El error que arruina las hortensias pampeanas (y cómo lograr el azul imposible)
En La Pampa el suelo manda: las hortensias salen rosadas casi solas. Pero hay un método casero que las obliga a virar al azul, y no es solo echarles agua.
Las hortensias son un clásico de los jardines de La Pampa, con sus flores globosas y su follaje generoso durante la primavera y el verano. Pero el clima provincial —sol intenso y vientos secos— no se los pone fácil: requieren cuidados muy específicos para sobrevivir y florecer como corresponde.
Dónde ubicarlas para que no se quemen
El primer mandamiento es la sombra. Al ser arbustos de origen boscoso, el sol directo del mediodía y de la tarde les hace mal a las hojas y a las flores. Por eso conviene plantarlas en sectores donde reciban apenas la luz suave de la mañana, bajo la sombra filtrada de árboles caducifolios o al resguardo de muros orientados al este o al sur y de galerías luminosas.
Si están en maceta, hay un truco clave para las olas de calor: trasladarlas a sitios frescos mientras dure el calor extremo.
Rosadas por naturaleza: cómo forzar el azul
El color de las flores no es azar, sino química pura. Depende de la acidez del suelo y de los minerales disponibles. En la región pampeana, donde predominan las tierras neutras o alcalinas con presencia de calcio, la floración se inclina naturalmente hacia los rosados y fucsias.
Para conseguir tonalidades azules hay que cambiarle el suelo a la planta: reducir el pH por debajo de 5.5 e incorporar sulfato de aluminio en aplicaciones repartidas a lo largo de septiembre. A eso se le suma compost de hojas o tierra de pino, y el riego con agua tratada con una cucharada de vinagre por litro.
El riego: ni de menos, ni de más
El clima local exige riegos copiosos y periódicos durante las temporadas cálidas. La falta de humedad se nota enseguida: el follaje se decae de forma inmediata. Por eso hay que mantener el sustrato húmedo de manera constante, con el cuidado de no pasarse ni generar encharcamientos que comprometan las raíces.


