El drama diario en la frontera con Bolivia: robos, filas eternas y un funcionario que estalló
Robos, demoras eternas y un caos total en el Puesto 28 de Aguas Blancas. ¿Hasta cuándo aguantarán los salteños? La dura advertencia de un funcionario que ya no sabe qué hacer.
Ir a Bolivia por mejores precios se convirtió en una verdadera pesadilla para cientos de salteños. El Puesto N°28 en Aguas Blancas es el epicentro de un caos que ya desbordó la paciencia de todos y encendió las alarmas.
Demoras interminables, robos y un descontrol total. Así describen comerciantes y vecinos la odisea que viven a diario en el cruce fronterizo hacia el país vecino. La situación es tan grave que el propio interventor local salió a hablar sin filtros.
¿Qué pasa en el Puesto 28?
El Puesto N°28, ubicado en la localidad de Aguas Blancas, departamento de Orán, se transformó en una verdadera tierra de nadie. Miles de personas y vehículos intentan cruzar a Bolivia todos los días, pero el flujo masivo generó un colapso total: filas que no terminan, demoras eternas y un desorden absoluto.
Lo que parecía un simple problema de tránsito escaló a algo mucho más serio. En medio de las aglomeraciones y la falta de controles estrictos, los vecinos denuncian que son víctimas constantes de robos y hechos delictivos. Los oportunistas aprovechan el revuelo para actuar con total impunidad, dejando a la gente a merced de la inseguridad.
La furia de Adrián Zigarán
El interventor de Aguas Blancas, Adrián Zigarán, estalló a través de sus redes sociales. Cansado de la situación, compartió imágenes del caos y lanzó una advertencia que sacudió a toda la zona: “Este es el puesto 28. Esto pasa todos los días. Imaginen lo mismo pero dentro de la terminal de Aguas Blancas. Queremos resolver este caos... y no hay coronita para nadie”, escribió el funcionario.
El reclamo de Zigarán no es menor. Vuelve a poner sobre la mesa la urgente necesidad de replantear los operativos de control y seguridad en uno de los pasos fronterizos más transitados de la provincia. Mientras tanto, la paciencia de la gente ya llegó a su límite.
El malestar crece y las soluciones no aparecen. La frontera norte sigue siendo un dolor de cabeza para los salteños que solo quieren cruzar, comprar y volver tranquilos. Pero por ahora, el calvario continúa.