El gaucho de uniforme y el criancero: el río neuquino que ya se los había llevado antes
Dos hombres, dos años de diferencia y el mismo río del Norte neuquino: uno era criancero, el otro policía y gaucho. La búsqueda se repitió casi calcada, pero el tiempo que duró la angustia de cada familia no fue el mismo.
El río Nahueve volvió a golpear al Norte neuquino. Mario Zalazar, policía y gaucho, fue hallado sin vida en el sector conocido como El Negrete, a unos 3.500 metros aguas abajo de la pasarela de Bella Vista, donde había caído. Su muerte, ocurrida ahora, replica casi sin variaciones un drama que la zona ya había vivido dos años antes.
El criancero que no volvió
Javier Valdez tenía 21 años, boina roja y chaleco con guarda pampa. Era criancero de Varvarco y estaba en el paraje Aguas Calientes, en Los Bolillos, armando una pasarela de troncos para que pasaran sus animales en plena trashumancia. Un mal paso, la madera mojada, la correntada del deshielo.
Su hermano Sandro lo vio caer y lo vio perderse. Desde ese momento se puso en marcha una búsqueda que se extendería por 24 días. Participaron más de 120 personas: baqueanos, Gendarmería, SIEN, Manejo del Fuego, Bomberos, vecinos a caballo y un helicóptero. Hicieron gancheo y hasta un simulacro con un muñeco para calcular dónde podía haber quedado. Lo encontraron en Piedra del Toro. El pueblo entero despidió a su criancero.
El policía que también era gaucho
Casi dos años después, la historia se repitió a pocos kilómetros. Mario Zalazar no era criancero: era policía, de esos que hacen guardia bajo la nieve con la campera azul escarchada. Pero también era gaucho, de los que conocen el río, lo respetan y, aun así, terminan a merced de él.
El mecanismo fue calcado. Siempre hay un testigo directo que lo ve todo: en Varvarco fue el hermano de la víctima; en el caso de Zalazar, una prima. El aviso, la desesperación y el operativo que se arma en minutos en lugares donde no hay señal y todo queda lejos. Sus propios camaradas de la Policía, los Bomberos, Salud, la Zona Sanitaria y las comunidades de Las Ovejas y Villa Nahueve, con la Escuela incluida, salieron a buscar lo mismo: el milagro.
"En ambos casos se pensó siempre en lo mejor, en un milagro, y no se estaba preparado para el peor escenario", resume la frase que circuló entre las dos familias.
Lo único que cambió fue el tiempo
La diferencia estuvo en la duración de la angustia. A Zalazar lo encontraron al día siguiente en el río Nahueve, en El Negrete. La incertidumbre fue desgarradora, pero más breve, y la familia pudo despedirlo. Hoy hizo público un agradecimiento: "Es impresionante la cantidad de gente que nos ha acompañado. No tenemos palabras suficientes para agradecer tanto cariño y solidaridad". Reconocieron a la comunidad de Las Ovejas, enfermeros, personal de salud, la Escuela de Villa Nahueve, el Hospital, la Policía y los Bomberos.
Con Valdez, en cambio, fueron 24 días de espera suspendida, de ir al río todos los días a ver si aparecía.
Ríos que no son solo postal de verano
El Varvarco, el Nahueve y el Neuquén se llevan todo, y cada tanto se llevan a los suyos. No importa si es diciembre con el deshielo o plena temporada de lluvias: son fuerza de cordillera, no solo paisaje. La zona lo sabe y por eso los respeta los 365 días del año.
Hay otro paralelismo que duele: la contención. En Varvarco, el pueblo no dejó sola a la familia Valdez. En Las Ovejas y Chos Malal, la familia Zalazar sintió lo mismo. Porque en el norte, cuando el río golpea, golpea a todos, y todos salen a buscar: policías, crianceros, enfermeros, maestros, bomberos. Los mismos que después firman un comunicado que cierra con seis palabras: "A todos, de corazón, muchísimas gracias".
Dos muertes, los mismos ríos, la misma geografía. El criancero y el gaucho de uniforme. Dos caras de una tragedia que se repite en el Alto Neuquén.