El drama de la escuela de 103 años que funciona en un salón prestado: la promesa que ilusiona a un paraje

¿Qué pasa cuando una escuela centenaria queda reducida a cuatro alumnos y un aula prestada? La comunidad de Tres Chorros espera una obra que promete devolverles algo más que un edificio.

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El drama de la escuela de 103 años que funciona en un salón prestado: la promesa que ilusiona a un paraje
El drama de la escuela de 103 años que funciona en un salón prestado: la promesa que ilusiona a un paraje

En el norte neuquino, a unos 30 kilómetros de cualquier centro urbano, la escuela primaria 71 del paraje Tres Chorros, en el ejido de Taquimilán, resiste con apenas cuatro alumnos y un aula prestada. La comunidad de crianceros, que la vio nacer hace más de un siglo, pelea para que no la cierren y espera que una obra prometida le devuelva el edificio que hoy está clausurado por riesgo de derrumbe.

Adelina Rebolledo, abuela a cargo de una de las alumnas, contó a LM Neuquén que ya llevan dos años de lucha. “Son cuatro alumnos los que van acá. Lo que más pedimos es que se solucione el problema de la escuela porque no queremos que a los chicos los trasladen”, dijo la mujer, que vive en el paraje desde hace una década y se dedica a la cría de animales.

La escuela funciona desde hace dos años en la sede de la Asociación de Fomento Rural Tres Chorros - Rahueco, después de que el aula principal se fisurara y se encendiera la alarma por una posible caída. Las autoridades del Distrito V propusieron el cierre definitivo, pero la comunidad se negó.

“Un paraje olvidado”

Para Rebolledo, el reclamo por la educación es parte de un abandono más grande que sienten en la zona. “Este es un paraje que lo tienen olvidado. Pertenece a Taquimilán. De los diez años que estoy acá nunca se han acercado a verme, por ejemplo, los asistentes sociales”, aseguró.

Y agregó: “Somos crianceros. Yo desde 2019 pedí al municipio un baño porque mi pareja tuvo un accidente y hasta el día de hoy nunca se acercaron. Es tierra de nadie, es solamente para los que los votan”.

La mujer comparó el lugar donde hoy dan clases con el edificio propio: “La escuela es hermosa, está llena de árboles. Y en la AFR recién está empezando, no hay árboles, no hay nada”. Su deseo, como abuela, no es solo que su nieta vuelva a ese edificio, sino que lo hagan todos: “Los cuatro niños y todos los demás que quisieran ingresar”.

La obra que esperan

Pese a las dificultades, la escuela 71 mantiene su equipo docente completo: directora, maestra de grado y profesores de gimnasia, música y plástica, que siguen dando clases en el salón prestado.

La directora Claudia Fuentes confirmó que el proyecto de refacción ya está en marcha. “Se está haciendo todo lo que es refacción de los espacios que tenemos para reacondicionarlos y después se va a hacer todo lo que es la obra de luz y de gas nueva. La finalización va a ser para mediados de octubre más o menos. En esa fecha nos estaríamos mudando”, explicó.

La intervención no alcanzará a todo el edificio, cuyo arreglo integral sería mucho más costoso. Se hará en la parte de atrás, donde estaban el comedor y otra aula. Los vecinos aclararon que el proyecto salió por Mantenimiento Escolar, no por el municipio.

Más de un siglo de historia

La resistencia tiene raíces profundas. La escuela 71 fue fundada formalmente a principios de julio de 1922. En ese entonces, ante la falta de recursos del Estado Nacional, una vecina llamada Justa N. viuda de Quintero donó el único galpón que tenía para que comenzaran las clases.

Como en gran parte del norte neuquino, las primeras décadas fueron de ranchos adaptados, frío extremo y maestros que hacían patria. En 2016, la electrificación rural llegó al paraje y se inauguró simbólicamente con un acto en la escuela. En octubre de 2022, cuando apenas había tres alumnos, la comunidad y el Consejo Provincial de Educación festejaron el centenario.

Hoy son cuatro los estudiantes, pero hay expectativa de que la matrícula crezca si el edificio vuelve a abrir sus puertas. En la ruralidad, la escuela siempre fue más que un lugar de aprendizaje: fue el corazón comunitario, el punto de encuentro para el fomento rural y la salud. Perderla, dicen los vecinos, sería perder el faro que ilumina a Tres Chorros.

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