El fusilamiento que selló la autonomía de Santiago del Estero

¿Sabías que un fusilamiento del siglo XIX fue clave para que Santiago del Estero dejara de depender de Tucumán? La historia de una rebelión que terminó en tragedia.

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El fusilamiento que selló la autonomía de Santiago del Estero
El fusilamiento que selló la autonomía de Santiago del Estero

La historia argentina está marcada por la violencia política. Mucho antes de las dictaduras del siglo XX, las guerras civiles del siglo XIX definieron el mapa del país. Un capítulo poco recordado es el de la autonomía de Santiago del Estero, conquistada a sangre y fuego, con un final trágico para su principal impulsor.

Durante décadas, la historiografía liberal instaló la idea de que 1820 iniciaba un período de "anarquía" que recién terminó con la sanción de la Constitución Nacional en 1853. Pero esa mirada fue cuestionada por el revisionismo desde los años 20, que reivindicó a los caudillos y a las provincias como actores fundamentales de la organización nacional.

En realidad, desde la primera batalla de Cepeda (cuyo bicentenario se cumplió el 1° de febrero) y hasta 1861, no existió un gobierno nacional con poder sobre todo el territorio. Solo la presidencia de Bernardino Rivadavia, entre 1826 y 1827, fue la excepción, en el marco de la guerra contra el Imperio del Brasil.

Salta y Tucumán, las pioneras

El 8 de octubre de 1814, el director supremo Gervasio de Posadas dividió la Intendencia de Salta del Tucumán en dos provincias. Salta se consolidó bajo el mando de Martín Miguel de Güemes. Tucumán, en cambio, vivió un período tumultuoso: Bernabé Aráoz gobernó casi cinco años, alternando con otros nueve mandatarios.

Tucumán fue escenario de hechos clave: la batalla del 24 de septiembre de 1812, donde Aráoz convenció a Belgrano de enfrentar a los realistas, y el Congreso General Constituyente de 1816, que declaró la independencia. Pero ni esos hitos calmaron las luchas internas ni frenaron los impulsos autonomistas de las ciudades del interior.

Santiago del Estero, la "madre de ciudades"

Santiago del Estero, fundada en 1553, había perdido su antiguo esplendor. Desde 1814, cuando se creó la provincia de Tucumán, creció su deseo de autonomía. En enero de 1815, Pedro Domingo Isnardi asumió como teniente de gobernador, pero Aráoz lo destituyó en abril y nombró a Antonio Taboada.

Los santiagueños reaccionaron con un cabildo abierto que rechazó a Taboada y le pidió al director supremo Ignacio Álvarez Thomas la reposición de Isnardi y la autonomía. El petitorio ya anticipaba la violencia: "no tuvimos un día más amargo que aquel aciago en que se estableció Tucumán en cabeza de provincia y se nos sometió a este Gobierno bajo el cual no hemos experimentado otra cosa que vejaciones, insultos y despotismos".

Buenos Aires respondió pidiendo paciencia, mientras la guerra de la Independencia atravesaba sus momentos más críticos.

La primera rebelión de Borges

La falta de apoyo del Directorio llevó a la renuncia de Isnardi. Aráoz impulsó a Tomás de Taboada, de una familia que dominaría la política local por medio siglo. El 4 de septiembre de 1815, el coronel Juan Francisco Borges se rebeló: con 60 hombres llegó a la casa de Taboada y le exigió la renuncia. La campana del Cabildo convocó al pueblo, que proclamó a Borges gobernador y declaró a Santiago "Pueblo Libre".

Pero cuatro días después, las tropas de Aráoz y Taboada lo emboscaron y lo capturaron herido. Borges escapó de su prisión en Tucumán, se refugió en Salta y regresó a Santiago a mediados de 1816. En ese clima, se eligieron los diputados al Congreso de 1816: los curas Pedro León Díaz Gallo y Pedro Francisco de Uriarte. Belgrano, influenciado por Aráoz, propuso al sargento Gabino Ibáñez para gobernar Santiago.

La segunda rebelión y el final trágico

Ibáñez gobernó sin escuchar a los santiagueños. El 10 de diciembre de 1816, Borges lo derrocó y lo confinó en Loreto. Pero Belgrano envió a Gregorio Aráoz de Lamadrid con la orden del Congreso de reprimir a los sublevados.

En el paraje de Pitambalá, el 26 de diciembre, Borges fue derrotado a pesar de tener unos 500 hombres contra los 100 húsares de Lamadrid. Intentó huir a Salta, pero fue capturado en Guaypé el 27 y encerrado en un convento dominico.

El 1° de enero de 1817, a las nueve de la mañana, Borges fue fusilado. José María Paz describió la escena: "bajo un frondoso algarrobo estaba atada una mala silla de cuero, que habría de servir de banquillo". Mientras tanto, en la casa histórica de Tucumán sesionaba el Congreso General. "El Redactor del Congreso" celebró el triunfo de Lamadrid y deseó que sirviera de "escarmiento a otros entes de igual calibre". Los pedidos de indulto no llegaron a tiempo.

El juicio de la historia

La figura de Belgrano queda manchada por este episodio, pero el contexto era feroz: las Provincias Unidas estaban en guerra contra España y contra la Liga de los Pueblos Libres de Artigas. El temor a que Santiago se uniera a esa liga explica la brutalidad.

Ricardo Levene definió la gesta de Borges como "la lucha por un federalismo comunal". Su muerte fue el precio que pagó por la autonomía de su provincia, en un país que se construía entre la cordialidad y la discordia.

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