El FMI puso a Grecia como ejemplo, pero lo que pasó adentro del "milagro" enciende las alarmas
El FMI dice que a la Argentina le irá como a Grecia y que pagará la deuda "a pesar de todo". Pero atrás del milagro griego hay un dato que el Gobierno prefiere no mirar: el país heleno pagó con un ajuste que borró una década de crecimiento.
Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, dijo que a la Argentina le pasará como a Grecia y que pagará la deuda "a pesar de todo". La frase sonó a elogio en el Gobierno, pero la historia griega esconde una letra chica que conviene mirar de cerca.
Hace quince años, Grecia era sinónimo de default, rescates y protestas en la plaza Syntagma. Hoy se financia más barato que Francia o Italia. ¿Quién no querría un final así? El problema está en el "a pesar de todo".
La foto de hoy
Si se compara el presente, Grecia le gana a la Argentina en casi todos los indicadores. El ingreso por habitante es 40% mayor; desde 2017 creció 17% mientras la Argentina se estancaba; la inflación de 2025 fue del 3% y la pobreza es mucho más baja.
La Argentina solo supera a Grecia en un rubro: la deuda griega equivale al 147% de su PIB. Pero ni siquiera eso parece un problema: hoy el riesgo país heleno es de 100 puntos básicos.
Visto así, Georgieva parece desearnos un destino auspicioso. Pero ¿qué tuvo que atravesar Grecia para llegar hasta acá?
La letra chica del "milagro"
Grecia entró en recesión en 2009, golpeada por la crisis internacional pero también por problemas propios. A fines de ese año se supo que el país había maquillado sus cuentas fiscales: el déficit, que se estimaba en torno al 7% del PIB, terminó superando el 15%.
Los mercados le cerraron la puerta y llegó el rescate de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI): tres programas entre 2010 y 2015 por casi 290.000 millones de euros, el mayor de la historia. A cambio, la receta de siempre: ajuste.
El costo fue enorme. Entre 2008 y 2013, el PIB griego se desplomó 27%, más que el argentino entre 1998 y 2002. El país heleno recién volvió a crecer de manera sostenida en 2017 y desde entonces lo hace a menos de 2% por año. En 2025, su PIB real seguía 14% por debajo del de 2008. El desempleo pasó de menos de 8% a 27,5%, y entre los jóvenes llegó a casi 60%.
La pobreza subió hasta 2013, cuando alcanzó el nivel de la Argentina, y recién empezó a bajar después de la reestructuración de la deuda. Todo esto provocó una migración masiva: hasta 2022, más de un millón de residentes dejaron el país, alrededor del 10% de la población total.
Eso es el "a pesar de todo".
El contexto importa
Hay tres diferencias que hacen que el camino griego sea todavía más difícil de imaginar para la Argentina.
La primera es el punto de partida. Grecia llegó a la crisis después de 14 años seguidos de crecimiento: solo entre 2001, cuando adoptó el euro, y 2008, su economía se expandió 36%. La crisis se llevó todo: entre 2013 y 2016, Grecia producía lo mismo que en 2000. Fue borrar de un plumazo toda la era del euro. La Argentina, en cambio, llegaría a un ajuste así después de 15 años de estancamiento.
La segunda es la deuda. Grecia no pagó en los términos originales. En 2012, hizo la mayor reestructuración de deuda de la historia moderna, destronando a Argentina. Canjeó bonos por casi 200.000 millones de euros y recortó su valor nominal a menos de la mitad. Además, consiguió algo que ningún mercado ofrece: hoy, alrededor del 70% de su deuda está en manos oficiales, sobre todo de los fondos de rescate europeos, que le dieron plazos de entre 32 y 42 años a una tasa promedio de 1,3%. Por eso puede sostener una deuda que hoy es aún más alta que antes de la crisis. ¿Georgieva le está sugiriendo a la Argentina que reestructure nuevamente su deuda? ¿Quién nos daría esa tasa y esos plazos? ¿El FMI está dispuesto a hacer eso con los 57.000 millones de dólares que le debemos?
La tercera es la moneda. Grecia está en el euro y no puede devaluar. Sin moneda propia, la única forma que tuvo de recuperar competitividad fue bajar salarios: en 2012, como condición del rescate, el salario mínimo se recortó 22%, y los salarios privados terminaron cerca de 20% por debajo de su pico. ¿Georgieva le está sugiriendo a la Argentina que dolarice y reduzca salarios? ¿El FMI nos daría los dólares para hacerlo? ¿O solo está sugiriendo que devaluemos?
¿Quién paga la cuenta?
La Argentina tiene que pagar su deuda. Puede hacerlo, y el costo de incumplir sería mayor que el de cumplir. Pero eso no quiere decir que el camino sea el griego.
Grecia pudo pagar a pesar de tantos años sin crecer porque está en la zona euro. Tiene acreedores institucionales de Europa que le prestan a tasas bajísimas y plazos muy extensos, un Banco Central Europeo que funciona como red de contención, fondos europeos que durante treinta años le transfirieron entre 2,4% y 3,3% de su PIB por año, y acceso libre al mercado europeo. La Argentina no tiene nada de eso.
Eso implica que, si la economía no crece, no va a poder pagar. Por eso los mercados miran con inquietud la caída de la actividad. El deterioro del mercado laboral y de las condiciones sociales le quita apoyo al Gobierno. El riesgo país superó los 700 puntos básicos esta semana, récord en lo que va del año.
El camino de la Argentina para pagar tiene que ser otro: el del crecimiento. Para eso hay que volver a unir esta economía partida en dos: que los sectores que crean empleo se sumen al crecimiento de los que exportan materias primas. Una economía partida, cuyo crecimiento no llega a la población y que de pronto ni siquiera crece, es una economía sin capacidad de pago.
Grecia pagó. La pregunta que Georgieva no contestó es a qué precio, y quién paga la cuenta cuando no hay Europa que ayude.
(*) Guido Zack es director de Economía en Fundar