El insulto que encendió la chispa: cómo nació el showroom náutico único de los Lubrano en Roca
¿Qué pasó cuando un comerciante de Roca quiso comprar un motor y lo ignoraron? La respuesta cambió su vida y la de su familia para siempre. Conocé la historia detrás del showroom náutico más grande del país.
Una mirada despectiva en un local de venta de motores marinos fue el detonante. Sergio Lubrano había ahorrado durante meses para comprar el motor de su pequeño bote, pero al llegar al comercio, vestido con su ropa de trabajo, sintió que no lo tomaban en serio. Con el dinero en el bolsillo, decidió regresar a Roca sin concretar la compra. Esa noche, al contarle la experiencia a su padre, Juan Carlos, recibió una respuesta que marcaría el destino de la familia: “Vamos a hacer lo que nos gusta. Vamos a poner una náutica y vamos a atender a la gente como tiene que ser”.
Lo que comenzó como una anécdota frustrante se transformó en el origen de Naval Patagonia, un emprendimiento familiar que hoy cuenta con un showroom que las propias fábricas y astilleros del país reconocen como único en Argentina por sus características.
De una mueblería a echar raíces en Roca
La historia de los Lubrano en General Roca se remonta a fines de los años 70, cuando parte de la familia llegó atraída por el movimiento comercial de la ciudad. Los primeros negocios estuvieron vinculados a una mueblería, artículos de hogar y productos de camping, que incluían desde mesas y sillas hasta pequeños botes y canoas.
Con el paso de los años, sumaron el transporte a sus actividades. Sergio creció prácticamente arriba de los camiones, mientras su hermano Carlos quedó al frente de la mueblería. “Una familia unida es nuestro más valioso capital”, afirman los Lubrano, que trabajan juntos sumando esfuerzo y proyección a su actividad comercial.
La pasión náutica venía del padre, que tuvo su primera embarcación en 1968, mucho antes de imaginar que sus hijos convertirían esa afición en un negocio. “Esta actividad nosotros la hacemos por pasión”, explica Sergio, quien reconoce que hubo temporadas buenas y otras en las que el negocio apenas alcanzaba para sostenerse, pero los otros rubros familiares les permitieron seguir apostando.
La decisión de crecer en Roca
Cuando llegó el momento de dar el salto a un espacio de mayor escala, los Lubrano tuvieron algo claro: querían hacerlo en Roca. Sergio observa que las fronteras entre Río Negro y Neuquén son cada vez más pequeñas en la vida cotidiana, y habla de una gran área metropolitana donde miles de personas se trasladan permanentemente entre Roca, Allen, Cipolletti, Neuquén y otras localidades para trabajar, comprar o realizar actividades.
Desde esa mirada, crecer en Roca no significaba alejarse del principal movimiento económico de la región, sino apostar por la ciudad donde la familia había construido su historia. El desafío fue enorme: el lugar que consiguieron necesitaba una transformación profunda. Pintura, pisos, revestimientos y diferentes sectores fueron tomando forma paulatinamente. Sergio calcula que estuvieron entre cuatro y cinco años trabajando para llevarlo al estado actual.
El resultado permite algo que no siempre ocurre en el mercado náutico: que el cliente pueda ver las embarcaciones, recorrerlas, comparar modelos y subirse antes de decidir una compra. Según cuenta Sergio, las propias fábricas y astilleros que representan les han señalado que no existe en Argentina otro showroom con esas características. Para la familia, el reconocimiento tiene un valor especial por haberlo conseguido en General Roca.
Una empresa donde la familia sigue haciendo casi todo
A pesar de la escala alcanzada, la estructura conserva una característica de aquellos primeros comercios: los Lubrano trabajan en familia. Durante años, cuando debían viajar para buscar embarcaciones, podían salir tres camiones: uno manejado por Juan Carlos y los otros por sus hijos. El paso del tiempo cambió aquella postal y el padre ya no conduce como antes, pero continúa acompañando el proyecto.
Carlos mantiene una relación más estrecha con el negocio de los muebles, mientras Sergio está especialmente abocado a la náutica y a los viajes. También participan otros integrantes de la familia, y ya es la tercera generación que empieza a incorporarse a la historia.
Sergio asegura que la forma de trabajar también es una herencia de Juan Carlos: “Las cosas hay que hacerlas para los demás como si fuese para vos. Siempre prestar atención y estar disponible en la post-venta”. En la náutica significa, por ejemplo, no recomendar un motor de menor potencia solamente para cerrar una operación si saben que no será suficiente para esa embarcación. También significa darle importancia a lo que ocurre después de la venta.
Una historia que ya cruzó las fronteras de la región
El crecimiento también amplió el origen de sus clientes. Ya no llegan solamente desde Roca y el Alto Valle. Naval Patagonia, gracias a la publicidad del boca en boca, recibe llamados desde distintos puntos del país. Sin embargo, la base continúa donde empezó la historia.
Juan Carlos sigue acompañando a sus hijos. Carlos sostiene especialmente la rama de los muebles. Sergio está al frente de buena parte de la actividad náutica. Y una tercera generación ya comienza a involucrarse.
La historia de los Lubrano puede contarse a través de una mueblería, del comercio, de kilómetros recorridos arriba de camiones o de aquel pequeño bote que despertó una pasión familiar. Casi medio siglo después de sus primeros pasos en Roca, aquella familia que llegó detrás de una oportunidad comercial construyó en la misma ciudad un showroom que las firmas con las que trabajan consideran único por sus características en Argentina.