El lado oscuro de los chistes y memes: cómo la violencia se camufla en lo cotidiano
Chistes, memes y comentarios cotidianos: ¿son la puerta de entrada a la violencia más extrema? Especialistas analizan cómo operan estas formas de agresión que suelen pasar desapercibidas.
A once años del primer Ni Una Menos, las cifras de femicidios no ceden y los casos que conmueven al país se repiten. Pero antes del golpe fatal, hay un caldo de cultivo silencioso: chistes, memes y comentarios que naturalizan la agresión. Especialistas advierten que estas violencias simbólicas son la antesala de tragedias como el crimen de Agostina Vega.
Según el último informe del Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano, cada 30 horas una mujer es asesinada en Argentina en contexto de violencia de género. Desde 2015 hasta 2026, se registraron 3424 víctimas y 3840 niños quedaron sin madre. Datos que golpean y obligan a preguntarse: ¿por qué, pese a las marchas y campañas, no baja la violencia?
¿Qué hay detrás de un chiste machista?
“Rita Segato sostiene que el patriarcado es como el aire que respiramos”, señala la licenciada Silvana Bustos (MP 3364). “A veces es difícil detectarlo y darnos cuenta en qué momento estamos, incluso nosotras mismas, sosteniendo conductas machistas”.
El caso de Agostina Vega, asesinada a los 14 años por alguien de su entorno, reactivó comentarios que culpabilizan a la víctima. “Frases como ‘si no hubiera hecho esto’ ponen el foco en la víctima, como si pudiéramos discriminar entre una buena o mala víctima”, explica Bustos.
Para Julieta Balonchard (MP 8311), licenciada en Psicología de la UNR, “reducir el feminismo a un asunto de mujeres o pensar que el machismo es propiedad de los hombres esteriliza el debate”. Y agrega: “Lo novedoso es la creciente crueldad de las manifestaciones actuales, tanto en la ferocidad de quienes ejecutan la violencia como en el silencio de quienes la callan”.
Violencias simbólicas que se potencian en la era digital
Daniela Gasparini, licenciada en Psicología (UBA) especializada en trata y ciberdelitos, afirma: “Chistes, memes, descalificaciones y la tendencia a sexualizar a las mujeres son violencias simbólicas invisibles pero efectivas, que terminan siendo el caldo de cultivo para otras violencias”.
En la era digital, estas dinámicas se potencian con grooming y deep fakes sexuales que afectan a cientos de miles de niñas. “La pulsión agresiva no es exclusiva de un género, pero la cultura la avala en los varones desde pequeños: cuando se dice que los niños son ‘más físicos’, se naturaliza una disposición a la descarga corporal”, argumenta Balonchard.
¿Cómo desandar el camino?
Las especialistas coinciden en que visibilizar y poner en palabras estas problemáticas es clave. “La violencia física y el femicidio son las expresiones más visibles, pero antes hubo un montón de violencias avaladas por una estructura desigual”, sostiene Gasparini.
Balonchard propone “sostener espacios de diálogo con los jóvenes” para contrarrestar el consumo en loop de información que nos vuelve espectadores del horror. Y Bustos recuerda: “Los procesos sociales no son lineales; lo que hoy vemos como retroceso puede ser el impulso para una sociedad libre de violencias”.
La lucha de décadas ha logrado conquistas, pero el desafío sigue siendo identificar esos mecanismos cotidianos antes de que deriven en daños irreparables. Como dice el cántico: la culpa no está en dónde estaba ni cómo vestía.