El drama del comedor de San Miguel: cada vez más gente pierde la esperanza de salir adelante
Cada mediodía, entre 80 y 120 personas llegan al comedor de la parroquia San Miguel en Paraná. El párroco Gustavo Horisberger revela una realidad que duele: muchos ya no buscan solo comida, sino que perdieron la esperanza de cambiar su vida. ¿Qué pasa cuando el plato de comida se convierte en el único horizonte?
Entre 80 y 120 personas acuden cada mediodía al comedor de la parroquia San Miguel, ubicado en Buenos Aires y Carlos Gardel, en Paraná. La mayoría son personas en situación de calle y, según el párroco Gustavo Horisberger, el 80% tiene consumos problemáticos. La demanda no para de crecer y la preocupación del sacerdote va más allá del plato de comida: muchos ya perdieron la capacidad de proyectar un futuro.
Una demanda que crece y preocupa
En diálogo con Entre Ríos Ahora, Horisberger confirmó que el número de asistentes aumentó de forma considerable. "Es preocupante porque, además de la cantidad de gente que no tiene el plato de comida, son personas que han perdido la esperanza de salir adelante, de buscar otra forma de vida", señaló.
El párroco explicó que el plato de comida ya no es visto como algo temporal, sino que muchos lo incorporaron a su rutina diaria. "Ya han perdido esa capacidad de pensar en algún plan o algún proyecto para sus vidas, y eso me preocupa porque, además, son muchos jóvenes los que vienen", agregó.
La asistencia se queda en el primer nivel
Horisberger reconoció que el comedor se mantiene en una etapa de asistencia básica, sin poder avanzar hacia la promoción humana que impulsa Cáritas. "Estamos en el primer nivel de asistencia, que lamentablemente no nos permite todavía pasar a un segundo nivel, donde les ofrezcamos, además de un plato de comida, la posibilidad de prepararse para algún trabajo", explicó.
El sacerdote también mencionó las dificultades del contexto: "Las cosas, en general, no están bien para muchas personas, y no solamente para ellos. Tampoco hay demasiadas posibilidades en el ámbito privado de generar trabajo".
Cómo se sostiene el comedor
A pesar de las dificultades, el comedor nunca dejó de dar de comer. "Gracias a Dios, nunca hemos dejado de dar de comer", afirmó Horisberger. En ocasiones, pueden sumar un postre o una fruta, pero lo habitual es un plato de comida. La ayuda de Cáritas llega de forma intermitente, cuando hay planes de financiamiento para comedores, aunque también reciben donaciones de particulares.
El párroco no ocultó su dolor ante la situación: "Me pone contento poder brindar un plato de comida, pero al mismo tiempo me produce dolor tener que hacer una cosa que, en definitiva, no termina de saciar a la persona de humanidad. Se van contentos, pero uno piensa: pucha, no puedo hacer más que darle un plato de comida".
Consumos problemáticos y salud mental: una deuda pendiente
Otro de los grandes desafíos es el acompañamiento a personas con consumos problemáticos o problemas de salud mental. Según el cura, el 80% de los asistentes al comedor atraviesa estas situaciones, pero no cuentan con los recursos para abordarlas. "Estas cosas nos terminan desbordando", admitió.
Además, señaló que "hay leyes que impiden el abordaje" y que el Estado "tiene las manos atadas para actuar, porque no pueden intervenir demasiado ni suficiente siquiera para poder encausarlos a un tratamiento". En Paraná, los espacios de recuperación son escasos: "No tenemos más que el Hogar de Cristo y la Casa Lázaro, y alguna otra organización".
Números que duelen
El comedor asiste como mínimo a 80 personas por día, aunque el pico llega a 120. "No sé cómo hacemos pero llegamos a asistir a todos. La gente que viene a mediodía seguro encuentra un plato de comida", aseguró Horisberger.
El costo de cada plato ronda entre los 5.000 y 7.500 pesos por persona. Si se toma el valor mínimo, el gasto diario asciende a unos 400.000 pesos, y el comedor abre 23 días al mes.