El impuesto que casi nadie paga y que este gobierno bajó a los más ricos
Un trabajador que paga monotributo vio su cuota multiplicarse por tres. Un empresario con bienes en el exterior pagará once veces menos. La misma ley, dos destinos opuestos: ¿quién la escribió?
La política tributaria del gobierno de Javier Milei viene redefiniendo quién pone los recursos y quién se queda con los beneficios. Mientras se reduce el único impuesto a la riqueza del país, el aporte de las exportaciones y el tributo a los bienes de lujo, los hogares acumulan tarifazos, cientos de miles de trabajadores volvieron a pagar Ganancias y los monotributistas enfrentan cuotas que en algunos casos se triplicaron. La cuenta no se mide solo en recaudación: se mide en quién la termina pagando.
Un plan con beneficiarios claros
El rumbo marca una dirección precisa: menos impuestos para los sectores más concentrados y, como contrapartida, mayor presión sobre las mayorías populares. El primer golpe llegó con el DNU 70/2023, que reestructuró los subsidios a la luz y el gas. Esas facturas subieron casi el doble que la inflación y arrastraron al resto de los gastos fijos: transporte, combustible, alquiler. Todo bajo el lema de que "no hay plata".
Ese lema dejó de ser una frase de campaña para convertirse en una profecía autocumplida. El paquete fiscal que se aprobó junto con la Ley Bases, en el primer año de gestión, fue la herramienta central.
Bienes Personales: el impuesto que casi nadie conoce
La alícuota de Bienes Personales sobre bienes radicados en el exterior bajó del 2,25% a una unificación del 0,25% para 2027, igual para todos los grandes patrimonios sin importar su tamaño. Además, el mínimo no imponible subió tanto que muchos contribuyentes quedaron directamente afuera del sistema.
El impacto es concreto: una persona con bienes declarados en el exterior pagará en 2028 apenas un 11% de lo que abonaba en 2023 por esos mismos bienes. Y menos aún, porque el nuevo mínimo no imponible recorta todavía más la base. Hoy el tributo alcanza solo a quienes declaran más de 380 millones de pesos, con valuaciones fiscales muy por debajo de los precios de mercado. Por eso casi nadie lo conoce: es un impuesto que solo toca a los más ricos.
Monotributo y Ganancias: el otro lado de la balanza
El mismo paquete fiscal que alivió a los patrimonios grandes ajustó las escalas del monotributo y sus cuotas mensuales, que en algunos casos se multiplicaron por tres. Al mismo tiempo, se restituyó el impuesto a las Ganancias de la cuarta categoría: los trabajadores volvieron a aportar de su salario mientras sus empleadores disfrutaban de descuentos en sus impuestos personales.
La norma también habilitó el "blanqueo" de capitales por más de 35 mil millones de dólares y moratorias para deudas impositivas y aduaneras. Una reforma tributaria completa, con la carga trasladada a los trabajadores y a los sectores precarizados.
Retenciones y bienes de lujo: el rumbo continúa
La transformación regresiva no se detuvo. En 2025 se aplicó primero una baja temporal y luego permanente en los derechos de exportación del sector agroexportador, las llamadas retenciones. El efecto no es solo fiscal: también acerca el precio interno de los bienes exportados —muchos insumos de la producción alimentaria— al valor internacional, lo que presiona los precios de los alimentos y engrosa las ganancias de uno de los sectores más productivos.
En 2026, con el capítulo fiscal de la Reforma Laboral, se eliminó directamente el impuesto a los bienes de lujo. Autos, motos, embarcaciones, aeronaves y joyas dejaron de pagar un tributo específico en Argentina.
El sueño del poder económico
Menos impuestos directos sobre la riqueza, menos impuestos indirectos sobre los sectores concentrados, menos impuestos a los bienes suntuarios. El resultado es un sistema donde las mayorías pagan más monotributo, vuelven a aportar Ganancias sobre sus salarios y enfrentan tarifas de luz, gas y transporte que se comen cada vez más de sus ingresos. La pregunta que queda es quién y cómo revierte esta injusticia.