El grupo de teatro que lleva 30 años en las tablas y ahora se sube a un Fiat 600 que se parte al medio

El grupo Esse Est Percipi lleva tres décadas haciendo teatro en Rosario y ahora vuelve con una obra que incomoda: artistas varados en una ruta, un Fiat 600 partido al medio y una pregunta que nadie quiere responder. ¿Qué pasa cuando el Estado mira para otro lado?

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El grupo de teatro que lleva 30 años en las tablas y ahora se sube a un Fiat 600 que se parte al medio
El grupo de teatro que lleva 30 años en las tablas y ahora se sube a un Fiat 600 que se parte al medio

El dramaturgo, director y docente rosarino Gustavo Di Pinto vuelve a la carga al frente de su histórico grupo Esse Est Percipi con La función de los invisibles, una obra que metaforiza el presente a partir de la tragedia de un grupo de artistas varados en medio de un camino polvoriento, sin destino a la vista.

La pieza, con dramaturgia y dirección de Di Pinto, se presenta todos los sábados a las 21 en La Orilla Infinita (Colón 2148). Las entradas anticipadas se pueden comprar online.

Una caravana varada en la ruta santafesina

La propuesta ubica al espectador en la inmensidad desierta de una ruta de Santa Fe. Allí, una caravana de comediantes y acróbatas —como los viejos Cómicos de la Legua del Siglo de Oro Español, pero en plena pampa húmeda— queda varada junto a un diminuto Fiat 600 fuera de servicio, cuya decadencia funciona como metáfora de ese primer auto, ícono del progreso social de la clase trabajadora argentina que ya es historia.

En ese territorio profundo y fortuito, donde la intemperie hace lo suyo y todo es espera, reclamo y desazón, los personajes cuentan sus tragedias mientras llega esa última función que se vuelve un gran interrogante: para qué están allí, qué tienen para hacer, cuál es su territorio de pertenencia real y cuál el simbólico, cuál es el cartel que les indica el verdadero camino a tomar.

Entre viejos recuerdos y despojos de un pasado de gloria, la nostalgia y los amores no confesados se mixturan con la música de Feliciano Brunelli, en medio de arrebatos y personajes con añoranzas “fellinescas”, pero a la criolla.

Un texto poético y político, con ecos de Beckett y Favio

Como gran parte de la obra de Di Pinto, se trata de un texto poético y a la vez muy político, que no reniega de sus digresiones ni de una especie de teatro collage donde la repetición alude a un clima propio del absurdo que es insoslayable.

Es en esa atmósfera abstracta de tinte beckettiano trasladada al folclore de la llanura pampeana donde el humor físico y la fragilidad del circo se cruzan con la estética melancólica y la calidez lírica de los personajes de una película de Leonardo Favio o de su hermano y guionista, Zuhair Jury.

La pieza se consolida como una atinada paradoja sobre el sentido del arte dramático en los márgenes de la indiferencia, el dolor y la tragedia de aquellos que ya no cuentan, a los que les arrebataron sus lugares y sus derechos adquiridos, esos que perdieron hasta el aplauso.

Un elenco numeroso y una premisa que no se negocia

El abultado elenco —integrado por Clara Galindo, Santiago Pereiro, María Florencia Echeverría, Analía Saccomanno, Juan Manuel Raimondi, Juan Alberto Pereiro, Lorena Salvaggio, Laura Fuster, Galo De Lorenzo y Manuel González— logra sostener una dinámica a partir de la entrega física, apoyado en un texto roto y abierto que a esta altura de las funciones encontró su organicidad.

Si bien en ciertos pasajes la acumulación de discursos y acciones puede resultar algo barroca, la obra encuentra rápidamente su necesario cauce emocional gracias a algunos integrantes del elenco de mayor oficio, que capitalizan hasta los detalles más pequeños y conducen una y otra vez a la pregunta basal: qué deben hacer para no desaparecer ante la mirada de los otros, de ese público que se presume en la platea, de esas presencias fantasmales que aún están allí como en los finales de las tragedias.

En tiempos donde la cultura navega en la incertidumbre y el desamparo institucional, con los distintos niveles del Estado ausentes o en retirada, el emblemático grupo de experimentación escénica con tres décadas de recorrido revalida con su nuevo trabajo su histórica premisa: “Ser es ser percibido”.

Una puesta con más talento que inversión

La función de los invisibles es una obra oportuna, esperanzadora e ingeniosa. Con pocos elementos muy bien utilizados desde lo escenográfico y la dramaturgia lumínica de Ignacio Almeyda, la puesta cuenta con un vestuario notable, que tiene mucho más talento y creatividad que inversión, a cargo de Lorena Salvaggio, ambos como parte de un gran equipo artístico y técnico.

Ver la obra es una experiencia que no permite escapar a la nostalgia y a ciertos interrogantes, y que deja en claro que aun cuando la caravana principal siga de largo y las luces se apaguen, la escena, el teatro (nuestro teatro), seguirá siendo ese espacio vital donde actuar —encontrarse— es, ante todo, un acto genuino de supervivencia, resistencia, pertenencia e identidad.

Para agendar

La función de los invisibles se presenta todos los sábados, a las 21, en La Orilla Infinita (Colón 2148). Las entradas anticipadas se pueden comprar de manera online.

La función de los invisibles

La función de los invisibles

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