El duelo silencioso que deja un suicidio: la pregunta que no se va
El informe provincial que acaba de ver la luz revela una realidad que golpea de cerca a cientos de familias misioneras. Los especialistas advierten que el duelo por suicidio no se parece a ningún otro y que el acompañamiento es clave, pero hay un dato que preocupa y que muchos no esperaban.
La muerte por suicidio no solo deja dolor: deja preguntas que no encuentran respuesta y una culpa que se instala en quienes estuvieron cerca. “¿Pude haber hecho algo?”, “si yo me hubiera dado cuenta”, “¿por qué pasó esto?”, son algunas de las frases que se repiten entre los llamados “supervivientes”, según explicó la licenciada en Psicología Natalia Falcone, coordinadora de la Comisión Provincial para el Abordaje Integral del Suicidio (CAIS) de Misiones.
Falcone advirtió que este tipo de pérdida puede tener secuelas graves en el entorno: “Toda muerte nos afecta, pero la muerte por suicidio puede dejar secuelas en las personas. Estrés postraumático, depresión, y la misma ideación suicida se puede instalar en aquellos que han perdido a alguien por suicidio”.
Un duelo distinto, con preguntas que no cierran
A diferencia de otras muertes, como las causadas por enfermedad o por la edad, el suicidio no ofrece una explicación que permita “ordenar” lo ocurrido. Queda un “¿por qué?” abierto que familiares y allegados intentan responder revisando lo que hicieron, lo que no y las señales que podrían haber visto. Así aparecen la culpa, la angustia y hasta el enojo con la persona fallecida, porque “el suicidio no deja de ser una muerte violenta” y “que la persona lo haya elegido es difícil de procesar”, señaló la especialista.
El peso del entorno también se siente: los supervivientes pueden experimentar vergüenza o miedo por lo que otros piensen. “La muerte por suicidio tiene sobre los supervivientes una mirada de estigma social con respecto a qué pasaba o por qué ocurrió”, indicó Falcone. Mientras otros duelos se transitan en comunidad, en este caso “muchas veces queda esta mirada de temor de acercarse o de acompañar”, agregó.
Posvención: acompañar para evitar el aislamiento
La posvención es la fase dedicada a elaborar ese duelo. Permite “hablar de lo que ocurrió, poder ser acompañado y validar las emociones que las personas sienten después de esta pérdida”, explicó Falcone, y remarcó que “forma parte también de una acción desde la salud pública y desde la salud mental”.
El objetivo es que la red de vínculos procese la pérdida y no se aísle, detectando “quiénes pueden en algún momento tener algún tipo de conducta que afecte su salud”. En ese camino, lo primero es “escuchar, escuchar y contener, validar las emociones que aparecen”, sin juzgar ni opinar. También se trabaja en desarmar la culpa: “hay un límite en lo que podemos hacer por el otro”, sostuvo Falcone, y cerró: “Hay que acompañarlos a entender eso, a aceptar que uno no puede controlar la conducta de otra persona. Somos individuos que tomamos decisiones, aún cuando no estamos bien, pero tomamos decisiones”.
Los números en Misiones
El Instituto Provincial de Estadística y Censos (IPEC) publicó un informe junto con la CAIS con datos relevados desde septiembre de 2024 en la provincia. Hasta junio de 2026 se registraron 2.425 eventos vinculados al suicidio: ideaciones (33,9%), intentos (55,8%) y concreciones (10,3%). La edad mediana de las personas alcanzadas es de 24 años, con una concentración marcada en la adolescencia: el tramo de 12 a 17 años reúne el mayor número de eventos.
Falcone advirtió que “cuando se trata de un niño o un adolescente, el impacto personal y comunitario es mucho más grande. Porque justamente esa persona tenía toda la vida por delante”. Además, señaló que estos casos son más complejos de abordar con la familia y el entorno, porque “el empatizar o comprender el sufrimiento de los niños y adolescentes” cuesta más desde una mirada adultocéntrica. “Los adultos tenemos problemas de adultos, que creemos que son o pueden justificar una muerte, pero nos cuesta entender que un joven se quite la vida y lo queremos asociar a una razón, cuando en realidad el suicidio es multicausal”, aseguró.
El informe también revela una cuestión de género: la tasa de intento suicida femenina casi duplica la masculina, mientras que la de concreción masculina supera en más de cuatro veces la femenina. El documento atribuye esta diferencia a “normas de género y modos de socialización” que llevan a los varones a enfrentar más barreras para reconocer, comunicar y gestionar el sufrimiento, el dolor o la tristeza, y también para pedir ayuda.