El drama oculto detrás de la destrucción récord del empleo formal

¿Sabías que la pérdida de empleo formal ya supera los 230.000 puestos? El informe que revela la verdad sobre el mercado laboral y sus consecuencias.

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El drama oculto detrás de la destrucción récord del empleo formal
El drama oculto detrás de la destrucción récord del empleo formal

El mercado laboral argentino atraviesa su peor momento en décadas, con una caída del empleo formal que ya supera los 230.000 puestos desde 2023. Un informe de la consultora C-P revela que la pérdida de trabajo registrado acumula once meses consecutivos de retroceso, una situación comparable con la crisis de 2001-02. La economía no genera empleo en ningún sector, ni siquiera en los que se consideraban dinámicos.

El estudio, titulado “La crisis del empleo formal ¿Del cambio al ajuste estructural?”, señala que la flexibilización legal para despedir acompañó este proceso de destrucción masiva. Los datos de la Secretaría de Trabajo confirman el diagnóstico: mientras que en el cuarto trimestre de 2023 existían 568 mil empresas empleadoras, dos años después la cifra se redujo a 540 mil.

¿Qué pasó con los 230 mil trabajadores que perdieron su empleo?

El informe de C-P indica que quienes lograron conseguir un empleo en negro sufrieron una pérdida del 14 por ciento de su poder adquisitivo. Peor aún les fue a los que se convirtieron en “emprendedores” o se autoemplearon: perdieron el 28 por ciento de sus ingresos reales. Esta caída de ingresos profundizó la crisis de la demanda interna y golpeó de lleno a las economías familiares.

La secuencia fue previsible: primero se consumieron los ahorros, después se recurrió a la tarjeta, luego llegó la mora y, a partir de ahí, ya no hay crédito ni siquiera para administrar la escasez. El sueño del propagandista oficialista Luis Majul, aunque impuesto por la realidad, quedó sepultado.

El círculo vicioso del estancamiento interno

Sin demanda, las empresas que resistían con la esperanza de un cambio de ciclo comenzaron a cerrar. Es el círculo perfecto de retroalimentación del estancamiento. Las proyecciones de efectos expansivos de la estabilización, que se manejaban a comienzos de 2025, quedaron en el recuerdo. Los economistas que simpatizan “con el lado del capital” solo atinan a mencionar “la inversión” como motor de reactivación, pero sin dar precisiones.

El RIGI es presentado como una gran política industrial, pero en realidad “elige ganadores” y no genera derrame. Las actividades extractivas, como la minería y los hidrocarburos, no son grandes generadoras de empleo. La mayor demanda de mano de obra en la minería se produce durante la construcción de las minas, y el RIGI exime de impuestos, libera de la obligación de liquidar divisas y elimina ventajas para proveedores locales, hasta el punto de importar hasta los obradores.

Países como Argelia y Noruega crearon fondos soberanos para capturar parte de las rentas extraordinarias, algo que aquí no se hizo. La única captura adicional de renta se produce, y apenas parcialmente, a través de unas pocas empresas mineras provinciales.

El desierto del mercado interno y la obra pública paralizada

Lo único que funciona en el actual modelo son las economías de enclave. El mercado interno se transformó en un desierto. En un escenario así, cualquier gobierno más o menos normal estaría pensando en reactivar la economía, por ejemplo, mediante la construcción. Pero el mileísmo considera que la obra pública es “un robo”, mientras que la privada alcanzó costos en dólares estrambóticos. El resultado es que la obra privada es escasa y la pública nula, incluso hasta el absurdo de no mantener la infraestructura vial.

La única respuesta del Gobierno es privatizar. Quizá contribuya a mejorar el mantenimiento de algunos corredores de alto tránsito, pero aumentará el “costo argentino” y difícilmente compense el déficit de infraestructura.

El riesgo político y la extorsión del miedo

Ante este panorama, ¿invertiría un inversor extranjero en un país con mala infraestructura, mercado interno deprimido y sin horizonte de recuperación? El verdadero riesgo político no es el “riesgo kuka” agitado por los oficialistas, sino la malaria generalizada y la desazón que registran las encuestas, incluso entre votantes del oficialismo.

El descontento ya era evidente antes de las elecciones de medio término, y el resultado de la primera vuelta en la provincia de Buenos Aires fue la señal más clara. El Gobierno supo volver a agitar los fantasmas del pasado con la amenaza de que “estamos mal, pero podría ser mucho peor”. Esa amenaza, que puede convertirse en realidad, es la corrida cambiaria.

El mecanismo es perverso: a mayor malaria, mayor riesgo de un triunfo opositor; a mayor riesgo de triunfo opositor, mayor probabilidad de corrida y devaluación, y nueva caída del poder adquisitivo. Para quienes viven de ingresos fijos, el resultado es el miedo. Si todo le sale bien al oficialismo, Milei podría ser reelecto por miedo, lo que augura un día después horroroso, ya que la reelección no resolverá ninguna de las deficiencias de la economía real. La extorsión existe, es palpable y no se vislumbran alternativas.

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