El festival japonés que convierte a La Plata en un pedacito de Tokio
Cada verano, un festival japonés en La Plata convoca a miles de personas. ¿Qué hace que esta tradición cruce fronteras y se convierta en un fenómeno? Descubrí los secretos del Bon Odori.
Desde hace más de dos décadas, un rincón de la provincia de Buenos Aires se transforma cada verano en un escenario de tradición milenaria. El Bon Odori, que nació para sostener una escuela, hoy convoca a miles de personas que no tienen origen japonés. ¿Qué tiene este evento que atraviesa fronteras y generaciones?
La cita es el segundo sábado de enero en el predio de la Escuela Japonesa, ubicado en 186 y 482, en Colonia Urquiza. Lo que comenzó en 1999 como una reunión comunitaria, se convirtió en una fiesta que trasciende lo local y atrae visitantes de todo el país.
¿Qué se puede ver y hacer?
La jornada arranca por la tarde y se extiende hasta la noche. Los asistentes disfrutan de espectáculos de taiko y daiko, danzas tradicionales, una feria de artesanías e indumentaria, juegos para los más chicos, un patio de comidas con sabores típicos y un cierre a puro color con fuegos artificiales.
Pero el momento más esperado es el baile colectivo alrededor de la yagura, una torre de madera que se erige como el corazón de la celebración. Ahí, japoneses y no tan japoneses se toman de las manos y danzan al ritmo de la música tradicional.
El esfuerzo detrás de la fiesta
Víctor Mizuta, uno de los coordinadores, revela que la organización comienza entre 10 y 11 meses antes. “Los japoneses tienen la costumbre de programar las actividades todo el año”, explica. Y no es para menos: el evento requiere de una logística impecable que involucra a cinco colonias de la región: Abasto, La Banderita, El Peligro, El Pato y Colonia Urquiza.
La Escuela Japonesa es el motor de este entramado comunitario. Hoy cuenta con unos 140 alumnos que asisten martes, jueves y sábados para estudiar japonés y sumergirse en la cultura del país nipón, mientras realizan su educación convencional en otras instituciones.
Un cambio que refleja una transformación
El perfil del público del Bon Odori cambió drásticamente. En sus primeras ediciones, entre el 70 y el 80 por ciento de los asistentes eran de origen japonés. Hoy, la proporción se invirtió: la mayoría son personas de otras raíces que se acercan atraídas por la magia de la celebración.
El festival, que en Japón se realiza para honrar a los ancestros durante el verano, se convirtió en una fiesta platense por derecho propio. Cada año llegan contingentes desde otras provincias, lo que confirma que la tradición japonesa encontró un nuevo hogar en el corazón de los argentinos.