El héroe tucumano que la historia oficial intentó borrar: la verdad detrás de un nombre en el mapa
Un soldado de 18 años, un ataque en el monte y un acto de valor que costó la vida. La historia del “otro Maldonado”, un nombre tucumano que pocos conocen pero que desafía el relato oficial. ¿Por qué su sacrificio merece ser recordado hoy?
Mientras un nombre resuena en los medios, otro, grabado en la geografía tucumana, guarda una historia de valor y olvido. Ismael Maldonado, un soldado conscripto de 18 años, cayó en un enfrentamiento en los montes tucumanos. Su muerte, en septiembre de 1975, es un capítulo silenciado de cuando la violencia terrorista desafiaba a un gobierno constitucional.
Un posteo en redes sociales puso el foco en esta historia ausente: “De este Maldonado no te van a hablar en la Escuela, no lo vas a ver en afiches en la Facultad, no hay chapas con su nombre. Su familia no va a cobrar una indemnización millonaria. Los jueces y los periodistas no se van a ocupar de él”. La comparación, aunque dolorosa, busca rescatar del anonimato a un joven salteño que cumplía con el Servicio Militar Obligatorio.
¿Qué pasó en los montes tucumanos?
El contexto era de extrema tensión. Gobernaba la presidenta constitucional Isabel Perón, pero grupos armados como el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), con apoyo de Montoneros y entrenados en Cuba, buscaban imponer un régimen socialista mediante la lucha armada. El 1° de julio de 1974, el mismo día de la muerte de Juan Domingo Perón, estos grupos anunciaron la apertura de un “foco rural” en Tucumán, inspirado en la guerrilla cubana.
Se instalaron en la zona pedemontana del sur provincial, mientras su campaña de terror continuaba en las ciudades. Un hecho que estremeció a la sociedad tucumana fue el asesinato de Cristina Viola, una niña de apenas tres años, en el Barrio Sur de la capital en diciembre de 1974.
La emboscada final
En este escenario, el Ejército Argentino libraba constantes enfrentamientos. En uno de ellos, ocurrido en septiembre de 1975, una patrulla fue atacada en una emboscada. Ismael Maldonado, el joven soldado, fue alcanzado por las balas cuando corrió valientemente a socorrer a su jefe, el Subteniente Rodolfo Berdina, quien yacía herido en un claro del monte. Ambos perdieron la vida en ese lugar.
El relato destaca que los atacantes eran militantes del ERP, quienes en aquel momento, bajo un gobierno democrático, operaban fuera de la ley desde 1973. La publicación es contundente al señalar que para estos grupos “nada les importaban, entonces, los ‘derechos humanos’, ni la ‘verdad’, ni la ‘justicia'”, porque “eran los cultores de la muerte por motivos políticos”.
Un homenaje grabado en la tierra
La historia, sin embargo, no terminó en el olvido total. El sacrificio de aquellos hombres quedó inmortalizado de una manera singular en la provincia. Hoy, dos localidades del sur tucumano llevan sus nombres: Pueblo Berdina y Pueblo Maldonado. Son un homenaje permanente, desde la geografía, a quienes “cumplieron con su deber” según la visión del texto.
La reflexión final es un llamado a la memoria completa: “Nunca se supo quién mató al ‘otro Maldonado’. Pero recordarlo es un acto de estricta justicia, y es impedir que nos reemplacen la historia por un relato parcializado que solo define a los terroristas asesinos como ‘jóvenes idealistas'”.