El FMI encendió la alarma por la deuda global: qué pasará con las tasas
El FMI volvió a encender la alarma por la deuda global y advirtió que la suba de las tasas ya está golpeando las cuentas públicas. El mensaje que dejó a los gobiernos, incluido el argentino, no deja margen.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a encender las alarmas sobre las cuentas públicas del mundo. Un nuevo estudio del organismo concluye que el aumento de los rendimientos soberanos y el encarecimiento del endeudamiento están presionando cada vez más las finanzas de los gobiernos, en un contexto de deuda elevada que vuelve más urgente una consolidación fiscal creíble.
El combo es pesado: conflictos geopolíticos y bélicos, combustibles más caros, inflación persistente, mayor gasto en defensa y tasas de la deuda soberana en alza. Todo eso golpea las arcas fiscales. Y encima, el llamado del FMI llega en plena temporada electoral global, cuando los políticos tienen menos incentivos para equilibrar las cuentas.
Qué dice el estudio del FMI
El trabajo se titula “Fiscal-Monetary Interactions: The Role of Debt Maturity” y lo firman Luca Bettarelli, Davide Furceri, Francesco Frangiamore, Anh Dinh Minh Nguyen y Francesco Scianna. La conclusión central: cuando la deuda ya es alta, una suba de las tasas de interés oficiales deteriora más los déficits fiscales y la deuda.
Además, un alto nivel de endeudamiento incrementa la sensibilidad de las tasas de mercado a la evolución fiscal. Estados Unidos es el ejemplo que citan: las tasas a plazo largo se volvieron más sensibles a la deuda pública proyectada en los últimos años.
El informe analiza cómo la estructura de vencimientos de la deuda soberana moldea la interacción entre política fiscal y monetaria en EEUU. Cuando el gobierno depende más de deuda a corto plazo, los choques de política monetaria contractiva provocan aumentos grandes y persistentes de la deuda pública, un deterioro más marcado de las condiciones fiscales y financieras, y caídas más pronunciadas de la producción, la inflación y la inversión privada. Esos efectos se atenúan bastante cuando el vencimiento es más largo.
Según los autores, el costo de oportunidad del préstamo del intermediario depende en parte del rendimiento fijado al comprar los bonos, y no solo de su rentabilidad de tenencia en un período. Por eso el vencimiento de la deuda soberana influye directamente en el precio del crédito privado.
El BIS también advirtió
El FMI no fue el único que encendió la señal de alerta. Los economistas del Banco de Basilea (BIS) Mathias Drehmann y Sonya Zhu analizaron que, con niveles de deuda pública cerca de máximos históricos, el creciente rol de las entidades no bancarias transformó los mercados de deuda pública.
Los autores prevén que los elevados niveles de deuda del sector público empeorarán las condiciones de liquidez del mercado de deuda en general, incluso aumentando el riesgo de disfunción. Y advierten que una amplia presencia de instituciones financieras no bancarias eleva ese riesgo, al tiempo que incrementa la probabilidad de condiciones de liquidez muy favorables.
Qué mirar de cara al financiamiento de 2026
Todos estos datos son material de lectura obligada para el equipo económico del Gobierno de Javier Milei a la hora de programar el financiamiento del próximo año. La conclusión que comparten los organismos es contundente: cuanto más se tarde el ajuste, más doloroso será. Y advierten que este panorama podría conspirar contra la ventana de oportunidad que vienen disfrutando los emergentes.
Los economistas del FMI Era Dabla-Norris y Rodrigo Valdés desmenuzaron el informe y estas fueron sus principales conclusiones.
Rendimientos en máximos de casi dos décadas
Los rendimientos de la deuda soberana a largo plazo subieron con fuerza en varias de las principales economías avanzadas. Entre febrero y septiembre, el rendimiento promedio de los bonos gubernamentales a 10 años del Grupo de los Siete aumentó más de un punto porcentual y alcanzó su nivel más alto en casi dos décadas. Así, los gobiernos enfrentan mayores costos de endeudamiento justo cuando la deuda ya es elevada. Se prevé que la deuda pública mundial supere el 100% del PIB global para 2030, un nivel que no se veía desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Entre los factores que empujan los rendimientos al alza en los países avanzados figuran la crisis del petróleo, la inflación persistente, una mayor demanda de inversión y un mayor crecimiento futuro previsto vinculado a la IA. Pero los fundamentos fiscales son decisivos: el elevado endeudamiento, las presiones sobre el gasto y la perspectiva de una gran emisión de bonos en los próximos años presionan al alza los rendimientos que exigen los inversores para sostener bonos largos. Los mayores rendimientos de referencia en las principales economías también pueden tener efectos transfronterizos y empeorar la dinámica de la deuda en otros lugares.
