El jopo que hizo delirar a Neuquén: la historia del pibe al que todos llamaban Elvis
Hubo una época en que los sábados de Neuquén se organizaban alrededor de un baile, y un pibe de barrio terminó convertido en el Elvis de todo el Valle. La historia de cómo lo decidieron sus propios maestros, y qué pasó cuando la fama empezó a llenar los clubes.
Rubén Rodríguez tenía 16 años y trabajaba en la tienda La Porteña cuando empezó a tocar la guitarra. Poco después, una jugada de su maestro lo puso al frente del escenario y le cambió el nombre para siempre.
En el Neuquén de los años 60 y 70, los sábados tenían un ritual: prepararse, esperar la noche y encontrarse en el baile del club. Era una ciudad donde casi todos se conocían, y los clubes eran el corazón de esa vida social. Dos bandas marcaron esa época dorada: Los Watussi y Los Americanos.
Rubén Rodríguez fue parte de las dos. Arrancó en la música a los 16, mientras en paralelo atendía en la histórica tienda La Porteña, sobre Sarmiento.
Los Watussi, el origen
El grupo se formó en 1963. Lo integraban Mario en batería y Carlos Giménez en bajo, Omar Bazano en primera guitarra, Omar Delvas en tumbadoras (hoy un reconocido comerciante), Aníbal Campillo y Sammy Salas en voz, más el Negro Chandía. Rubén tomaba la guitarra y con el tiempo se pasó al bajo.
Los primeros ensayos eran en la casa de los hermanos Giménez, sin descanso. Años después, Mario se convertiría en uno de los grandes músicos de jazz de la región, reconocido incluso por Rubén Rada, a quien acompañó en sus presentaciones en Neuquén.
Los escenarios eran las tertulias del club Progreso de General Roca, además de las de la capital neuquina: el primer piso del Teatro Español, el colegio Don Bosco y los bailes del club Barrio Nuevo y del Pacífico.
"Las tertulias comenzaban a las 8 de la tarde y se extendían hasta las 12 o un poco más. El más importante era Pacífico. Un salón hermoso. Barrio Nuevo también explotaba de gente", recuerda Rubén. "Tocábamos en todos lados. Venía a vernos gente de todo el Valle. La gente nos seguía a Cipolletti, Cutral Co, Roca, Zapala".
Hasta el viejo auditorio de radio LU5, sobre la calle Santa Fe, sirvió para que los vecinos adoptaran a la banda como propia. En cada fiesta hacían versiones de los éxitos del momento: "Hacíamos lo que estaba de moda. Había una fuerte influencia de cumbias colombianas, música tropical y temas de Trini López".
La noche en que nació el Elvis neuquino
Mientras en el mundo Elvis Presley arrasaba con "Heartbreak Hotel", "Jailhouse Rock" y "Suspicious Minds", Omar Bazán tuvo la idea de que Neuquén tuviera su propio ídolo. Rubén estudiaba música con él y todavía le faltaba para salir a tocar, pero el parecido físico ya daba que hablar.
"Omar era muy 'bicho'; como en esa época decían que me parecía a Elvis, habló con el Negro Giménez y decidieron mandarme al frente del escenario con la guitarra", contó entre risas.
Así pasó a llamarse Elvis. "Todo el mundo me llamaba así. Y hasta el día de hoy me recuerdan de esa manera". Sobre la platea femenina, prefiere la prudencia, aunque admite: "Y bueno… Tenía más oportunidades de conquista". Y confiesa: "A veces me pedían autógrafos y también fotos".
Rubén se casó con Mirtha y tuvo tres hijos: Martín, Valeria y Maximiliano. Hace 56 años que viven en el barrio Provincias Unidas, ex barrio Comercio.
Los Watussi en la inauguración de Canal 7
La popularidad del grupo crecía y por eso fueron elegidos para la inauguración de Canal 7 Neuquén, en 1965. La emisora estaba sobre la Ruta 22, a metros de lo que era Walmart (hoy ChangoMás), casi pegada a una farmacia de Perticone y Saturnino Torres.
"Casi todos los operadores del canal trabajaban en radio LU5. Una de las grandes figuras era Milton Aguilar, locutor, periodista, recitador y poeta neuquino nacido en Bajada del Agrio. Él después fue nuestro presentador y animador", destaca Rubén. Y suma un recuerdo: "Años atrás, Milton también hizo un programa que se llamaba 'Actúe usted', en el club Independiente, que tenía su sede en la calle Carlos H. Rodríguez, a mitad de cuadra. Participamos con mi hermano".
