El lado oscuro de la campaña antiargentina: una psicóloga revela por qué caemos en la trampa emocional
¿Por qué compartimos contenido viral sin verificar? Una psicóloga tucumana explica el mecanismo cerebral detrás de la campaña antiargentina y cómo la emoción nos gana a la razón.
Detrás de la viralización de la campaña antiargentina en redes sociales hay un mecanismo cerebral que pocos conocen. La emoción se impone a la razón, y eso explica por qué compartimos sin pensar. Carmina Varela, psicóloga tucumana, lo analiza en detalle.
“Desafío es hablar de este tema sin hacer lo que está pasando en todos lados, que es simplemente dar una opinión. La idea es analizar desde la psicología cómo esto nos sirve para entender otras cosas y llevarlo a nuestra vida cotidiana”, explicó la especialista a LA GACETA.
¿Por qué creemos en lo que dice un famoso?
Varela señala que uno de los pilares del fenómeno es el sesgo de autoridad: tendemos a darle más valor a lo que dice una persona reconocida, aunque no sea experta. “Confundimos popularidad con autoridad. Muchas veces no cuestionamos de dónde viene esa información. Si te lo dice un amigo quizás preguntás de dónde lo sacó, pero cuando lo dice un actor, una cantante, un futbolista, un político o un influencer, no siempre nos detenemos a pensar si es una opinión o un hecho comprobado”, advirtió.
La psicóloga alertó que las redes se convirtieron en un nuevo currículum, pero eso tiene un lado peligroso: “Hoy buscás un profesional y una de las primeras cosas que mirás son sus redes: cuántos seguidores tiene, qué publica, qué contenido genera. Eso tiene cosas positivas, pero es peligroso confundir popularidad con autoridad”.
La emoción manda, la razón obedece
“Primero sentimos y después pensamos”, resume Varela. El cerebro emocional evolucionó millones de años antes que el racional, por eso reaccionamos antes de analizar. Las redes lo saben y apelan al enojo, el miedo o la sorpresa para viralizar contenidos. “Cuando se busca un gancho para una publicación o un título, se intenta generar una reacción. Puede hacerse de manera ética o no, pero lo cierto es que lo emocional tiene mucha fuerza”, sostuvo.
Además, el cerebro tiende a clasificar rápido: bueno o malo, amigo o enemigo. “El problema aparece cuando esa necesidad de ordenar la realidad se transforma en un pensamiento rígido”, explicó.
“Nosotros contra ellos”: el germen del fanatismo
Para Varela, la lógica de enfrentamiento entre grupos es clave. “Esto de nosotros contra ellos podría aplicarse a cualquier situación: Argentina contra otro país, un grupo contra otro, una idea contra otra. Necesitamos ubicarnos, saber de qué lado estamos”, señaló. Ese pensamiento dicotómico es propio de la infancia; la madurez implica aceptar diferencias sin verlas como amenazas.
“Cuando somos chicos pensamos en términos de todo o nada: si no estás conmigo, sos mi enemigo. Con el crecimiento aprendemos que podemos no coincidir en algo y, sin embargo, compartir muchas otras cosas”, dijo. El riesgo, alertó, aparece cuando una opinión se convierte en convicción fanática. “Los grandes hechos de violencia de la historia partieron de mecanismos similares: alguien que sostuvo que su verdad era la única y que quien estaba en contra debía ser eliminado. Por eso hay que prestar atención a estos procesos, aunque parezcan pequeños”, agregó.
Libertad de expresión con límites
Varela remarcó que “libertad de expresión no significa libertad de acción. Las personas pueden tener opiniones, pero las palabras tienen impacto”. Quienes tienen exposición pública cargan con una responsabilidad extra: “Todo aquel que tiene una cámara, un micrófono o una plataforma tiene influencia. Hay una responsabilidad en lo que transmitimos, especialmente porque las generaciones más jóvenes son muy permeables”.
Como herramientas para afrontar estos fenómenos, la psicóloga propuso diferenciar hechos de opiniones, debatir sin agresiones y sostener convicciones sin transformar al otro en enemigo. “Hay que preguntarse cuáles son los hechos y cuáles son las interpretaciones. Podemos pensar distinto sin atacarnos. La libertad de expresión también implica responsabilidad”, concluyó.
