El femicidio de Natalia Giménez: la deuda con un preso que terminó en tragedia
La víctima de un femicidio en barrio Tablada había pedido plata prestada a un preso. La deuda y los reclamos que recibió antes de morir quedaron registrados en un cuaderno hallado en la cárcel. La investigación ahora apunta a un entramado de préstamos usurarios que podría haber desencadenado el crimen.
La víctima había pedido 400.000 pesos y debía devolver el doble. Un hombre de 42 años fue imputado por el crimen, junto a otras dos personas acusadas de prestar dinero con intereses desproporcionados.
El femicidio de Natalia Giménez, ocurrido en barrio Tablada, sumó este viernes un nuevo capítulo judicial con la imputación de un hombre de 42 años como autor material del hecho, y de otras dos personas por su vinculación con un préstamo usurario que la víctima mantenía con un preso alojado en una cárcel de Rosario.
Según los investigadores, Giménez tenía una deuda con Germán C., un recluso que se dedicaba a prestar dinero con intereses desproporcionados. La fiscal Paula Barros reveló en la primera audiencia que la mujer había pedido 400.000 pesos y debía devolver el doble. Las cifras surgen del análisis de un cuaderno hallado en la celda de Germán C. durante una requisa en la Unidad Penitenciaria 6, detrás de la Jefatura de Policía de la Unidad Regional II.
Hasta el momento, el recluso no figura como posible instigador del crimen, perpetrado semanas atrás en la zona sur de la ciudad. No obstante, la representante del Ministerio Público de la Acusación (MPA) estableció que la mujer de 35 años había recibido varios reclamos para cancelar la deuda hasta dos días antes de su muerte.
Un préstamo usurario y un femicidio con distintos protagonistas
La encargada de la investigación imputó a Paulo A. por homicidio doblemente calificado por ensañamiento, alevosía y por haber sido cometido por un hombre contra una mujer. El sospechoso está detenido desde la semana anterior, cuando se realizaron siete allanamientos en Rosario y Villa Gobernador Gálvez vinculados a la causa.
De acuerdo a la evidencia reunida por el MPA, el crimen ocurrió un día antes de la denuncia de la familia por el hallazgo del cuerpo, tal como se presumía por el resultado de los primeros exámenes médicos del cadáver. El sábado 26 de septiembre, Paulo A. fue en bicicleta hasta avenida Abanderado Grandoli 3800 y escapó de la misma forma un rato más tarde.
El imputado llegó antes de las 6 de la mañana a la vivienda ubicada en un segundo piso. Allí golpeó y agredió a la víctima con un arma blanca. La fiscal remarcó que el asesino prolongó innecesariamente el padecimiento físico de la mujer y se aprovechó de una relación desigual de poder mediante el ejercicio de violencia física extrema.
Paulo A. había dejado atada su bicicleta en la esquina de Grandoli y Presidente Quintana. Después del ataque, regresó a pie con un casco de motocicleta puesto y se fue a su casa en Villa Gobernador Gálvez, ubicada en Cervantes al 700. El día del allanamiento del domicilio, la Policía de Investigaciones (PDI) secuestró ropa y otros elementos que coinciden con el análisis de las imágenes de las cámaras de videovigilancia.
El fallecimiento de Giménez se confirmó el domingo 27 de septiembre, pasadas más de 36 horas desde el femicidio. Los investigadores comprobaron que el cadáver tenía múltiples heridas y traumatismos en la cara, los ojos, el cuello, el cráneo y las manos.
La pista del prestamista preso
En busca de esclarecer el crimen, la Fiscalía Regional Segunda descubrió que Giménez había recibido varios reclamos entre la semana previa por un préstamo. La víctima aparecía en una lista de 54 nombres anotados por Germán C. dentro de la cárcel de avenida Francia al 4900. En cada caso tenía números de teléfono, el capital entregado y el monto exigido para cancelar la deuda.
El MPA estableció que la mujer asesinada había pedido plata unos pocos meses antes del crimen. Entre el 20 y el 24 de septiembre le exigieron que pagara y unos días después la mataron, aunque todavía no hay evidencia suficiente para plantear que el agresor actuó por órdenes del acreedor.
Mientras tanto, los investigadores establecieron que el preso se dedicaba regularmente a prestar dinero con la ayuda de Stella Maris P. afuera del penal. La imputada de 36 años se ocupaba de comunicarse con los deudores, aprovechándose de su necesidad económica y sacando ventajas desproporcionadas en el interés que cobraban.
La fiscal comprobó que los prestamistas utilizaban distintas líneas telefónicas para hacer los reclamos de dinero en casos como el de Giménez. Frente a esta hipótesis detrás del femicidio, el juez Federico Rébola ordenó la prisión preventiva del supuesto asesino por el plazo de ley, mientras que a los demás imputados les fijó un plazo de seis meses para la medida cautelar.