El pase a Los Americanos
Con la chapa de estrella, Rubén dejó Los Watussi tras cuatro años y se sumó a Los Americanos, formación creada en 1963 por Ángel y Julio De Caro, que marcaría a tres generaciones de neuquinos. "Ingresé cuando tenía 20 años. Ellos ya venían tocando, con Ángel De Caro como director y un gran músico. Se completaba con su hermano Julio en batería, Raúl 'Cuervo' Coronel en guitarra, Sammy Salas, Raúl Rúa y Julio Andino en voz".
Por el grupo también pasaron Aníbal Campillo, Mario Zúñiga, Luis Apignanesi y Luis Funes. "Muchos neuquinos recuerdan a Ángel porque además fue profesor de piano, guitarra y acordeón", agrega.
Desde el 68 compartían escena con otras bandas de la zona: Los Diabólicos de Zapala (dirigidos por un joven Raúl Di Blasio, el futuro 'Piano de América'), El Cholo Perego y su orquesta Los Ángeles de Cipolletti, Los Vikin's de Cutral Co, Sonido 5, Horacio y su conjunto de Allen, Los Universales, la Típica Splendid, la Copacabana Jazz Band y la Típica Orozco.
"Con Los Americanos tocábamos de todo: música tropical, pasodobles, rancheras, tangos y hasta música italiana. Íbamos enganchando los distintos géneros".
Una postal que solo quienes vivieron esos años pueden dimensionar: "Cuando tocábamos en Pacífico y el baile estaba bien caliente, arriba, Ángel se ponía el acordeón, bajábamos del escenario -todos con algún instrumento- y sacábamos a la gente afuera". La gente se tomaba de la cintura, armaba el clásico trencito, daban la vuelta a la plaza Ministro González y volvían al salón. "Eso siempre se armaba para los carnavales".
El show tenía cuatro o cinco entradas y se extendía hasta las 6 de la madrugada. Cada set duraba una hora, con un descanso de 15 minutos. "En los bailes de Pacífico siempre se podían hacer reservas de mesas. Se llenaba todo, entraban unas 400 o 500 personas. Se movía todo Neuquén, el Valle".
Cheques en blanco y el Llao Llao
No había fines de semana libres. Para las fiestas de fin de año, los petroleros contrataban a Los Americanos con un año de anticipación. "Una locura si ahora te ponés a pensar detenidamente. En ese tiempo íbamos a Catriel por puro camino de tierra, imaginate".
"Cuando terminaba el baile ya nos ofrecían otro contrato. Se ponía la fecha y el número se dejaba en blanco. No se ponía precio hasta que se acercaba la fecha del show", detalla. El dinero alcanzaba de sobra para cubrir los gastos del mes: "Se pagaba bien".
Otra actuación que recuerda con orgullo es la del Hotel Llao Llao de Bariloche. "Fuimos contratados para el 'Brasiloche', una fiesta brasileña que tenía una sola batucada. Tocar en el Llao Llao fue una cosa de locos, un nivel tremendo. Hasta nos hospedaron ahí".
En su trayectoria, la banda fue telonera de grandes figuras: "Tuvimos la suerte de ser soporte de Los Wawancó, Los Iracundos, Sergio Denis, Juan D'Arienzo, el maestro Osvaldo Pugliese, el Grupo Uno y La Charanga del Caribe".
El final de una era
Tras diez años con Los Americanos, Rubén sintió que era momento de cerrar una etapa. "Me sentí un poco cansado y me costaba sostener el ritmo de la noche. Me fui en el año ochenta".
La partida de Ángel de Caro dejó un vacío enorme y la banda paró un tiempo. Luego tuvo una segunda vida: "Se rearmó para una segunda etapa con Julio a la cabeza y nuevos integrantes como Carla Giménez en voz y Ana Dinolfo en teclados".
Pero los tiempos habían cambiado. "Nos dimos cuenta de que la gente ya no tenía las mismas ganas que en otras épocas. Preferían otro tipo de cumbia y música tropical. El gusto popular era otro", confiesa.
Los Americanos dejaron de subir a escena en septiembre de 1992. Hoy, en su casa de la calle Borlenghi, Rubén Rodríguez sigue cerca de la música. A los 78 años, y tras haber retomado la guitarra para "volver a mover los dedos", de vez en cuando cierra los ojos y regresa, por un instante, a esos bailes que lo transformaron para siempre en el Elvis neuquino.