El gasto en salud se derrumbó y ahora la cuenta la pagan las familias

El gasto en salud se derrumbó en los últimos tres años y la brecha la terminó cubriendo el ingreso familiar: copagos, tratamientos y medicamentos que antes cubría el sistema ahora salen del bolsillo de cada hogar. ¿Qué pasó con las obras sociales y por qué el impacto se siente cada vez más fuerte?

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El gasto en salud se derrumbó y ahora la cuenta la pagan las familias
El gasto en salud se derrumbó y ahora la cuenta la pagan las familias

El financiamiento del sistema sanitario argentino está en una encrucijada y el golpe más duro ya se siente en el bolsillo de los pacientes. El gasto total en salud se contrajo cerca de un 10% en los últimos tres años, según datos preliminares del equipo académico de la Maestría en Administración de Negocios (MBA) en Salud de la Universidad de San Andrés (UdeSA), que se presentan este martes en el V Congreso Nacional del Consejo de Obras y Servicios Sociales Provinciales de la República Argentina, en Puerto Iguazú.

La caída es pareja y no distingue subsistemas: alcanza al sector público nacional y provincial, a la seguridad social, a las obras sociales nacionales y provinciales, al PAMI y a las ART.

Quien puso números al fenómeno es Daniel Maceira, doctor en Economía, director del MBA Salud de UdeSA, investigador del CONICET/CEDES y docente de la UBA. Su diagnóstico es directo: la brecha que dejó ese retroceso la cubrió el ingreso familiar.

“Lo que subió fue el gasto de bolsillo. Claramente, la falta de recursos en el resto de los sectores termina afectando directamente al bolsillo de las familias”, explicó el especialista.

El empleo formal, la primera ficha que cae

El vínculo entre la crisis sanitaria y la macroeconomía es inseparable. Más de la mitad de la financiación del sistema proviene de aportes y contribuciones sobre los salarios formales. Con ese esquema, cada retroceso del empleo registrado golpea de lleno la caja de las obras sociales y las prepagas.

“Si el empleo formal cae, la cobertura de esos subsistemas cae y la gente termina acudiendo al sistema público como primera fuente de atención”, señaló Maceira.

Ese trasvasamiento masivo de pacientes ejerció una presión que la red estatal no logra absorber. El académico destacó la vocación de médicos y enfermeras —“hacen lo mejor por cubrir a la población”—, pero admitió que la realidad operativa cambió: “aumentan las demoras, crecieron las listas de espera y muchos ciudadanos optan por postergar consultas o abandonan tratamientos por imposibilidad económica o logística”.

Copagos, medicamentos y un sistema más desigual

Para Maceira, el escenario actual representa un retroceso en materia de equidad. Un estudio conjunto que la casa de estudios inició hace poco junto a la Confederación de Obras Sociales Provinciales (COSPRA) busca demostrar cómo el sistema avanza hacia resultados “más inequitativos”.

El economista advirtió que las familias no solo afrontan copagos más altos —que ya subieron en varias provincias—, sino también gastos crecientes en tratamientos y medicamentos.

En ese marco, las obras sociales provinciales discuten el rol y la responsabilidad que les toca en el entramado del financiamiento. “Los sistemas públicos de salud, que incluyen tanto obras sociales provinciales como el gasto provincial, son una parte muy relevante del financiamiento total del sistema. Representan alrededor del 30% del gasto en salud total”, indicó Maceira. Y agregó que en estos congresos “se toma en valor ese protagonismo y se promueve un diálogo sobre cuáles son los roles que juega cada sector en la cobertura de salud de la población”.

La paradoja de la tecnología

Hay otra contradicción que duele: la innovación tecnológica, que debería mejorar la calidad de vida, termina funcionando como barrera de acceso. “Los nuevos tratamientos son altamente costosos. Ante la escasez de fondos institucionales, cada obra social, ministerio o prepaga debe definir su propia lógica de priorización, decidiendo qué necesidades financiar y cuáles dejar afuera”, sostuvo Maceira.

El resultado es que la decisión clínica pierde terreno frente a la restricción presupuestaria, y las provincias deben racionar recursos ante demandas que no dejan de crecer.

Iguazú, el escenario del debate

El Congreso Nacional de Obras Sociales Provinciales que se realiza en Misiones es, para los organizadores, un espacio clave para reconocer primero los problemas locales y después discutir soluciones globales. Desde UdeSA lo describieron como un “momento bisagra”: un punto de inflexión donde el intercambio entre gestores provinciales, academia y prestadores permite visibilizar realidades fragmentadas pero unidas por la misma urgencia financiera.

En paralelo, la maestría virtual de la institución —que hoy reúne a dirigentes de obras sociales, sanatorios y funcionarios de 18 provincias— funciona como un laboratorio de confianza para debatir las grietas del ecosistema sanitario. “Estamos todos buscando cómo salir de esto”, concluyeron desde la casa de estudios, aunque por ahora la cuenta la siguen pagando las familias argentinas.

La mirada misionera: salud como mercado y como derecho

Juan Carlos Falkowski, director de la Rama Activa y responsable de Programas Especiales del Instituto de Previsión Social de Misiones (IPS), participó junto a referentes de clínicas y sanatorios de Posadas de la charla que Maceira dio en el Hotel Urbano.

“Analizaremos junto a este reputado académico las principales condiciones en las cuales se piensa hoy la salud como mercado y también como derecho público para todos los argentinos. Como obra social obviamente dependemos y funcionamos con el aporte de los trabajadores, y aportes que se vieron reducidos este último tiempo porque el ingreso está estancado. Además, la salud experimenta el progreso tecnológico, pero también que tiene un costo importante. Esa es la encrucijada del paradigma de la administración en salud”, destacó el médico misionero antes de iniciar la actividad.

Para Falkowski, el modelo de salud universal europeo está colapsando, pero el de libre competencia privado de Estados Unidos también atraviesa una crisis, porque una porción importante de su población no alcanza las coberturas mínimas.

“Estamos en épocas paradigmáticas, es necesario tocar estos temas que antes se los conocía desde un punto de vista meramente presupuestario, pero no como disciplina académica. Queremos aportar nuestro granito de arena y de alguna manera contribuir a todos los cambios que se están dando”, cerró.

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