El INDEC dice que hay 15,4 millones de pobres, pero tres estudios apuntan a un número mucho peor

El INDEC informó que el 32,3% de la población es pobre y que la indigencia subió al 7,5%. Hasta ahí, la foto oficial. Pero tres investigaciones económicas sostienen que el número real es bastante más alto y apuntan a un problema de método: qué se mide, cómo se mide y qué queda afuera. ¿Cuántos pobres hay en realidad?

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El INDEC dice que hay 15,4 millones de pobres, pero tres estudios apuntan a un número mucho peor
El INDEC dice que hay 15,4 millones de pobres, pero tres estudios apuntan a un número mucho peor

La pobreza volvió a crecer con Javier Milei. Según el INDEC, el 32,3% de la población quedó por debajo de la línea de pobreza en el primer semestre de este año, frente al 28,2% del semestre anterior. La indigencia, a su vez, trepó del 6,3% al 7,5%. Son las cifras oficiales, pero varias investigaciones sostienen que la foto real es bastante más dura.

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) señala que los datos oficiales están subestimados por tres razones: cambios en la captación de ingresos no laborales, inconsistencias en los ingresos de trabajadores no registrados y una subestimación de la canasta básica total.

El economista Alfredo Serrano Mancilla, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), también cuestiona las estadísticas del INDEC y sostiene que la cifra oficial de 15,4 millones de pobres no refleja la realidad. Apunta contra tres factores: el umbral basado en pautas de consumo de 2004 (con ponderadores de 2017-2018 o 2024-2025, dice, la cantidad de pobres sería mucho mayor); los ingresos de los trabajadores informales, que estarían inflados por una nueva metodología sin anclaje en la realidad; y la situación de las familias que alquilan, ya que se computa un costo de alquiler muy inferior al real y una proporción de inquilinos que no se corresponde con la realidad.

La consultora Equilibra, de Martín Rapetti, va en la misma dirección. "Una estimación preliminar de nuestra medición alternativa de pobreza (que corrige por subdeclaración de ingresos y contempla canastas actualizadas de la ENGHo 2017/18) arroja que la incidencia de la pobreza roza el 45%", afirman.

La pobreza que no se mide solo con el bolsillo

La pobreza monetaria muestra con rapidez el deterioro de los ingresos, pero no alcanza para conocer las condiciones de vida de la población. Para eso existen las mediciones multidimensionales.

La CEPAL elaboró un Índice de Pobreza Multidimensional para América Latina, junto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Comprende cuatro áreas (vivienda, salud, educación y empleo y pensiones), utiliza doce indicadores y considera pobre a quien acumula privaciones que representan al menos un tercio del peso total. El ingreso monetario no forma parte de esa cuenta.

No se trata solo de preguntar cuánto gana una persona, sino de conocer las condiciones de su vivienda, si dispone de agua potable y cloacas, si pudo completar su educación o si enfrenta carencias vinculadas con el trabajo y la protección previsional.

Según el Anuario Estadístico de la CEPAL de 2024, la pobreza multidimensional argentina alcanza al 12,2% de la población. Chile registra 2,8%; Uruguay, 4,6%; y Costa Rica, 5,4%. Con porcentajes más elevados aparecen Colombia (27,0%), Perú (27,3%), México (29,1%) y Paraguay (42,5%).

Argentina conserva ventajas relativas frente a buena parte de la región en esas condiciones, pero no están garantizadas: sostenerlas y reducir las carencias que persisten requiere inversión pública, y el ajuste económico de Milei va en sentido contrario.

Un aumento del ingreso de bolsillo puede convivir con el deterioro de un servicio público, que termina trasladando mayores costos a las familias. La reducción del gasto público mejora el resultado fiscal, pero empeora las condiciones de vida de una parte de la sociedad. Ese deterioro no aparece, inicialmente, en la tasa de pobreza monetaria.

Necesidades Básicas Insatisfechas: qué dicen los últimos datos

Otro modo de evaluar las privaciones es el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que el INDEC comenzó a utilizar en 1984. Es un método directo, parecido al de la pobreza multidimensional, que evalúa si los hogares satisfacen cuatro dimensiones: vivienda adecuada, condiciones sanitarias, asistencia escolar y capacidad de subsistencia.

