El giro acuerdista de Milei que divide aguas: ¿quién gana y quién pierde en la oposición?
Milei cambió el tablero: echó a su hijo dilecto, sumó a Ritondo y reafirmó su alianza con Bullrich. ¿Cómo afecta esto al peronismo y al centro? Las claves de una nueva etapa que redefine las estrategias de cara a 2027.
El peronismo y el centro no peronista enfrentan un nuevo escenario tras la decisión de Javier Milei de echar a su hijo dilecto, entronizar a Cristian Ritondo y reafirmar su alianza con Patricia Bullrich. El movimiento justicialista se beneficia y se perjudica al mismo tiempo con este viraje hacia una fase más acuerdista y profesional.
La presencia de Manuel Adorni en el centro de la escena le había facilitado las cosas al peronismo durante varios meses para recuperar aire tras la derrota del año pasado e insistir con su estrategia de ruptura. Ahora, con el nuevo rumbo, ese beneficio se esfuma. Pero al alejarse la posibilidad de un fracaso generalizado de la gestión, crece la chance de que la dirigencia del PJ escuche a sus referentes más razonables, que sugieren dejar de machacar con la inminencia de un colapso económico y empezar a proponer políticas concretas para mejorar la situación social.
El centro no peronista también enfrenta un dilema. Si Milei corrige sus desbordes, una candidatura presidencial de centro en 2027 pierde sustento. Pero si el mileismo consolida su convivencia con otras fuerzas que buscan estabilidad y reformas, la eficacia legislativa y programática del centro se potencia.
Los problemas del peronismo: Cristina pesa más a medida que el partido se hunde
El problema más serio lo tiene el peronismo. Las derrotas acumuladas han sido muy costosas, pero no lo suficiente como para que se produzca un vuelco en los consensos internos. Cristina Fernández de Kirchner es una sombra de lo que fue para la sociedad, pero sigue siendo enormemente gravitante en la vida interna del partido. Esto se debe al peso de las imágenes y la fe: el peronismo siempre ha sido un movimiento más estético y religioso que político.
Muchos peronistas más sensatos se han provincializado y abandonan la discusión nacional para no pelearse con el kirchnerismo. Prefieren acordar con quien sea para ampliar sus coaliciones locales, incluso con el mileismo. Axel Kicillof, por su parte, busca ganar por ambos lados: no promueve abiertamente el “Cristina Libre”, pero lo apaña disimuladamente, lo que lo deja mal parado ante kirchneristas e independientes.
El progresismo en general está en crisis: no entiende por qué sus denuncias contra las amenazas a la democracia no han cuajado, ni por qué el gobierno de Milei sigue contando con el apoyo de moderados. No entienden a Milei ni su tiempo, porque tampoco entendieron al kirchnerismo y sus secuelas.
El centro no peronista espera su oportunidad
El resto de la oposición también lidia con la provincialización: sus gobernadores e intendentes prefieren conservar sus territorios antes que desafiar a Milei. Pero tienen una ventaja: les es más fácil objetar los abusos del oficialismo sin tener que dar explicaciones por desaprovechar oportunidades económicas pasadas.
La arena de competencia que les queda es limitada y se concentra en el Congreso, donde el oficialismo necesita colaboración. Allí, contar con buenas espadas legislativas y mantener cohesión en las bancadas será clave para que, tarde o temprano, puedan volver a competir con chances en las presidenciales.
