El hostigamiento que ya no termina en la escuela: pediatras alertan sobre el ciberbullying
Más chicos llegan a la guardia por problemas de salud mental que por una fractura jugando: la pediatra Silvina Pedrouzo explicó a Elonce por qué el ciberbullying ya no se queda en la escuela y qué señales delatan que un menor está sufriendo hostigamiento en las pantallas.
El ciberbullying trasladó la violencia entre chicos a las pantallas y la mantiene activa las 24 horas. La pediatra Silvina Pedrouzo explicó a Elonce cómo detectarlo y qué deben hacer las familias.
Las agresiones que antes quedaban en el patio de la escuela ahora siguen por celular, redes sociales, WhatsApp y videojuegos. La médica pediatra Silvina Pedrouzo, especialista en tecnologías de la información y comunicación, señaló que las nuevas tecnologías potenciaron el hostigamiento entre pares.
“Hoy en día lo que antes era una broma sostenida en el tiempo en la escuela, se potencia muchísimo cuando es sostenido”, afirmó.
Uno de los puntos que más preocupa es que la víctima ya no encuentra refugio al volver a su casa. “Todas esas situaciones de violencia entre pares, que son progresivas y sostenidas en el tiempo, también se van en el bolsillo a casa”, indicó Pedrouzo. Y remarcó que las agresiones pueden mantenerse “las 24 horas del día, los 7 días de la semana”.
Señales de alarma que no se pueden ignorar
Detectar el problema no siempre es sencillo. Muchos chicos no cuentan lo que atraviesan y, en varios casos, el ciberbullying aparece recién en una consulta pediátrica hecha por otro motivo.
Entre las señales de alerta, Pedrouzo mencionó la angustia después de ir a la escuela, irritabilidad, ansiedad y una relación muy intensa con el celular. En los más chicos pueden aparecer útiles rotos, dolores abdominales o de cabeza antes de arrancar la semana y resistencia a ir al colegio.
En los casos más serios, las consecuencias golpean la salud mental. “Ya empiezan a haber casos de ansiedad, de depresión, de ideaciones suicidas, de autolesiones y un montón de cosas que tienen que ver con la repercusión que tienen hoy las redes sociales en los chicos cuando no están acompañados”, advirtió.
Qué deben hacer las familias
Ante la sospecha de que un menor sufre hostigamiento, la especialista recomendó abrir espacios de diálogo, hacer preguntas abiertas y escuchar sin minimizar lo que el chico cuenta. Cuestionó frases como “cosa de chicos” o pedirle a la víctima que enfrente sola al agresor.
“Por favor, no les pidan que enfrenten, porque no lo pueden hacer. Es una situación de desbalance de poder”, remarcó. Y agregó que si el episodio ocurre en la comunidad educativa, hay que avisar a las autoridades del establecimiento.
Guardar las pruebas antes de bloquear al agresor
Frente a agresiones en plataformas digitales, Pedrouzo fue tajante: “Guardemos las evidencias, reportemos y tenemos que bloquear al agresor, pero primero hay que guardar la evidencia”.
También advirtió que ciertos hechos, como la manipulación de imágenes, pueden requerir una denuncia. Y pidió no juzgar a quien atraviesa el hostigamiento ni dejar afuera a los testigos: el silencio o la complicidad de quienes miran también sostiene el círculo de violencia.
“Sin la intervención del adulto que medie, que explique, que eduque, que esté atento a estas situaciones, no se resuelve”, sostuvo.
La preocupación de los pediatras por la salud mental
Las medidas que tomaron las plataformas para proteger a los menores aún son insuficientes, según Pedrouzo. “Son pequeños pasos frente a una industria gigante”, expresó.
La médica alertó sobre un fenómeno que ven en las guardias: “Estamos viendo más chicos que van a la guardia por problemas de salud mental que por caerse de un árbol o patinar y doblarse un pie. Eso es un problema”.
Además, señaló que las pantallas ocuparon el lugar del juego, la plaza y el deporte. Las redes, dijo, están diseñadas para captar la atención, y eso es más delicado cuando los chicos todavía no desarrollaron un uso crítico.
Para Pedrouzo, la respuesta no es prohibir. “Los docentes también en el caso del bullying y en el caso de alfabetizar, ayudar a que los chicos aprendan a hacer un buen uso de la tecnología, porque no alejarlo solamente, prohibir no sirve. Tenemos que educar y acompañar”, afirmó.
Finalmente, planteó que la solución requiere responsabilidades compartidas entre familias, docentes, profesionales de la salud, empresas tecnológicas y el Estado. “Las políticas públicas son las que tienen que marcar el camino de cuáles son las reglas y cuáles son las cosas que cada uno desde su sector tiene que cumplir y sobre todo monitorizarlo”, concluyó.