que resiste y crece

Rosario tiene 22 librerías independientes y 27 editoriales, pero el dato que más llama la atención es otro: quiénes compran más libros. Mientras el sector celebra números récord de visitantes, también enfrenta cierres y una crisis que aprieta. La contracara de un ecosistema que se niega a desaparecer.

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El mapa oculto de las librerías de Rosario: un ecosistema que resiste y crece
El mapa oculto de las librerías de Rosario: un ecosistema que resiste y crece

En Rosario, las librerías son mucho más que simples comercios: se convirtieron en verdaderos centros culturales donde se tejen encuentros, clubes de lectura y ferias que trascienden la venta de ejemplares. Un relevamiento de la ciudad revela un entramado que incluye desde independientes hasta usadas, con una particularidad que llama la atención: las mujeres son las que más libros compran, una tendencia que se replica en la industria editorial y que se nota en el día a día de los locales.

Según un librero experimentado, los jóvenes siguen ese mismo camino, y son las mesas de libros infantiles las que marcan las mayores tendencias de venta. Esto se evidenció dos semanas atrás, cuando el sector se unió para frenar un intento de modificar la ley que protege el precio fijo de los libros desde 2001. La movida no solo cerró filas, sino que le dio agenda al tema.

Números que sorprenden

La ciudad cuenta con 22 librerías independientes o de cercanía, de las cuales 14 integran la Cámara de Librerías Independientes de Rosario (Calir). A eso se suman 13 librerías de usados, 3 de cadenas y 27 editoriales independientes. Para dimensionar: en todo el país hay unas 1.600 librerías y 200 locales de grandes cadenas.

Un punto alto de este ecosistema es la Feria Internacional del Libro de Rosario, que en su edición 2025 superó las expectativas con más de 350 mil visitantes y buenas ventas en los stands. La apuesta para este año es potenciar ese éxito, con una nueva edición prevista del 8 al 18 de octubre en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. Sin embargo, no todo es color de rosa: en los últimos tiempos cerraron tres librerías.

Voces del sector

José “Perico” Pérez, fundador de la librería y editorial Homo Sapiens, define a las librerías como “motores culturales donde se hacen actividades, encuentros, clubes literarios que están de moda, y para las editoriales pequeñas y medianas, es el lugar donde pueden mostrar y comercializar lo que publican”. Para él, el año 2001 fue un punto de inflexión: las leyes de fomento de la lectura y el precio fijo triplicaron las novedades, duplicaron las editoriales y multiplicaron las librerías independientes. Ese proceso, dice, hoy es blanco del “afán desregulador”, pero el sector entero –autores, editores, libreros, diseñadores, distribuidores, correctores e ilustradores– se unió para defenderlo.

Desde Paradoxa, Enrique Rey confiesa que su oficio nació de la lectura y la curiosidad: “Siempre anduve rondando librerías, viendo catálogos, lomos de libros, siempre queriendo estar cerca de ellos”. Su local trabaja con catálogos profundos de ciencias sociales, literatura, autoayuda e infantiles. Y celebra la conformación de Calir: “Ya nos vamos moviendo como cuerpo colegiado”.

Rey también da un dato de contexto sobre las ventas: “Las ventas del Día del Niño fueron iguales que el año pasado si se tiene en cuenta la venta por promociones con tarjetas bancarias, con cuotas sin interés”. Aun así, advierte que el libro es un “bien elástico” y que en crisis es lo primero que se deja de consumir. “Hay una suerte de tenaza que aprieta el mundo del libro”, resume.

Nuevas generaciones y usados

Martina Mainelli, secretaria de Calir, cuenta que la cámara nació de las nuevas generaciones de familias de libreros para fortalecer el sector. Entre sus logros, menciona la Feria del Libro Infanto Juvenil, realizada en julio en el Galpón 11, y una próxima actividad en el Museo de la Memoria. También llevaron libros a los niños internados en el Hospital Vilela. “El libro es un bien cultural, no es un objeto cualquiera”, enfatiza.

Por el lado de las librerías de usados, Mariana Chyla, de El Pez Volador, explica que son una opción para quienes buscan clásicos, precios accesibles o trueque. Su negocio familiar arrancó con un caballete en los años 90 y hoy forma parte del Círculo de Librerías de Viejo de Rosario, que organiza ferias propias dos veces al año. La próxima será en noviembre en el Espacio Cultural Universitario (ECU).

Autores y autopublicación

La autopublicación también tiene su lugar. María Inés Cruz, publicista y autora de literatura infantil, logró que su saga Secretos del Agua se use en escuelas y esté disponible en el Acuario de Rosario. Para ella, el desafío es que el autor participa en todo el proceso, “incluido el circuito de distribución y venta”.

María del Carmen Díaz González, presidenta de la filial Rosario de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade), sugiere a sus afiliados “editar los propios libros” como salida ante la crisis. Con 200 asociados, destacan el rol de las ferias y la estrategia de dejar ejemplares en consignación en las librerías.

Gustavo Battistoni, escritor y conferencista, resume el sentir de muchos: “Una librería es un universo inagotable... Los libros nos hacen mejores, nos plantean utopías que indican el camino en el que nos enriquecemos”. En Rosario, ese universo sigue más vivo que nunca.

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