El gesto de los jugadores que dejó al Gobierno sin palabras y desnudó su contradicción con Malvinas
La bandera de Malvinas que exhibieron los jugadores desató una crisis política que el Gobierno no supo manejar. ¿Qué dijo Messi que terminó de derrumbar el relato oficialista?
La bandera con el mapa de las Malvinas que los jugadores argentinos exhibieron tras vencer a Inglaterra en el Mundial provocó un terremoto político que la Casa Rosada aún no logra controlar. Mientras el oficialismo improvisaba discursos, el reclamo de soberanía explotó en las redes y hasta en el Senado.
El triunfo de la Selección frente a Inglaterra y la bandera en reivindicación de los derechos sobre Malvinas desplegada por los futbolistas dejaron al gobierno de Javier Milei tan mal parado que, todavía el sábado, seguía buscando sin éxito un mensaje que sintonizara con el nuevo escenario. Lo mejor que se les ocurrió, expresado por el vocero presidencial Adrián Ravier, fue sostener que, mientras la Argentina siguiera siendo "un país bananero", nunca podría recuperar las islas, y que el camino de "prosperidad" emprendido por el Gobierno hacía ese objetivo más factible.
¿Quién metió la pata primero?
El pecado original corrió por cuenta de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, que, en su afán de congraciarse con las autoridades estadounidenses, había advertido que los hinchas no debían llevar al estadio banderas con "el mapita" de las Malvinas porque ese tipo de contenido sería considerado "político" y "provocativo", pese a que se trata de un territorio argentino. El propio gobierno de Donald Trump, a través del encargado del Grupo de Trabajo para el Mundial, Andrew Giuliani, terminó por contradecir esa posición al sostener que los jugadores tenían todo el derecho de exhibir una bandera en reivindicación de los derechos argentinos, ya que en Estados Unidos se respetaba la libertad de expresión.
En un Gobierno acostumbrado a manejar la agenda coyuntural, especialmente en todo lo referido a la "batalla cultural", la saga lo encontró siempre reaccionando tarde y a la defensiva. El primer paso fue el del canciller Pablo Quirno, quien, dos horas después del partido y cuando el estribillo "el que no salta es un inglés" ya se repetía en todo el país, informó que en realidad había presentado una protesta por la incursión ilegal de un buque británico en aguas argentinas, pero que no la había difundido porque "en la diplomacia, el trabajo no se grita como en los goles".
Una política exterior que incomoda
Como señaló el ex canciller y actual diputado Jorge Taiana, el gesto de los jugadores terminó por poner en evidencia una política exterior que, durante casi tres años, buscó "desmalvinizar" el reclamo argentino con la intención de congraciarse con potencias occidentales como el Reino Unido, país que Milei proyecta visitar en octubre. En la lógica del "umbrella" que Carlos Menem impulsó en los años noventa, el objetivo de Milei es privilegiar el vínculo comercial con el Reino Unido y relegar la reivindicación de los derechos argentinos sobre el archipiélago, una política de Estado que atravesó, con distintos matices, a casi todos los gobiernos desde 1983.
De repente, la Casa Rosada se encontró con un reclamo que rebotaba en todos los rincones del planeta: las búsquedas sobre Malvinas alcanzaron un récord histórico en Google, con un crecimiento del 2.400%. De acuerdo con la consultora especializada Ad Hoc, la conversación digital sobre Malvinas superó los dos millones de menciones. El influyente diario londinense The Guardian publicó una columna preguntándose si no había llegado el momento de sentarse a dialogar sobre soberanía.
El relato que se derrumbó con Messi
Frente a ese escenario, el Gobierno improvisó un cambio de discurso y comenzó a hablar de supuestos avances para la posición argentina porque un dirigente poco conocido del Partido Republicano le había pedido a Donald Trump que modificara la histórica postura estadounidense de respaldo al Reino Unido. "Mientras algunos se dedican a hacer berrinches propios de un adolescente termo mononeural, nosotros por la vía diplomática cada día estamos más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas", escribió Milei en X. Sin embargo, ese objetivo nunca había ocupado un lugar visible en la agenda exterior del Gobierno, monopolizada por alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel aún en cuestiones muy ajenas a los intereses argentinos.
Según la lógica de Milei, sus políticas harán que al país le vaya tan bien que los propios kelpers terminarán deseando convertirse en argentinos. Pero incluso ese relato se resquebrajó con las declaraciones de Lionel Messi, que describió una realidad muy distinta a la que intenta instalar la Casa Rosada, al mencionar las dificultades de quienes no llegan a fin de mes o no consiguen trabajo. Sumó otro golpe para el oficialismo. Desde el inicio del Mundial, una parte del dispositivo comunicacional libertario buscó presentar a Messi como alguien afín a las ideas de Milei y, en contraposición, reducir a Diego Maradona al lugar de un ídolo "kuka", sugiriendo incluso que el peronismo deseaba que a la selección le fuera mal. Toda esa construcción discursiva se derrumbó con una sola declaración del capitán argentino.
"Están en reversa, se pusieron en contra hasta de la figura con mayor legitimidad social del país", analizó el consultor Gustavo Córdoba, de Zubán Córdoba y Asociados. Los sondeos de la consultora muestran que la reivindicación de la soberanía argentina sobre las Malvinas se mantuvo históricamente en niveles muy altos, incluso después del triunfo de Milei, declarado admirador de Margaret Thatcher. Es decir, aun entre quienes votan al Presidente existe un amplio consenso en favor del reclamo argentino. Ese componente emocional volvió a manifestarse con fuerza en los últimos días y contribuyó incluso a que en el Senado se frustrara el tratamiento del proyecto que facilita la extranjerización de tierras. El oficialismo apostó a que el Mundial desplazara ese debate de la agenda pública, pero terminó ocurriendo exactamente lo contrario.
Pero, según Córdoba, el factor emocional seguramente se prolongará a lo sumo unos días más y para las elecciones falta más de un año. Tal vez la oposición consiga capturar algo del espíritu nacional que acompañará el retorno de la selección y la continuidad del debate malvinero, pero a la larga serán las cuestiones económicas las que seguirán teniendo mayor influencia en el ánimo del votante. De hecho, todas las discusiones electorales habían quedado postergadas para "después del Mundial", período que arrancará a partir del lunes.