El embrujo sonoro de Juana Molina: bucles, parónimos y un show que se volvió ritual

Juana Molina presentó su disco 'Doga' en Quality LAB con un show que combinó bucles, parónimos y una atmósfera ritual. ¿Qué hay detrás de su poética de la repetición?

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El embrujo sonoro de Juana Molina: bucles, parónimos y un show que se volvió ritual
El embrujo sonoro de Juana Molina: bucles, parónimos y un show que se volvió ritual

La música de Juana Molina volvió a Córdoba con un show que fue mucho más que un concierto: una ceremonia de repeticiones y juegos de palabras. El sábado 1° de agosto, la artista presentó su último disco, 'Doga' (2025), en Quality LAB, y dejó al público inmerso en un universo de loops y parónimos que desafían la lógica.

La presentación tuvo un clima especial, casi chamánico. Mientras muchos en el público tomaban caña con ruda, otros, como quien escribe, bebimos de un licor más extraño: la música misma de Juana, que hipnotiza y transforma.

La estética del bucle: repetir para crear

La poética de Juana Molina se sostiene en el bucle, esa operación que repite una secuencia breve de sonidos hasta el infinito. En esa repetición, dice la artista, está la belleza. Y en el escenario, el live looping se convierte en un milagro: la canción se arma ante los ojos del público, como si alguien armara un reloj pieza por pieza.

Este mecanismo no es solo técnico, sino también existencial. La repetición obsesiva que habita en los personajes de Pablo Katchdajian, como esos neuróticos que no pueden dejar de repetir sus frases, encuentra un eco en la música de Juana. Ambos, desde sus lenguajes, exploran la misma pregunta: ¿cómo escapar a la repetición de lo mismo? ¿Cómo ser libres si por dentro algo nos obliga a repetir?

Las palabras que se desdoblan

Pero hay otro elemento clave en la obra de Molina: su relación lúdica con el lenguaje. En 'Doga', las letras están llenas de parónimos y homófonos que confunden y revelan. Frases como 'siestas ahí' pueden escucharse como 'si estás ahí', y 'desinhumano' como 'de sin humano'. Estas ambigüedades, lejos de ser errores, son hechizos que rompen la lógica y abren nuevos sentidos.

La voz de Juana, procesada con un delay pastoso y robótico, contribuye a esa atmósfera onírica. Sus canciones parecen salidas de un sueño, donde las palabras pierden su significado fijo y se convierten en materia maleable.

En definitiva, el show de Juana Molina en Córdoba fue un viaje a un universo donde la repetición y la diferencia se entrelazan, donde los bucles y los parónimos construyen una estructura intrincada y fascinante. Una experiencia que, como los personajes de Katchdajian, deja una sensación de peligro y embrujo.

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