El hallazgo que reveló el primer asentamiento español en la Patagonia
Las excavaciones en Cabo Vírgenes revelaron los restos de Nombre de Jesús, la primera ciudad española en la Patagonia. Un hallazgo que cambió la historia de la zona y que hoy convierte a ese rincón de Santa Cruz en un destino con un pasado trágico y fascinante.
Hace 21 años, un equipo de arqueólogos desenterró en Cabo Vírgenes las huellas de Nombre de Jesús, la primera ciudad fundada por la Corona española en la Patagonia. El hallazgo, ocurrido en enero de 2005, devolvió a la superficie una historia que permaneció oculta durante más de cuatro siglos y que hoy resignifica uno de los puntos turísticos más visitados de Santa Cruz.
Si bien en la actualidad Cabo Vírgenes atrae a turistas y residentes de Río Gallegos por su colonia de pingüinos, el Km 0 de la ruta 40, el faro y la diversidad marina que a veces sorprende con delfines y ballenas, el valor histórico del lugar se consolidó a partir de aquellas excavaciones en el Valle de las Fuentes. Allí, un grupo de investigadores del CONICET y de distintas universidades nacionales retomó los trabajos que habían comenzado en diciembre de 2003, cuando un relevamiento topográfico y pozos de sondeo permitieron encontrar restos humanos.
La investigación, encabezada por María Ximena Senatore, Mariana De Nigris, Ricardo Guichón y Paula Palombo, se amplió en enero de 2005 y continuó en febrero de 2006. A lo largo de las tres campañas se identificaron cinco esqueletos humanos. Su disposición, la orientación de los cuerpos y las características de los entierros llevaron a determinar que el lugar había funcionado como cementerio de Nombre de Jesús. Así, el asentamiento dejó de ser una mera referencia en documentos históricos para emerger desde sus evidencias materiales.
La expedición que terminó en tragedia
La historia de Nombre de Jesús se remonta al reinado de Felipe II. Ante el avance de embarcaciones británicas y los ataques de Francis Drake contra puertos españoles, la Corona puso en marcha un ambicioso proyecto para controlar el estrecho de Magallanes y asegurar la ruta hacia el océano Pacífico. El plan contemplaba la construcción de dos fortificaciones enfrentadas, capaces de cerrar el paso mediante una barrera extendida entre ambas costas.
El 9 de diciembre de 1581 partió desde Sanlúcar de Barrameda una armada compuesta por 23 naves. Transportaba 350 pobladores, 400 soldados destinados a los fuertes del estrecho, otros 600 para Chile y diez religiosos franciscanos. Sin embargo, el viaje estuvo marcado por naufragios, enfermedades, muertes, deserciones y enfrentamientos entre los responsables de la expedición. Apenas unas 340 personas consiguieron llegar a la entrada atlántica del estrecho.
El desembarco se produjo el 5 de febrero de 1584 y, seis días después, Pedro Sarmiento de Gamboa fundó Nombre de Jesús en un paraje denominado Valle de las Fuentes por la presencia de agua dulce. Un mes más tarde, 94 soldados emprendieron una travesía de más de 200 kilómetros hacia el oeste para establecer un segundo poblado, Rey Don Felipe, en el actual territorio chileno.
La empresa colonial comenzó a derrumbarse rápidamente. Sarmiento de Gamboa abandonó el estrecho para solicitar ayuda, pero durante el viaje fue capturado por una nave británica y llevado prisionero a Inglaterra. Los auxilios nunca llegaron. Las cartas y relaciones de la época describen la escasez de víveres, el aislamiento, las enfermedades y las enormes dificultades que enfrentaron hombres, mujeres y niños.
En enero de 1587, el navegante inglés Thomas Cavendish encontró a menos de veinte sobrevivientes. Embarcó solamente a uno de ellos, el soldado Tomé Hernández, cuyo testimonio se convirtió en la principal fuente sobre el final de los asentamientos. Según su declaración, apenas permanecían con vida quince hombres y tres mujeres: los demás habían muerto como consecuencia del hambre y las enfermedades.
Lo que revelaron los huesos y los objetos
La arqueología permitió contrastar esos relatos con las huellas conservadas en el suelo de Cabo Vírgenes. Los cinco esqueletos recuperados correspondían a cuatro adultos jóvenes —tres hombres y una mujer— y a un niño o adolescente de entre 10 y 14 años. Todos habían sido enterrados con la cabeza orientada hacia el noreste y algunos presentaban una disposición claramente cristiana, con los brazos cruzados y sin objetos personales.
Uno de los descubrimientos más reveladores se produjo sobre el entierro de un hombre joven. Allí aparecieron una moneda española de ocho reales, dos planchas de metal, piedras y fragmentos de una vasija. Los objetos coincidían con la descripción escrita por Sarmiento de Gamboa sobre el ritual de fundación de la iglesia de Nombre de Jesús. La correspondencia permitió identificar el lugar donde se habían colocado los cimientos y plantear la posibilidad de que algunos de los individuos encontrados fueran los primeros muertos del asentamiento.
El hallazgo también abrió interrogantes sobre el contacto entre europeos y pueblos originarios. El individuo más joven presentaba características dentales frecuentes en poblaciones indígenas americanas. Aunque los investigadores advirtieron que eran necesarios estudios genéticos para determinar su origen, la evidencia planteó la posibilidad de que el cementerio hubiera reunido personas de distintas procedencias.
Un legado que sigue vivo
A 21 años de las excavaciones de 2005, Nombre de Jesús continúa siendo una fuente excepcional para comprender la vida y la muerte en los confines del imperio español. Bajo el paisaje abierto de Cabo Vírgenes permanecieron las pruebas de un proyecto que buscó dominar uno de los pasos marítimos más importantes del mundo, pero terminó atravesado por la improvisación, el aislamiento y el abandono.
El hallazgo no reveló solamente el lugar donde se levantó el primer asentamiento español de la Patagonia. También devolvió identidad y materialidad a una historia protagonizada por hombres, mujeres y niños que llegaron al extremo austral con la promesa de fundar una ciudad y encontraron, en cambio, una lucha desesperada por sobrevivir.