El ladrillero que emocionó al Papa hoy vende hasta la garrafa para comer: su desesperado pedido
El artesano que en 2017 le llevó un ladrillo al Papa hoy no tiene para pagar la luz y denuncia que la política le dio la espalda. Vende hasta sus muebles para darle de comer a sus hijas y pide ayuda para volver a trabajar.
Julio Alegre, el artesano del barro que en 2017 le entregó un ladrillo al Papa Francisco, hoy atraviesa el momento más difícil de su vida. Una grave afección en la columna lo dejó incapacitado para trabajar y, sin ingresos, tuvo que vender sus pertenencias para poder alimentar a su familia.
Con 46 años, Julio lleva en la sangre el oficio de los hornos de ladrillos, un trabajo que aprendió desde niño y que ahora le pasó factura. Criado en el desamparo, se radicó en Paraná a los 10 años y desde entonces su vida estuvo ligada al barro. Pero las hernias en su columna, producto de años de esfuerzo, lo obligaron a someterse a una operación cuya recuperación se extendió mucho más de lo previsto.
Vendió todo para sobrevivir
El hombre, que convive con su esposa desde hace dos décadas y tiene tres hijas en edad escolar, vio cómo su enfermedad paralizó los ingresos del hogar. Sin red de contención, tomó decisiones desesperadas para garantizar el plato de comida diario y pagar servicios básicos como la luz.
"Tuve que vender un freezer, vendí la tele... hasta la garrafa de gas vendí para sobrevivir", relató a UNO con visible dolor. Hoy intenta retomar tareas livianas, pero sabe que no alcanza para sostener a su familia.
Salud en jaque y abandono político
La cirugía de columna fue "bastante brava", según sus propias palabras. Los médicos le extendieron el reposo cuatro meses más con un fuerte tratamiento para desinflamar los nervios, pero los dolores persisten. Si no mejoran, deberá ser intervenido nuevamente en enero.
"Anduve con este dolor por tantos años de trabajar duro en los hornos de ladrillo... Mi operación fue bastante brava. En un principio, pensé que eran de tres meses nomás para la recuperación, pero al final la cosa demoró mucho más de lo que yo esperaba", expresó.
La situación en su casa es límite: "La situación que estamos viviendo en casa con mi señora y mis tres nenas es muy difícil y no me permite quedarme quieto. Hablé con los doctores y les pedí si podía hacer algo; ellos me entendieron y me dijeron que me iban a dar calmantes para que pueda hacer algo", agregó.
Pese a ser un trabajador reconocido en la zona, Julio denuncia el silencio de la política: "Desde la parte política muchos me conocen pero no me dan bolilla". De hecho, asegura que solo logró acceder a la cirugía gracias a los medios de comunicación locales.
El ladrillo que llegó al Vaticano
En 2017, Julio fue noticia cuando un ladrillo hecho por él fue bendecido por el Papa Francisco. En ese entonces, trabajador de la Cooperativa Ladrillera de Entre Ríos, viajó a Buenos Aires y entregó el bloque de arcilla a Enrique Palmeiro y Guido Savall, del Movimiento Misioneros de Francisco y Scholas Ocurrentes, quienes lo llevaron a Roma y lo presentaron al Sumo Pontífice.
Un pedido desesperado para volver a empezar
Julio solo pide una mano para salir adelante. Su mayor deseo es recuperar la autonomía y volver a trabajar dignamente. "Yo pido a la gente que me ayude con lo que pueda. Mi idea es poder hablar con alguien para que colabore conmigo en el pisadero, haciendo lo que yo por mi operación todavía no puedo pero no cuento con los medios económicos", contó.
Detrás de este esfuerzo hay un objetivo claro: que sus hijas no hereden la dura vida del barro. "A mí me gustaría que sea otra vida para ellas, que estudien y tomen otro camino, que no vivan nunca de los hornos, porque es una esclavitud", confesó.
Quienes quieran colaborar pueden comunicarse al 343 5089114 o al alias cajon.norte.truco.