Para medirlas se identifican cinco indicadores con umbrales mínimos: hacinamiento (más de tres personas por cuarto, excluyendo baño y cocina), vivienda precaria (pieza de inquilinato, casilla o construida con materiales frágiles o desechos), hogares sin retrete, hogares con al menos un niño de entre 6 y 12 años que no asiste a la escuela, y capacidad de subsistencia (cuatro o más personas por miembro ocupado, cuyo jefe no haya completado el tercer grado de la primaria).

El último dato oficial de NBI corresponde al Censo 2022: el 6,7% de los hogares del país tenía NBI y en ellos vivía el 9,4% de la población. La proporción bajó respecto del Censo 2010, cuando se ubicaba en el 9,1%.

La vara de cada país y la manipulación macrista

Cada país construye su canasta de consumo básico y define el umbral de ingresos a partir del cual identifica a una persona como pobre. Las exigencias no son idénticas, tampoco las formas de registrar los recursos de los hogares ni la cobertura territorial de las encuestas. Si una sociedad fija un umbral más alto, habrá personas clasificadas como pobres que dejarían de serlo bajo una línea menos exigente. Presentar esas tasas en un ranking regional sin advertir esas diferencias induce a conclusiones equivocadas.

Un informe del Banco Mundial con estimaciones para 2024 utilizó una línea común de 8,30 dólares diarios por persona a paridad de poder adquisitivo de 2021. El resultado fue 15,2% de la población pobre en los centros urbanos de Argentina, frente a 20,5% en Paraguay y 36,2% en Perú.

En 2016, el gobierno de Mauricio Macri alteró la metodología de medición para elevar el umbral de pobreza. El macrismo usó ese cambio para publicitar que el kirchnerismo había dejado una cantidad de pobres más elevada. Durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, la oposición afirmaba que la pobreza superaba el 30%. La nueva medición del macrismo dio, por la magia estadística, ese porcentaje.

El estudio de CIFRA-CTA "Cambios metodológicos en la medición de la pobreza en Argentina. Revisión y construcción de series homogéneas", de abril de 2019, permite dimensionar esa alteración. Al reconstruir las cifras del segundo trimestre de 2015, se obtuvo una tasa de pobreza de 19,3% con la metodología original y de 30,5% con la nueva. El primer resultado del INDEC con la nueva metodología fue de 32,2% para el segundo trimestre de 2016, lo que implicaba unos 14 millones de pobres, la misma cifra que Macri había difundido antes de asumir.

Esa discusión sobre el nivel de la canasta no anula el aumento de la pobreza con Milei en la última medición del INDEC, porque la suba reciente se registra dentro del mismo marco de medición.

La brecha de pobreza: cuánto falta para salir

La brecha de pobreza mide cuánto dinero les falta a los hogares pobres para alcanzar el valor de la canasta básica total. En el primer semestre de este año fue de 35,9%. El ingreso familiar promedio de esos hogares llegó a 922.755 pesos, frente a una canasta promedio de 1.440.395 pesos: faltaban 517.640 pesos. Para cubrir esa diferencia, el ingreso promedio tendría que aumentar aproximadamente un 56%, manteniendo fijo el valor de la canasta.

Serrano Mancilla aporta otro elemento con los "casi pobres". Una persona con 100 pesos más de lo que indica el umbral es considerada "no pobre" por una cuestión estadística. "¿Qué diferencia real hay entre esa persona y otra persona que tenga 100 pesos por debajo del umbral?", se pregunta, y responde que "ninguna". Según el CELAG, la tasa de pobreza está subestimada en unos 20 puntos porcentuales; si se incluye a los "casi pobres", la proporción alcanza entre el 70% y el 80% de la población.

La brecha de pobreza hace imprescindible un shock positivo de ingresos para reducirla con rapidez. Desacelerar la inflación modera el aumento de la canasta, pero no recupera por sí solo el poder de compra perdido. Cualquiera que quiera enfrentar el problema de la pobreza monetaria tendrá que impulsar una estrategia política para lograr una recomposición sustancial de los ingresos reales.

Para la oposición al experimento liberal-libertario, el desafío de reducir la pobreza monetaria y también la multidimensional implica presentar un proyecto de sociedad diferente. Un proyecto que no sea de subsistencia, sino uno de progreso y mejora de las condiciones materiales para la mayoría de la población.

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