El drama del ajo sanjuanino: de 2.000 a 700 hectáreas y un futuro incierto
¿Qué pasó con el ajo sanjuanino? La superficie cultivada se redujo drásticamente y los productores enfrentan un futuro incierto. Conocé los motivos y los desafíos que se vienen.
El ajo, que alguna vez fue un cultivo insignia de San Juan, enfrenta una crisis silenciosa. En apenas una década, la superficie cultivada se derrumbó de 2.000 a 700 hectáreas, y los productores luchan contra costos crecientes y un clima cada vez más impredecible.
Juan Ruiz, referente de la Cámara de Ajeros, reveló en el programa "Valor Agregado" de Canal 13 San Juan que la recuperación no será rápida. El principal escollo: la semilla, que no solo es cara sino que tiene un límite biológico difícil de sortear.
¿Por qué cuesta tanto volver a crecer?
La semilla del ajo sale de la propia cabeza del vegetal. De cada una se obtienen unos diez dientes, pero no todos son aptos para replantar. Así, aunque los precios acompañen, el aumento de la producción tiene un techo natural que no se puede forzar.
Ruiz explicó que el costo de la semilla es un factor determinante y que, incluso en años de buenos precios, la expansión del área cultivada es un proceso lento y costoso.
El calendario y el clima: una combinación de riesgo
El ajo no perdona demoras. La siembra se concentra en marzo, y pasada la fecha límite del 15 de abril, los riesgos se multiplican. La cosecha, por su parte, arranca alrededor del 20 de octubre y se extiende hasta mediados de noviembre.
La sequía de los últimos años dejó su huella, y ahora los productores miran con lupa el pronóstico. Ruiz no descarta que el fenómeno de El Niño complique aún más la próxima campaña.
Tecnología: la apuesta para no perder calidad
San Juan le juega a la innovación. Se estima que el 70% del proceso productivo ya está tecnificado, una inversión que busca mejorar la calidad del producto final. "Para calidad tenés que invertir", sentenció Ruiz.
La cosecha también se modernizó: nuevas máquinas reducen el trabajo manual, aunque todavía hay tareas que se hacen a mano. El problema es que estas cosechadoras son importadas y muy costosas, y por ahora no se comparten entre productores.
¿Dónde se cultiva y qué variedades dominan?
Rawson y Pocito lideran la producción, pero también hay plantaciones en Caucete, 25 de Mayo, Angaco, Calingasta y Ullum. Ya no existe un polo único; la actividad se reparte por toda la provincia.
Las variedades más elegidas son los chinos morados, los chinos blancos y los blancos perla, cada uno con sus particularidades.
El cuello de botella: infraestructura y exportación
Uno de los puntos más débiles es la infraestructura. San Juan solo cuenta con tres galpones para procesar y almacenar, una cifra que el sector considera insuficiente.
Pero hay un problema aún más grave: gran parte del ajo sanjuanino se exporta desde Mendoza, donde se vende como ajo mendocino. Esto hace que el verdadero aporte de la provincia a las exportaciones quede invisible.
Mendoza exporta cerca del 70% de su producción a Brasil, mientras que San Juan apenas tiene presencia en ese mercado. Buenos Aires, Córdoba y Salta son los principales destinos internos.
¿Qué le espera al ajo sanjuanino?
El desafío es enorme: recuperar las hectáreas perdidas sin sacrificar la calidad. Para lograrlo, habrá que resolver varios frentes: el costo de la semilla, el clima, la maquinaria, la infraestructura y los canales de comercialización.
A pesar de todo, hay motivos para la esperanza. La tecnología, la experiencia acumulada y las nuevas inversiones podrían ser la llave para que el ajo vuelva a brillar en el mapa productivo de San Juan.