La carga de intereses ya se siente
La presión sobre los presupuestos es evidente. Se prevé que el costo promedio efectivo de los intereses de la financiación pública suba del 2,3% en 2021 al 3,7% en 2031. Sumado al aumento de la deuda, eso eleva los pagos de intereses en todo el mundo.
En EEUU, por ejemplo, se proyecta que los pagos de intereses pasen de cerca del 2,8% del PIB antes de la pandemia al 5,7% en 2031, un monto equivalente a lo que se prevé gastar en la Seguridad Social, el mayor programa de prestaciones sociales. En los países de bajos ingresos, en tanto, los intereses consumen hoy más del 15% de los ingresos fiscales totales, cuando entre 2011 y 2019 el costo promedio rondaba el 9%.
El aumento de los intereses se vuelve una carga cada vez más rígida para los recursos públicos: reduce el margen para la inversión pública y el gasto social, y limita la capacidad de los gobiernos para responder a las recesiones, justo cuando crecen las demandas de mayor gasto en defensa, seguridad energética y atención al envejecimiento de la población.
La aritmética de la deuda cambió
Las tasas más altas modifican la cuenta. En un número creciente de economías, las tasas que se pagan por la nueva deuda superan las tasas de crecimiento nominal previstas. Por eso los gobiernos necesitan saldos primarios más sólidos para evitar que suban los ratios de deuda. Sin embargo, se prevé que el déficit primario global (ingresos menos gastos antes del pago de intereses) se amplíe en 2026, en dirección opuesta a la necesaria para estabilizar la deuda.
El déficit primario mundial se ubica en torno al 3,3% del PIB en 2026. Para estabilizar la relación deuda/PIB mundial este año habría que reducirlo a cerca del 2,6%. Y como se prevé que la deuda mundial siga creciendo, haría falta un ajuste adicional de magnitud similar en los próximos años.
Refinanciar a plazos más cortos, un riesgo extra
Varios gobiernos de economías avanzadas están refinanciando más deuda a plazos más cortos, lo que hace que las tasas oficiales más altas se trasladen más rápido a los costos de endeudamiento. Eso cobra especial importancia cuando la inflación se mantiene por encima del objetivo y el alza de los precios de la energía intensifica las presiones inflacionarias.
Los bancos centrales podrían verse obligados a mantener las tasas altas por más tiempo, lo que agravaría la dinámica de la deuda, mientras que las preocupaciones fiscales podrían, a su vez, empujar al alza las tasas de mercado. Un alto endeudamiento y plazos más cortos pueden dificultar y encarecer la recuperación de la estabilidad de precios para las finanzas públicas. La política fiscal debe evitar agravar estas presiones.
La ventana de los emergentes
Las condiciones de financiación para muchas economías emergentes se mantuvieron favorables, con fuerte emisión soberana, precios de las materias primas más altos y diferenciales reducidos. Algunas economías fronterizas incluso recuperaron el acceso a los mercados internacionales. Pero esa oportunidad podría no durar: es inusual ver un alza de rendimientos en economías avanzadas junto con diferenciales soberanos persistentemente bajos en los emergentes. Un cambio en el apetito por el riesgo podría reducir drásticamente el margen de emisión y ampliar los diferenciales.
Qué recomienda el FMI
Para los economistas del organismo, se necesitan medidas fiscales urgentes. Los mayores rendimientos reducen el margen de maniobra de los países. Las principales economías avanzadas con deuda elevada necesitan medidas concretas basadas en planes creíbles a mediano plazo y supuestos realistas. Eso es clave para una gestión sostenible de la deuda, contener los costos de endeudamiento y limitar los efectos negativos en el resto del mundo.
Las economías emergentes deben reducir sus vulnerabilidades fiscales y fortalecer la gestión de la deuda. Para los países de bajos ingresos, donde la financiación externa ya es más difícil, fortalecer los sistemas tributarios y mejorar la eficiencia del gasto son esenciales para preservar el gasto prioritario.
El mensaje final es una advertencia: retrasar el ajuste aumentaría la carga de intereses y las vulnerabilidades fiscales, limitaría aún más las opciones de política y, en última instancia, exigiría un ajuste mayor para estabilizar la deuda. Cuanto más tarden los países, más doloroso será el ajuste.