El jabalí avanza sin freno en Mendoza: qué hay detrás de la amenaza que preocupa a productores del Valle de Uco
El jabalí, una especie invasora, está causando estragos en Mendoza. ¿Qué medidas se están tomando para frenar su avance? Descubrí los detalles que preocupan a los productores.
El jabalí, una especie exótica que no pertenece a la fauna mendocina, se ha convertido en un dolor de cabeza para productores, ganaderos y autoridades. Su avance imparable en la provincia genera pérdidas millonarias en cultivos, daños en ecosistemas protegidos y un riesgo latente para la salud pública. La situación es tan crítica que en el Valle de Uco ya se reportan piaras cada vez más frecuentes, y los reclamos por una solución integral no cesan.
El jabalí, conocido científicamente como Sus scrofa, no es originario de estas tierras. Al igual que la liebre europea, fue introducido y encontró en Mendoza un hábitat ideal para reproducirse. “Actualmente, la población de jabalí en Mendoza se considera establecida. Es una especie que genera un conflicto a nivel ecosistémico”, explicó Santiago Furlán, vicepresidente de S.O.S Acción Salvaje.
¿Qué daños provoca el jabalí en los cultivos?
Estos animales tienen una alimentación omnívora y un comportamiento destructivo. Pueden consumir frutos, raíces, semillas, pequeños animales y hasta huevos de especies nativas. Pero lo más grave es que, al remover el suelo en busca de comida, modifican la cobertura vegetal y favorecen la erosión. En la Reserva Natural Laguna de Llancanelo, por ejemplo, las piaras destruyen nidos de aves acuáticas y usan sectores invadidos por tamariscos como refugio.
El impacto en la agricultura es devastador. Una piara puede ingresar a una propiedad y destrozar un cultivo en cuestión de horas. “Estos animales siempre se mueven en grupos. Cuando atacan una plantación, pueden dejar al productor prácticamente sin nada”, advirtió Furlán. Los daños no se limitan a la pérdida de cultivos: también rompen sistemas de riego, alambrados y otras instalaciones rurales, además de competir por alimento con el ganado.
Riesgos para la salud y la ganadería
La amenaza no es solo económica. El jabalí puede transmitir enfermedades graves tanto a animales como a personas. Según el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, estos animales intervienen en la dispersión de brucelosis, leptospirosis, triquinosis, tuberculosis y la enfermedad de Aujeszky. También son susceptibles a patologías como la fiebre aftosa y las pestes porcinas.
En el país ya se registraron casos de triquinosis en personas que consumieron carne de jabalí sin control bromatológico. Por eso, las autoridades sanitarias recomiendan no consumir carne de animales silvestres sin el análisis correspondiente. Además, los encuentros con humanos pueden terminar en accidentes viales o ataques, especialmente si el animal se siente amenazado o protege a sus crías.
El Valle de Uco, en el ojo de la tormenta
En el Valle de Uco, la preocupación es palpable. Extensas zonas cultivadas y establecimientos ganaderos conviven con montes y cauces naturales, el hábitat perfecto para el jabalí. “El Valle de Uco no está al margen de esta situación. Es una problemática compleja que afecta al ambiente, a la producción y también puede generar conflictos con las personas”, señalaron desde la organización ambiental consultada.
Si bien la caza de jabalí está permitida en Mendoza, no es tan simple. Se requiere carnet habilitante, documentación del arma y autorización del dueño del campo. De lo contrario, se considera caza furtiva y puede derivar en sanciones, secuestro de armas y vehículos.
¿Cuál es la solución?
Desde S.O.S Acción Salvaje insisten en que la caza no es suficiente. “Se necesitan más políticas de Estado para abordar esta problemática. La caza puede ser una herramienta, pero debe formar parte de un programa global de manejo de las especies exóticas invasoras”, remarcaron. Entre las medidas propuestas están el relevamiento de poblaciones, la identificación de zonas críticas, el monitoreo sanitario, sistemas de captura y la coordinación entre municipios, Provincia y Nación.
El desafío es contener la expansión del jabalí sin dañar a las especies autóctonas ni poner en riesgo a la población. Mientras tanto, los productores del Valle de Uco permanecen alerta, sabiendo que una piara puede llegar en cualquier momento y borrar en horas el trabajo de todo un año.