El Financial Times advierte que el modelo de Milei ya tiene un costo industrial
¿Qué sector de la economía argentina está pagando el costo más alto del experimento de Milei, según el Financial Times? El diario británico publicó un análisis que pone el foco en un dato que el Gobierno no muestra.
El Financial Times publicó un extenso análisis sobre el experimento económico de Javier Milei y puso el foco en un costo que el Gobierno no exhibe: la presión que la apertura comercial ejerce sobre la industria argentina. Mientras la estabilización de precios y el crecimiento de sectores ligados a los recursos naturales aparecen como las cartas de presentación del programa, una parte de la estructura productiva enfrenta serias dificultades para sostenerse frente al ingreso de bienes importados.
El artículo, firmado por Geoff Dyer y Ciara Nugent, describe la política económica como una transformación que desplaza el centro de gravedad desde la industria manufacturera hacia la energía, la minería y la agricultura. El diario británico reconoce que la estrategia logró reducir fuertemente la inflación y devolver cierta estabilidad a los mercados, pero advierte que la segunda etapa, basada en una mayor liberalización comercial, está golpeando a empresas y trabajadores.
Para los autores, la campaña contra la inflación tuvo resultados visibles, pero la apertura plantea otra pregunta: qué sectores pueden beneficiarse de la transformación y cuáles quedan expuestos frente a la competencia externa. El propio título del análisis lo sintetiza: “El experimento de libre comercio de Milei”.
Competencia desigual
Uno de los argumentos centrales del Financial Times es que la reducción de barreras permite el ingreso de productos más baratos que compiten directamente con bienes fabricados en el país. La teoría oficial sostiene que esa competencia obliga a las empresas a mejorar su productividad y bajar precios, con beneficio para los consumidores.
El problema, según el diario, es que la competencia no se da entre estructuras equivalentes. Las empresas industriales argentinas cargan con costos laborales, impositivos, financieros y logísticos elevados, sumados a una infraestructura que arrastra años de falta de inversión. En ese escenario, una apertura acelerada puede provocar directamente la desaparición de capacidades productivas en lugar de una reconversión gradual.
El impacto se observa en casos concretos. El cierre de Fate, una de las principales fabricantes de neumáticos del país, implicó el despido de 920 trabajadores. La empresa atribuyó la decisión a la caída de la demanda interna, el aumento de las importaciones y el deterioro de las condiciones productivas. Según consignó El Destape, las importaciones de neumáticos pasaron de US$266 millones en 2023 a US$358 millones en 2025, mientras el precio promedio del neumático importado cayó de US$239 a US$157 en ese período.
El caso Fate funciona como una referencia concreta: el consumidor accede a un producto más barato, pero esa reducción también modifica la estructura de producción y empleo detrás del bien. La pregunta económica ya no es solo cuánto cuesta un neumático, una prenda o un par de zapatillas, sino qué actividades permanecen en el país y qué puestos de trabajo pueden sostenerse alrededor de ellas.
Más cierres y caídas en el textil
La misma dinámica aparece en otros sectores. En julio, la empresa Dass cerró definitivamente su planta de Eldorado, Misiones, dejando sin empleo a los últimos 150 trabajadores que permanecían en la fábrica, que producía calzado para marcas como Nike y Adidas. Según relató un trabajador a El Destape, la empresa les comunicó que esas marcas habían dejado de realizar pedidos y que la producción finalizaría antes del cierre.
En el sector textil, la tendencia tampoco se revirtió durante 2026. Según un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas citado recientemente por El Destape, la actividad textil cayó 15,9% interanual en junio y acumuló un retroceso de 24,4% durante el primer semestre. Dentro de la cadena, la producción de tejidos y acabados registró una caída acumulada del 36,3%.
Con esos números, la discusión sobre la apertura comercial deja de ser una disputa ideológica acerca de los aranceles y pasa a tener consecuencias directas sobre la composición de la economía argentina.