El juego de las tres damas de hierro que tiene a Milei contra las cuerdas

Karina ordena, Bullrich desafía y Villarruel espera. El escándalo Adorni destapó las grietas del poder libertario. ¿Podrá Milei contener a sus tres damas de hierro?

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El juego de las tres damas de hierro que tiene a Milei contra las cuerdas

El escándalo que envuelve a Manuel Adorni destapó una verdad incómoda puertas adentro del Gobierno: el poder ya no es tan vertical como pretenden mostrarlo. Karina Milei, Patricia Bullrich y Victoria Villarruel se mueven con estrategias propias en medio de la tormenta, mientras el Presidente intenta recordar que “el presidente soy yo”.

Una fuente de alto rango que conoce al mandatario desde antes de llegar a la Casa Rosada describió la situación con crudeza: “Milei está cada vez más aislado. Y, claro, ellas aprovechan: las tres damas de hierro se mueven rápido para defender su propio juego”. El análisis se dio en una charla con condiciones de hermetismo extremo, donde se pidió dejar teléfonos y dispositivos en un locker custodiado por la Policía Federal.

¿Quién ordena el tablero?

Karina Milei, la “Hermanísima”, concentró sus esfuerzos en ordenar el tembladeral con su presencia todopoderosa. Su jugada más reciente fue viajar a San Juan para la Expo Minera, llevándose a Diego Santilli, Martín “Lule” Menem y Juan Bautista Mahiques, y dejando a su amigo “Manu” en Buenos Aires. La delegación tenía altas dosis de karinismo y una ausencia llamativa: Adorni. El objetivo, según fuentes libertarias, era demostrar que hay vida más allá del escándalo.

Patricia Bullrich, en cambio, se convirtió en la voz de los que quieren marcar distancia antes de quedar atrapados en el barro. “Quizás no tiene el cuero tan duro”, dijo sobre Adorni, y exigió que “tiene que hacer un esfuerzo por que esto se termine lo antes posible”. La ex ministra de Seguridad no pidió la renuncia del jefe de Gabinete, pero sí hizo algo más peligroso para la lógica oficialista: exigió papeles con detalles, en público y sin avisar.

La astilla silenciosa

Victoria Villarruel no necesita declarar la guerra: le alcanza con aparecer en el momento justo. Cuando el contratista de la casa de Adorni en el country Indio Cuá dio detalles de las obras, la vicepresidenta publicó una chicana: “Una cascada de éxitos”. Más allá del chascarrillo, su postura es clara: “Karina va a terminar destrozando todo”, le escucharon decir algunos dirigentes.

Villarruel lleva meses en modo recorrida: desde su oficina del Senado promete completar su visita a las 24 provincias; le faltan Chaco, La Pampa y San Juan. “Javier se la pasa en Estados Unidos y Victoria duerme abrazada a una bandera de Argentina”, comparan a su lado. En el Círculo Rojo la observan con atención: ven a una rara avis que mira el desgaste del oficialismo con distancia prudencial.

Así las cosas, las “damas de hierro” le muestran verdades incómodas a Milei en varios flancos: sectores que quieren ordenar pero no logran controlar, sectores independentistas que marcan diferencias sin romper y sectores que se imaginan futuros complicados en los que el violeta ya no es el color predominante. En el medio, un jefe de Gabinete presionado por la realidad que el mandamás libertario no piensa “ejecutar” pero que se transformó en una bomba que nadie termina de desactivar.

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