El horno de barro donde jóvenes que salen de las adicciones aprenden un oficio

¿Qué se aprende en el taller de panadería que funciona en el Hogar de Cristo y por qué su coordinador dice que los jóvenes lo sorprenden?

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El horno de barro donde jóvenes que salen de las adicciones aprenden un oficio
El horno de barro donde jóvenes que salen de las adicciones aprenden un oficio

En el Centro Barrial del Hogar de Cristo «Madre del Puente Carretero», un maestro pastelero les enseña panadería y pastelería a jóvenes que están en proceso de recuperación. La iniciativa busca darles una herramienta concreta para cuando terminen su tratamiento.

Miguel Ávila es maestro pastelero y hace un tiempo coordina un taller de panadería y pastelería en ese espacio. Su motivación tiene un origen personal: su hermano Cristian estuvo inmerso en las adicciones e incluso vivió en situación de calle. Un día conoció al padre Pepe Di Paola, párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes, y hoy es coordinador del Primer Umbral.

«Soy hermano de Cristian Ávila, quien se encontraba inmerso en las adicciones e incluso estaba en situación de calle. Conoció al padre Pepe Di Paola y en la actualidad se desempeña como coordinador del Primer Umbral», contó Ávila.

Esa experiencia lo llevó a acercarse al Hogar de Cristo. «Me acerqué para poner mi granito de arena, para que los chicos puedan aprender un oficio. Yo los veía en las esquinas, y ahora observo sus ganas de salir adelante y eso me motiva a ayudar», relató.

Qué aprenden en el taller

El taller funciona con elementos sencillos y mucha práctica. «Todo lo que hacemos aquí es a mano, y en un horno de barro. Los chicos aprenden a elaborar pan, medialunas, facturas, palmeras, alfajores de maicena», detalló el maestro pastelero.

El objetivo, según explicó, es que los jóvenes tengan herramientas para el día en que dejen el centro. «El objetivo es brindarles las herramientas para que cuando salgan sepan cómo enfrentar la vida, trabajar y así poder llevar el sustento a sus familias».

Ávila destacó la actitud del grupo. «Estoy contento por las ganas que le ponen. Los chicos son muy buenos», afirmó.

Sobre la cocina, explicó que se adaptan a lo que tienen. «Usamos el horno de barro, les enseño las temperaturas que cada producto necesita para su cocción, ellos anotan las recetas de producto», subrayó.

Historias que cambian la mirada

El taller también transformó la forma en que el propio Ávila ve a los jóvenes. «Siempre juzgamos a los demás. Pero cuando uno viene al Hogar y escucha sus historias, entiende por qué tomaron esa vida; aprendo mucho de ellos», expresó.

Y agregó: «Tenemos chicos de muchas provincias, siempre les digo que deben aprovechar esta oportunidad, tienen todo gratuito».

Por último, invitó a la comunidad a sumarse y colaborar con el Hogar de Cristo. «Es lindo aportar para aquellos que lo necesitan, así uno puede llenar su corazón».

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